peña FTNo le están resultando tan fácil las nuevas maniobras al equipo compacto de Enrique Peña Nieto. Aunque, no hay que subestimar su grado de presión en los medios, la cantidad de aliados que tienen aún- entre los naturales y los que adquieren a precios altos- y la posibilidad de lograr algunos resultados para su idea de país.

Y es que como reflexionó Lorenzo Meyer el lunes 9 de marzo en el programa de Carmen Aristegui, estos jovenazos parecía que no tenían un proyecto de nación; resulta, empero, que es lo contrario, están decididos a entregar todo a la empresa privada como fórmula de salvación o sumisión. Y la prueba más reciente es la abortada Ley General de Aguas.

La misma tuvo que postergase, aunque su objetivo claro es que las compañías privadas manejen el líquido tanto para venderlo como utilizarlo en el tan criticado fracking, el cual incluso en Estados Unidos ha dejado de usarse en varias entidades, debido a su peligrosidad y exiguas ganancias. Pero aquí, sabemos, lo que en otro lado se prohíbe, la voracidad de gobernantes y empresarios lo posibilita.

No obstante la tontería que dijo Manlio Fabio Beltrones: “Sólo los lentos de aprendizaje ven intenciones privatizadoras” en la ley de aguas (La Jornada, 10 de marzo), la realidad es que se creó tal revuelo que en Los Pinos dijeron basta. E hicieron bien, ya que el asunto es prioritario y el rechazo sería mayúsculo.

El asunto es viejo en nuestro continente. En el año 1997, en Bolivia, el golpista Hugo Banzer haciéndole caso al FMI privatizó el líquido. Llegó a tal grado el exceso que incluso el agua de lluvia era imposible utilizarla sin remuneración. Hubo una revuelta y la gente no murió de sed. Luego, recuérdese, llegó Evo Morales. Así que cuidado. Por cierto, hay una documental acerca del asunto (La guerra del agua en Cochabamba).

En México se ha llevado a cabo este tipo de cuestiones con pésimos resultados: Querétaro y Puebla con Moreno Valle, entre otros. Y se pretende hacer en Nuevo León, con la construcción a cargo de la famosa Higa en el acueducto Monterrey VI. Entonces, Beltrones debe tener mesura, algo casi imposible porque antes nos regañó por criticar la segura diputación de Carmen Salinas y defendió a la artista y votante cautiva del PRI. Manlio se encuentra nervioso últimamente: ¿no hay chamba en su futuro?

Por cierto, el empresario petrolero, Jesús Reyes Heroles, ex director de Pemex, publicó un texto que dice: “¿Para cuándo?” la ley de aguas (El Universal, 10 de marzo). Dicho sujeto, se sabe, es asesor de Beltrones.

El grupo cerrado de Peña Nieto: Luis Videgaray, Miguel Osorio Chong, Aurelio Nuño y Humberto Castillejos no quiere a Manlio. Y ellos deciden. Tanto que hicieron a un lado a Murillo Karam, mandaron a David López a San Lázaro y dejaron en su lugar a Eduardo Sánchez y pretenden defenestrar a Emilio Chauyffet, entre otras movidas.

El cuarteto, por cierto, es el que impuso a Eduardo Medina Mora, en el Senado. No obstante que rebasó por poco la meta de 79 votos, obteniendo 83 debido a maniobras incluso entre la mal llamada izquierda (ver La Jornada del 11 de marzo). Aunque como alertó Salvador García Soto (El Universal, 10 de marzo) el costo será muy alto a pagar.

Uno de ellos es el distanciamiento con la sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales. No contaron para nada las 53 mil firmas que consiguieron Alejandro Madrazo Lajous (change.org) y Denise Dresser en contra de Medina en pocos días. Y otros analistas dicen que el PAN cobrará mediante gubernaturas este apoyo a Los Pinos.

Los chamacos, pues, están decididos a imponer su esquema, no importando lo que ocurra en un país cada vez más convulso.

Tanto así que mandaron a la guerra a los encargados del tema energético. Emilio Lozoya, Pedro Joaquín Coldwell y Enrique Ochoa salieron a decir que próximamente recibiremos 62 mil 500 millones de dólares de inversión y se crearán 212 mil empleos formales e informales. Claro, no especificaron que ello, si acaso, ocurrirá en los próximos cuatro años. Algo realmente insignificante en un asunto que estaba previsto como el motor que haría funcionar una maquinaria que crecería a más de 5 por ciento al año, la cual ya no servirá ni siquiera para la mitad de lo prometido.

Pero se trata de vender ilusiones y esperar que alguien las compre.

El cineasta Guillermo del Toro, de visita en su patria (México), dijo que el gobierno actual está yendo de un lado a otro: entre “la corrupción y el recorte” (Animal Político, 10 de marzo).

Dos noticias: entre México y Estados Unidos se lavan 29 mil millones de dólares al año, dice el subprocurador de Estados Unidos, Kennett Blanco. Y tanto León Krauze (El Universal, 9 de marzo) como Roy Campos (El País, 10 de marzo) coinciden que Peña Nieto es una carga más que un activo en las próximas elecciones para el PRI.

Descopetados, pues.