ibero-penaAl día siguiente del tremendo desencuentro que Enrique Peña Nieto sostuvo “el viernes negro” del 11 de mayo 2012 en la Universidad Iberoamericana, el periódico El Sol de México y sus 26 réplicas de la misma marca en 24 entidades, publicaron que fue “un éxito” la visita del candidato presidencial. Nada publicó de los gritos de “¡Fuera, fuera!” ni de “¡Asesino, asesino!” que decenas de jóvenes universitarios lanzaron contra el ex gobernador del Estado de México. Mucho menos narró la escena del zapato que le arrojaron al mexiquense.

Para El Sol de México, como para otros periódicos, pero también para Televisa y sus medios adyacentes lo sucedido en la Iberoamericana fue el resultado de “provocadores” e “infiltrados”, no de los estudiantes de la famosa universidad privada, dirigida por la Compañía de Jesús. Por esta versión maniquea, surgió el video #Soy131 donde el mismo número de estudiantes acreditaron su pertenencia a la institución. Y los jóvenes que se sumaron al apoyo de esta protesta se aglutinaron en el #YoSoy132. Su demanda central, la democratización de los medios, quedó como una promesa incumplida.

Esta actitud obsequiosa con el poderoso en turno en momentos críticos, en especial, con los políticos del PRI, le generó altos réditos y ganancias a Mario Vázquez Raña, un empresario que se dedicó a la mueblería y a la gestión deportiva en el Comité Olímpico Mexicano, antes de dar el gran salto durante el gobierno de Luis Echeverría Álvarez, de quien siempre se sospechó que era prestanombres.

Con el apoyo del echeverrismo, Vázquez Raña se apropió de la cadena de periódicos del coronel García Balseca. En 1976 –el mismo año del “golpe” a Excélsior dirigido por Julio Scherer García- Vázquez Raña fundó la Organización Editorial Mexicana (OEM) que llegó a conjuntar 70 periódicos en todas las entidades y con un tiraje de más de 2 millones d ejemplares, en especial, el periódico La Prensa. Sus lectores consentidos fueron los gobernadores y políticos acostumbrados a pagar la gacetilla, es decir, notas pagadas para halagarlos. Y El Sol de México se volvió el boletín oficial de los gobernantes en turno a nivel estatal y federal.

De su dominio en los periódicos, Vázquez Raña pasó a ser propietario de 24 estaciones radiodifusoras, incluyendo la cadena ABC Radio en el Distrito Federal y hasta un canal de televisión local, el 12 de Durango. Escasas sus audiencias, pero generosa la publicidad oficial a su favor.

La aventura internacional de Vázquez Raña, como la de Emilio Azcárraga, El Tigre, fue un fracaso. Se apropió de la United Press International (UPI) en 1986, la segunda agencia informativa más importante de Estados Unidos. Muchos periodistas renunciaron antes que quedar bajo el mando de un empresario reconocido por su escaso compromiso con la libertad de expresión. En 1988, Vázquez Raña vendió UPI a WNW Group Inc. En esos mismos años, el dueño de Televisa quiso armar su fallida agencia televisiva internacional Eco.

En 2001, Vázquez Raña adquirió Cartones Ponderosa y Productora Nacional de Papel, empresa radicada en Querétaro. De esta manera, la privatización de la industria del papel quedó en manos de un empresario cercano siempre a la línea gubernamental. Controlar la producción de papel le dio una mayor fortaleza al empresario de origen poblano.

Durante la docena panista, ascendió como potentado de medios de comunicación su hermano Olegario Vázquez Raña, con quien mantuvo una clara distancia. Olegario repitió la ruta de su hermano Mario: adquirió el periódico Excélsior, compró Grupo Imagen, compró la concesión de canal 28 (ahora Cadena 3), y es el más firme postor para ganar la licitación de al menos una de las dos cadenas de televisión licitadas por el gobierno de Peña.

Olegario logrará lo que Mario siempre aspiró: ser concesionario de televisión abierta. Sólo eso le faltó al potentado de los periódicos oficialistas para transformarse en un intocable Ciudadano Kane. Antes de fallecer como consecuencia del cáncer que lo aquejó varios años, Mario Vázquez Raña y sus 5 hijos herederos se desistieron de participar en la licitación de las dos cadenas de televisión, dejándole el terreno libre a Olegario Vázquez Raña y a su hijo Olegario Vázquez Aldir.

Con Vázquez Raña muere también una generación de empresarios mediáticos provenientes del echeverrismo que sobrevivió a través de los sexenios. Fue un fiel escudero de Salinas, de Zedillo y del retorno del PRI a la presidencia de la República a través de Enrique Peña Nieto.

Su mejor legado no fue la información sino el control de la misma para favorecer al gobernante.