MAYTE 1Por Gloria Serrano Solleiro

“Para mi cultura tiene que ver con todo. Desde donde yo lo defiendo, son todos estos procesos que en una ciudad o en una comunidad se generan por el habitante. Pero además por el habitante pasado, el habitante presente y los habitantes futuros. Todo lo que el ser humano produce y tiene que ver con los artistas y su vinculación con el ciudadano, lo que además va generando la construcción de mejores ciudades. Son los elementos que te permiten saber quién eres y dónde estás parado, que nos van diferenciando desde lo regional y desde lo local. El ser humano es un ser cultural”.

Así comienza la plática con Mayté Cordeiro, Maestra en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la UAM-Iztapalapa y la OEI, una mujer apasionada de la cultura que cuenta con más de 14 años de experiencia en la elaboración e implementación de políticas públicas culturales. Una gestora cultural que ha hecho de su quehacer profesional una vocación irrevocable y libertaria, a través de la que propone innovadoras estrategias para el desarrollo social y las industrias culturales.

La también Directora General de la Conferencia Nacional de Instituciones Municipales de Cultura (CONAIMUC), habla de prisa, sonriente y con desparpajo, pero además con la seguridad de quien ha recorrido prácticamente todo el territorio nacional impartiendo laboratorios intersectoriales de economías creativas, en los que recibe retroalimentación constante del collage de voces que ahora la hacen tener una mirada integral y comparada de la evolución de las políticas culturales en nuestro país, así como de los desafíos que enfrentan. Su trabajo en talleres especializados para los ayuntamientos, la asesoría que brinda sobre asuntos que van desde cómo fondear esa “gran idea” hasta su implementación, y el coadyuvar en la planificación de actividades que logren un impacto en comunidades específicas, son algunas de las exitosas iniciativas que con sobrado entusiasmo ella, y el equipo de la CONAIMUC, promueven en todo el país conscientes de la demanda que existe de profesionales eficientes y de calidad en el ámbito cultural.

“El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”, sentenció el Quijote. En el caso de Mayté no podría ser de otra forma. Curiosa de la vida, ella sabe muchas cosas; por ejemplo, sabe que para un artista el crear es tan vital como respirar; sabe que la dimensión social del arte no se reduce a un bodegón; sabe que en México residen muchos Méxicos y que es un país tan rico y diverso, que prácticamente vomita cultura; sabe que el arte está para sorprender, para cuestionar y que en esencia es expresión viva de todos los procesos que coexisten en una comunidad; sabe que la cultura no es un concepto fijo, pero sí un factor del desarrollo y, sobre todo, sabe y dice que la cultura es sexy, es atractiva y es divertida. Así mismo fue nuestra charla.

Enfática y sin rodeos, Mayté responde la pregunta de si hoy en día es posible vivir de la cultura:

MAYTE 2“Pues yo vivo de la cultura, de eso cobro. Los grandes artistas también lo hacen. El tema es que no todos los que se dedican al ámbito cultural quieren realmente vivir de ello. Lo he dicho siempre, el arte por el arte es tan válido como el arte para vivir. Si quieren seguir viviendo de las becas, de lo que les va cayendo, está perfecto, pero el que quiere asumirse como empresario tiene que entrarle a la formalidad. Es así, no hay de otra, son las reglas del juego y tú decides si juegas o no. Y claro que se puede vivir del arte, pero debes saber quién es tu público, cómo llegar, asumirte como un empresario cultural o artístico. Desgraciadamente esto no te lo enseñan en la formación universitaria de las áreas involucradas con cultura, lo tienes que aprender por fuera”.

Mayté conoce, siente, huele, vive, devela en sus palabras la cultura que subyace detrás de la mercadotecnia o la administración, por eso no duda al decir que “es derecho de todos, el ejercer libremente tu cultura, tu identidad, disfrutar de tu patrimonio, ver exposiciones, ir a conciertos. Pero la cultura cuesta y también tiene que ver con economía le guste a quien le guste, porque generas empleos, contratas servicios y todo está relacionado con el proceso cultural”. Sin embargo, antes de adentrarnos más en este tema, le pido nos hable de otra cuestión, no de menor importancia, me refiero al concepto de productos culturales y cuál ha sido su transformación. ¿Coincides con la visión más clásica que reduce la cultura al entorno de las bellas artes? – le pregunto:

“Para empezar yo no creo que haya bellas artes y feas artes, ese concepto decimonónico ya pasó, fue del siglo diecinueve y no existe más. Desde mi punto de vista, más bien podríamos hablar de las artes tradicionales o conservadoras y todas las artes de vanguardia. No sé si deba de cambiar en el sentido de forzar que en una comunidad entren otras disciplinas o corrientes artísticas si el contexto cultural no lo requiere. Ahora que, si los jóvenes están demandando nuevas expresiones artísticas, pues claro que eso se debe atender. Al final el arte es el reflejo de lo que está sucediendo en el mundo y las nuevas generaciones tienen derecho a dejar su huella, su estar y su ser. Tienen todo el derecho a reinterpretar, resignificar su entorno y apropiarse de él. Y esto no tiene porqué ser de acuerdo con las reglas del pasado; no puedes suspender el tiempo ni mucho menos mantener intactos los procesos culturales, es imposible”.

Otro de los campos de acción que Mayté tiene es como especialista en Paralelo 9X, el único proyecto en México (2013-2014), apoyado por el Fondo Internacional de la Diversidad Cultural de UNESCO, creado con el objetivo de fortalecer el desarrollo de las industrias culturales y creativas del país a través de la realización de diversos foros productivos de capacitación. Paralelo 9X es el resultado de la visión de un grupo de expertos en diversas áreas que han asumido el desafío de contribuir a que la cultura se convierta verdaderamente en ese cuarto pilar del desarrollo sostenible que promueve la Asociación Mundial de Ciudades y Gobierno Locales Unidos (CGLU) a través de la Agenda 21, el documento con 67 artículos, el primero en su tipo a nivel mundial en entender la cultura como posibilitadora del desarrollo de los pueblos mediante su vinculación con las políticas públicas locales, los derechos humanos, la gobernanza, el diálogo intercultural, la democracia participativa y la paz.

Mayté, una profesional a la que le encanta desmitificar la cultura, habla ahora del lugar en que se encuentra situado México con relación a los objetivos propuestos en la Agenda 21:

MAYTE 3“Para empezar en México no hay política cultural y que me disculpe quien sea. Cuando tú haces política cultural tienes muy claras las reglas del juego. En México no hay un programa nacional de cultura, hay cinco ejes ahí como rectores. Tenemos un Consejo Nacional que depende de la Secretaría de Educación Pública; es decir, que no es una secretaría o un ministerio de Estado. A nivel Latinoamérica, si mal no recuerdo, el Salvador, Honduras y México somos los únicos países que tenemos consejos. Todos los demás ya tienen ministerios o secretarías de cultura. Hace unos diez o quince años México era vanguardia en temas culturales, pero ahora está rezagadísimo. Seguimos teniendo estos sistemas súper burocráticos que evitan que los fondos fluyan… No hay una política de estado cultural, no la hay”.

Y en cuanto a la participación ciudadana – le pregunto. “Hay grupos organizados, hay estados de la República donde sí que la cultura es tomada como un eje importante o prioritario de acción”.

– ¿Es el caso del Distrito Federal?

“Bueno, el Distrito Federal es punto y aparte. Es una cosa híper ultra mega vanguardista. Sería absurdo que no pasara lo que está pasando, sigue siendo concentrador de todo; es una de las ciudades más grandes del mundo, con una infraestructura bestial, con todos los recursos. Todas las secretarías federales están ahí, menos el INEGI que está en Aguascalientes. Pero en general, son muy pocas las ciudades y los gobiernos que toman la cultura como un eje. Digo un eje porque no es el único; la cultura no es la respuesta, sino una de las muchas respuestas a los problemas que vivimos en el país. Las realidades de México son tan diversas como el número de ciudades que lo conforman; esto es algo que para la planeación de las políticas públicas no se ha entendido. Los asentamientos humanos son todos distintos, su organización es diferente y las necesidades se transforman de un lugar a otro. Por ello debes tener muy claro qué estrategias generar a partir de la diversidad. Por ejemplo, si vas a elaborar un programa nacional de fomento a la lectura, también tienes que diseñar una estrategia diferenciada que considere la diversidad cultural. Pero no, los programas se aplican como si fueran plantillas y por eso revientan, porque no en todas partes funcionan igual”.

Mayté responde con espontaneidad, pues la cultura es el terreno caleidoscópico por el que camina a diario. Por eso salta de una cosa a otra, entrelazando ideas y utilizando sin reparos el sentido del humor que la caracteriza:

“Hablar de políticas públicas involucra a todo el mundo. Se necesitan cuatro pilares fundamentales: El político o del gobernante, el ciudadano, las organizaciones civiles o empresariales y la academia. Por eso mismo digo que en México no tenemos una política pública cultural. Primero habría que entender que nosotros pagamos el sueldo de los políticos, no son nuestros jefes, es al revés. Pero también si el ciudadano no investiga, no lee y no propone… No es cuestión de decirle al gobernante resuelve mi problema, sino de que tú, como ciudadano y de manera corresponsable con tu gobierno, propongas soluciones responsables a los problemas. ¿Barres tu calle?, ¿te pones de acuerdo con tus vecinos?, ¿cuidas el transporte público?, ¿qué haces como ciudadano desde el otro lado? Y con la cultura es exactamente lo mismo. ¿Qué están haciendo las empresas?, ¿organizan jornadas culturales para sus trabajadores?, ¿exigen al gobierno que les proporcionen programas? No lo hacen, ¿entonces?, ¿para qué nos quejamos?”

Mayté explica además que, en ciertos casos, la percepción que se tiene de la cultura como un perímetro bien delimitado y ajeno a otros campos del quehacer humano se debe a lo intangible de su repercusión, que se ve reflejada en aspectos como bienestar, expresividad, derechos humanos y el ser capaz de entender de otra forma los entornos en los que vivimos. Pero insiste: “está comprobadísimo que si la gente consume cultura, que si está inmersa en el proceso cultural, que si lee libros o compra un disco que no sea de música comercial sino que tenga un poco más de carga simbólica, su relación con el mundo y cómo lo percibe cambia”.

Para ello, ¿habría que comunicar distinto la cultura?, ¿qué sucede con la creación de públicos? A este intercambio de preguntas y respuestas, Mayté responde en seco y sin titubeos:

“Tiene que ser. La cultura no es aburrida y no es para los snobs que manejan lenguajes elevadísimos. Pero hay que traducir el lenguaje artístico y ese es el papel del gestor cultural, estar traduciendo todo el tiempo el mundo del artista al mundo del ciudadano, porque el ciudadano no tiene la obligación de ser un experto. El ciudadano para la cultura no crece en macetas, se forma. Este es un tema de equidad, de igualdad y de justicia. Por eso, en particular desde la función pública, se deben igualar las oportunidades. La cultura es de todos y si se quiere que más gente asista a una sala de conciertos, hay que dejar de entregar programas en los que solo el músico entiende un carajo lo que se está presentando. El trabajo de comunicación lo tiene que hacer alguien que ame la música y que enamore a otros ciudadanos para que vayan al concierto. Los medios de comunicación también lo deben entender. La cultura es lo que produce el ser humano, es sexy, es atractiva y es divertida. Claro que no todos los temas son de risa, pero ¿cómo quieren que la gente invierta su tiempo libre en ir a un museo, si es aburridísimo y tedioso? No toda la gente es crítico de arte y no todos tienen porqué entender los tecnicismos. Yo con frecuencia sugiero a los directores de museos que quiten las malditas fichas técnicas que no sirven de nada. ¿Qué coño es una técnica mixta?, ¿ofrecen una hoja de sala que hable de eso?, ¿qué explique la diferencia entre un grabado y una litografía?, ¿acaso todo el mundo tiene que saberlo? Y luego los maestros que nos hacen el favor de pedirles a los niños que copien esas fichas técnicas…”

Cultura es la fiesta de lo colectivo. No cabe la menor duda que a Mayté le gusta ser la organizadora de esta fiesta porque disfruta de la diversidad y comprende que no se puede cortar a todos los públicos con la misma tijera o, dicho de otra forma, que parte esencial del trabajo de un gestor cultural es aprender a hilar más fino. Precisamente a ello va encaminada la capacitación que ofrece a funcionarios públicos de nivel municipal, con miras a impactar de manera positiva en sus comunidades en alianza con los artistas locales y en complicidad con los ciudadanos. Tarea no siempre sencilla pero que para Mayté, constituye su voto de confianza en la cultura como un elemento fundamental para edificar mejores ciudades y sociedades más humanas. Confianza que, como ella misma lo expresa, no se sustenta en idealismos sino en realidades:

“Casos de éxito en cultura hay todo el tiempo, en todas las ciudades y en todos los niveles. Es la magia que reside en el acto creativo. La cultura se da, el ser humano no puede dejar de producir cultura porque es inherente a su naturaleza. El problema no es que se estén haciendo mal las cosas. De lo que hemos estado hablando es de políticas públicas y como te digo, no las hay. Pero, ¿casos de éxito? Están los artesanos, las producciones contemporáneas que se realizan en Tijuana o Ciudad Juárez, toda la producción audiovisual en Guadalajara, el trabajo de animación en Guanajuato. Está el tema de diseño de modas, esos diseños tradicionales que se están retomando y convirtiendo en prendas contemporáneas… Vamos, hay ochenta mil casos de éxito. Lo que nos falta es entender que la cultura sí puede ser un factor de desarrollo”.

Esta voz tan humana que se emociona al escucharse a sí misma, nos recuerda que, a diferencia del petróleo y otros tantos recursos que son finitos, la cultura es inagotable, porque su fuente de riqueza es el constante proceso de re-creación del ser humano. De ahí que, echar mano de ella para potenciar el desarrollo de nuestro país en distintas áreas no lo piense como cosa de locos. Y si a esto agregamos la cualidad de la cultura como agente revitalizador del tejido social, el rango de acción se expande a todo lo largo y ancho de la vida en sociedad, tal como Mayté comenta:

“Todas las ciudades tienen un grupo de creadores, ¿por qué no los ponen a trabajar en la solución de problemas? No lo entiendo todavía. Ellos son los primeros que podrían proponer respuestas a los problemas de la ciudad. La gente necesita de sus artistas y creadores para resolver, por ejemplo, el tema de las violencias; lo digo así porque son muchas las violencias que se sufren en las comunidades. De hecho, no hay comunidades violentas sino violentadas”.

Mayté tiene una vis creativa que utiliza con la misma pericia que un mago su chistera. La diferencia radica en que ella se vale del aprendizaje asimilado y no de trucos para promover una forma distinta de mirar la cultura. Aprendizaje que además le ha dejado otra gran lección: la importancia de dar continuidad a los programas culturales. Por ello es machacona al decir que en cultura no se puede hacer borrón y cuenta nueva con cada cambio de administración. Evaluar la pertinencia de un programa con base en los resultados obtenidos y no en el juego político o electoral, es uno más de los retos de las políticas públicas en nuestro país. Sin embargo, quizá la gran batalla de la gestión cultural sea contagiar a la gente, lograr que cada ciudadano se apropie de la miríada de manifestaciones culturales y haga ese ejercicio profundo de identidad al que se refería Cortázar y, que para Mayté, también implica amar lo que uno es y atreverse a experimentar:

“¿Por qué no leer un libro? Digo, no empiecen con la Iliada y la Odisea, hay libros para todos los gustos y de todo tipo de temáticas. Si les gusta el tema de lo erótico hay muy buena literatura, escrita por excelentes novelistas”.

Gabriel Celaya, definió su poesía comprometida como herramienta a la vez que latido unánime y ciego / arma cargada de futuro expansivo con que te apunto al pecho. El tiempo corre y la conversación está por concluir, pero no sin que Mayté lance una última flecha que en su punta lleva futuro y nos recuerda que “no todos tenemos que ser artistas, pero sí todos podemos disfrutar de los procesos artísticos y eso nos enriquece mucho, despresuriza. Atrévanse, no les va a pasar nada por ir a una obra de teatro o a un concierto”.

En efecto, la cultura no es un tabique imposible de llevar en hombros. Tomando de nuevo prestadas las palabras del poeta español de la posguerra, bien podríamos decir que la cultura es “algo como el aire que todos respiramos y el canto que espacia cuanto dentro llevamos. Son palabras que todos repetimos / lo más necesario: lo que no tiene nombre / gritos en el cielo, y en la tierra actos”.