pena-nietoAl peñismo le incomoda ahora Ayotzinapa. No pasó ni una semana de que el primer mandatario se sumó de manera oportunista al lema “Todos Somos Ayotzinapa”, cuando ya estaba afirmando en Guerrero que era el momento de “superar” la tragedia cuyo expediente quiere cerrar en las catacumbas del poder.

El discurso de Peña Nieto no fue equívoco. Frente a un gobernador impuesto, una clase empresarial dócil y una ola de burócratas que esperaban el maná de los miles de millones de presupuesto del Plan Nuevo Guerrero, el ocupante de Los Pinos arengó:

“Quiero convocarles para que con su capacidad, con su compromiso, con su estado, con su comunidad, con sus propios familiares, hagamos realmente un esfuerzo colectivo para que vayamos hacia adelante y podamos realmente superar este momento de dolor”.

¿Hagamos? ¿Qué ha hecho Peña Nieto para solucionar la tragedia viva de los 43 normalistas desparecidos? Se comprometió con los familiares en una serie de medidas que ha incumplido. Bloqueó toda posibilidad de una investigación externa y más creíble que la de la PGR. Minimizó esta tragedia de dimensiones internacionales a un asunto municipal y a un caso solamente de la ingente corrupción de Los Chuchos y sus redes en el PRD. Evadió cualquier responsabilidad de las fuerzas militares acantonadas en Iguala. Tardó diez días en aparecer públicamente mencionando el caso.

¿Superar este momento de dolor? ¿Cuál es el dolor de Peña Nieto? ¿Le duelen los cientos de muertos que han aparecido en las narcofosas de Guerrero o le duele que su campaña mediática del Mexican Moment se haya ido al caño? ¿Le duele la impunidad y la narcocorrupción o forma parte de ella? ¿Se suma al dolor y al clamor de las marchas que han proliferado por todo el país o desearía simplemente que se acabaran a golpe de macanazos?

Peña Nieto pronunció su peor discurso (y vaya que hay otros que compiten) en sus escasos dos años de presidente. Ridícula alusión a las recetas de los libros de superación personal como si la desaparición de 43 normalistas formara parte de un suceso natural y no de uno de los peores episodios en la historia reciente del país.

¿Cómo se “supera” la ejecución extrajudicial, la desaparición forzada, la intimidación, el racismo, la corrupción rampante que encubre el caso Ayotzinapa?

¿Cómo se supera la imagen de un joven de 22 años desollado en plena carretera de Iguala? ¿Cómo se supera el relato del holocausto a la mexicana que nos recetó en cadena nacional el inepto procurador Jesús Murillo Karam?

¿Cómo se supera la incapacidad de Peña Nieto para replantear esta guerra criminal contra el narcopoder que está enquistado en la misma residencia oficial de Los Pinos?

Con ese discurso, Peña Nieto le prendió fuego a una hoguera que no apaga. Este sábado 6 de diciembre se espera una de las movilizaciones más grandes de los últimos meses en la Ciudad de México.

¿Tendrá la valentía Peña Nieto para decirle a los miles de jóvenes que le cantan “que lo vengan a ver/ que lo vengan a ver….” Que es hora de “superar” el episodio más nefasto del retorno del PRI a la presidencia de la República?