PobrezaPor Miguel Alejandro Rivera

Hay dos historias, dos historias en las pantallas. Son muy actuales y si eliminamos algunos elementos básicos de ellas, pareciera estamos hablando de lo mismo; sin embargo, el efecto que causan en la audiencia, dista mucho en una y en la otra, pese a sus similitudes.

La primera habla sobre una sociedad que vive en la miseria: pobreza, hambre y carencias rodean esa nación. Aunque han sido divididos en 12 distritos, son gobernados por un “presidente” con actitudes de dictador, quien ejerce su mandato desde su cómoda y lujosa mansión, seguramente con costes millonarios, que bien podrían servir para alimentar a muchos que mueren de hambre bajo su gobierno.

En esta nación hubo una rebelión hace más de siete décadas, y para mantener al pueblo apaciguado, año tras año se realiza un evento que llega a toda la sociedad a través de las pantallas, en el cual “tributos” de los 12 distritos elegidos al azar, se matan entre sí hasta que solamente uno queda vivo.

De entre los ganadores de este certamen surge una joven, que llena de esperanza libertaria a toda su nación; sin embargo, los levantamientos son contenidos con cuerpos de seguridad del gobierno, altamente equipados, quienes imparten el terror y la intimidación para evitar que la gente se siga rebelando.

La segunda historia habla sobre una sociedad que vive en la miseria; más de la mitad de sus pobladores, aproximadamente el 60% se hallan en la extrema pobreza, con hambre y sin educación. Aunque han sido divididos en 31 estados y un Distrito Federal, son gobernados por un presidente con actitud de dictador, quien ejerce su mandato desde su cómodo y costoso avión, su cómoda y costosa vida de político, que bien podría servir para alimentar a muchos que mueren de hambre en el país que gobierna.

En esta Nación hubo una rebelión hace poco más de cien años, y cuando ésta se hubo apaciguado, el partido que logró quedarse con el poder se alió con las cúpulas empresariales para mantener enajenada y maleducada a la sociedad mediante una pequeña pantalla, donde en su mayoría, se transmite basura; por ejemplo el Teletón.

Hace más de dos meses, 43 jóvenes desaparecieron y esto ha levantado las conciencias de muchas personas, quienes han salido a las calles a exigir justicia, y quienes además, se han indignado con la invitación del presidente para que “superemos esta etapa de dolor” sin tener ningún avance en la gestión de este problema, ni en la seguridad del país.

Las personas que han marchado como protesta a raíz de este problema, y de muchos otros que existen en el país, han sido reprimidas e intimidadas con el monopolio legitimo de la fuerza del cual goza el Estado, que envía cuerpos de seguridad equipados para las refriegas, así como infiltrados que violentan las manifestaciones pacíficas de la ciudadanía.

La primera historia se exhibe en los cines y ha tenido amplio éxito; la segunda se exhibe en las calles de nuestro país y en las pantallas de la televisión mexicana, mediante los noticieros de las grandes empresas de “comunicación”, generalmente tendenciosos y a favor del Estado. La cuestión es que la ficción le está quedando corta a la realidad que el pueblo de México está padeciendo día con día.

Una diferencia sustancial en estas historias se encuentra en las percepciones. Muchas personas salen conmovidas de los cines, por el espíritu revolucionario de la protagonista, pero se asquean con las marchas y manifestaciones que ven en los noticieros. Cuando logremos entender que las ficciones son más reales de lo que aparentan, veremos las historias y pantallas de maneras muy distintas.