Flores por las víctimas de Iguala ante el balcón presidencial. Foto: Yazmín Ortega Cortés, La Jornada

Flores por las víctimas de Iguala ante el balcón presidencial. Foto: Yazmín Ortega Cortés, La Jornada

Por Miguel Alejandro Rivera

Aunque desgraciadamente los 43 normalistas de Ayotzinapa, secuestrados el pasado 26 de septiembre en Iguala, Guerrero, aún no aparecen, afortunadamente el tema sigue vigente y no pasa al olvido de la opinión pública. Por ello, sigue dando de qué hablar… y en varios niveles.

Por ejemplo, en el Teletón 2014, inaugurado por Eugenio Derbez, el también interprete de Ludovico P. Luche, se dijo indignado por la corrupción en México, la “casa blanca”, el caso Ayotzinapa y en general la situación del país; sin embargo pidió a la audiencia no vincular al evento de Televisa con estas cuestiones gubernamentales.

Lo mismo hizo Carlos Loret de Mola, quien decidió ir más lejos y atacar a la misma Organización de las Naciones Unidas, estructura que hace unos meses arremetió contra el Teletón, afirmando que exhibía de manera inadecuada a los menores con discapacidad, además de realizar una acción que corresponde al gobierno, no a una televisora.
“Cóbrensela a Peña Nieto, a Angélica Rivera, a Televisa si quieren, pero y los niños ¿Qué tienen que ver los niños en esto?” dijo el presentador de noticias matutinas casi al cierre del evento.

Para muchos estas declaraciones fueron el rompimiento entre la televisora y la presidencia, para otros una estrategia en pos de que la gente no dejara de donar; sea cual sea la situación, claramente es un cambio importante en el discurso. No es un secreto que Peña Nieto fue favorecido ampliamente por Televisa para llegar Los Pinos. Incluso, y pese a los ataques sufridos en el Teletón, el mandatario aseguró que la empresa de Azcárraga “es un orgullo para México”.

¿Será que, como buena empresa privada, hacen lo que sea para obtener dinero, incluso golpear al presidente que ellos colocaron en la Silla? ¿Será que la televisora ha sobrepasado el poder del propio Ejecutivo? ¿Será que al decir que Televisa es “un orgullo para México” Peña anuncia un caballo de Troya con su venganza? No podemos olvidar que en las cúpulas del poder en nuestro país se tejen increíbles simulaciones para mantener a la sociedad engañada y esto puede ser otro simple acto en la obra de la “realidad” mexicana.

De cualquier manera, real o simulado, este es un pleito entre cúpulas desatado por la cuestión de Ayotzinapa, un simple detonante para el desmoronamiento de un sistema que ya no se soporta a sí mismo, por su propia naturaleza de corrupción y lucha de intereses entre la clase política y la clase empresarial.

Por otra parte, y como si el gobierno no tuviera ya demasiada desaprobación social, el secretario de Marina, Vidal Soberón Sanz dijo que los padres de los normalistas están siendo manipulados por grupos que tienen intereses políticos.

He ahí nuevamente la lejanía que tienen las cúpulas con la sociedad mexicana ¿De verdad los funcionarios no dan crédito a que 43 familias no descansen hasta saber que ha pasado con sus hijos? Esa es tan solo una muestra de los índices de sensibilidad en lo que anda la clase política, para quienes entendemos, por sus declaraciones, perder a un familiar debe ser una situación que se supera en horas, o incluso unos cuantos minutos.

Más allá de todas estas declaraciones, que como apuntamos, develan la enorme crisis política que vive nuestro país, el semanario Proceso ha publicado esta semana nuevas versiones sobre lo ocurrido la noche del 26 de septiembre en Iguala, información que ahonda en la poca veracidad que ha tenido la versión oficial en torno a este asunto.

La importancia de recordar todas estas declaraciones y la información sobre los 43 normalistas, es que a favor o en contra, buenas o malas y de quien vengan, el tema sigue vivo y no se debe olvidar hasta que se resuelva. El olvido solo generaría otros tantos de “Ayotinapas”, como ya ha sucedido en la propia historia de nuestro país.