José Manuel Serrano.*

@manolosserrano

Diversidad FamiliarDespués de la instauración de la Comisión de la Familia y Desarrollo Humano del Senado mexicano el adjetivo “natural” es lo que está en juego y la “familia natural” es el meollo de lo que se expone tácitamente en el discurso pero se esconde en lo textual y se pretende confundir respecto a su origen. El Senador panista José María Martínez, pretendió esto con una columna publicada en El Universal, escudándose en la declaración universal de los derechos humanos de la ONU: “la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y el Estado”. ¿Por qué no ha logrado convencer a sus detractores? Porque la definición textual de “familia natural” proviene de la Declaración de Madrid pronunciada en el VI Congreso Mundial de las Familias, una propuesta radicalmente religiosa, practicante del credo católico y, por lo tanto, esencialmente dogmática: “la familia natural es la unión de un hombre y una mujer a través del matrimonio creada con el fin de compartir el amor y la alegría, engendrar niños, proveer su educación moral, construir una economía doméstica, ofrecer seguridad en tiempos de crisis y unir a las generaciones”. ¿Se parece más esta definición a la hecha por el Senador en su columna más reciente hecha en Milenio? Aparentemente, sí. Aunque el panista dice que retoma su definición de familia del pensamiento que a partir del “derecho natural” hizo el profesor emérito de derecho en la UNAM y fundador del PAN, Rafael Preciado Hernández.

El profesor Preciado Hernández, hablaba de la perpetuidad de la especie en su definición de la “familia natural”, como también lo hace la Declaración de Madrid ¿coincidencia ideológica? Digamos que las propuestas son comunes porque “comulgan” con el llamado derecho natural. Que dicho sea de paso, también es preocupación histórica y actual del Vaticano, cuyo pronunciamiento mediático reciente ha prometido una seria revisión respecto a su definición respecto al matrimonio homosexual. Ya lo veremos. Mientras tanto, no debiera de extrañarnos que diferentes grupos de derecha intenten presionar el rumbo de aquella discusión global desde su ámbito local. Y que además estos grupos se aprovechen del inicio del mundial o lo encendido de la “discusión” de las reformas estructurales en México, para lograr avanzar en sus propósitos históricos, que sí, son regresivos. Me explico:

Desde el ámbito “naturalista” y biológico, a diferencia de las definiciones lingúisticas, lo que caracteriza a “lo natural” es la variedad, la diversidad de formas de ser y hacer. El naturalista que fue más contundente en contravenir el predominante orden natural (aristotélico y Linneano) fue ¡por supuesto! Charles Darwin. De forma precisa ayudó a hacer notar que la característica principal de cualquier forma de vida es la variación aunque ésta no contribuya a la herencia. Incluso una propuesta reciente y seria, ha sugerido que la tendencia de la vida a variar incluso a un grado extremo y complejo, podría considerarse una “Ley cero” de la vida, equivalente a la Ley (newtoniana) cero de la termodinámica, es decir, que la diversificación de la vida en todos sus niveles, como la inercia, es una tendencia universal que sólo se detiene por límites naturales.

La idea de que la vida es esencialmente variable y diversa nos permitió desde su popularización en el siglo XX apartarnos del dogma que recurría a la noción de que “un diseñador” había creado con un propósito “perfecto” a cada ser vivo en la Tierra. Hoy en día hay quienes incluso en el primer mundo (léase Estados Unidos de Norteamérica) obstruyen la suplantación de dicho dogma por el patrón universal observado por Darwin, de que toda forma de vida se favorece la variación heredable, y no de la uniformidad perfecta, ante la contingencia externa ¡No es una contradicción! Aunque la falta de cambio o modificación es un “hecho natural” de la vida, también lo es el cambio. La conquista del derecho jurídico en el D.F. y en cada vez más entidades y estados alrededor del mundo ha reconocido, que no propiciado, la existencia de otras formas de unión que tienden hacia la familiaridad, por la generación de los vínculos que propician, desde y antes de la Edad Media en nuestra especie, incluso dentro de la tradición cristiana (léase Las bodas de la semejanza, de José María Pérez Gay).

Pero ¿La constitución de familias distintas a las fundadas desde la unión heterosexual ha contravenido a la continuidad de la especie? Aparentemente no. Incluso podría haber favorecido a través de la cooperación social (contradiciendo la versión darwinista así como la dogmática). Aún hay una discusión científica intensa al respecto. Pero el problema que ha acaparado la atención sigue siendo ver a la reproducción como un acto cooperativo que persigue la perpetuación de la especie, como afirman las convergentes versiones de la “familia natural” ya mencionadas. La reproducción, es un “hecho natural”, no tiene un “propósito” de perpetuidad de la especie o de un grupo social, eso es un dogma del llamado derecho natural y no un “hecho natural” uniforme e invariable del ser humano ni del resto de las especies. Hembras y machos, mujeres y hombres, suelen no coincidir en sus intereses sexuales con y sin reproducción, estos intereses a veces coinciden dentro de la familia, a veces no. En los costos y consecuencias que involucra ser seres sexuales, reproductivos o no, existe un conflicto individual cuya observancia es importante e imprescindible para entender y explicar el sexo, particularmente en nuestra especie al momento de reconocer los derechos de hombres y mujeres como consecuencia de su ser sexual y reproductivo.

En su discurso inaugural de la nueva Comisión, el Senador Martínez insistió en que ha habido esfuerzos por crear instituciones a favor de lo individual, de los jóvenes, de las mujeres, sin tomar en cuenta “el concepto integral de la familia”. ¿Desconoce acaso el Senador que desde 1977 en México fue creado el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia al que todos llamamos DIF?

El documento Vaticano Instrumentum laborum es claro al señalar que “la ley natural ya no se puede considerar universal, puesto que ya no existe un sistema de referencia común”, reconoce que no sólo a nivel social, entre las diferentes regiones y naciones del mundo, sino en su confrontación con las ciencias biológicas, la llamada “ley natural” no puede considerarse “científica”, sino esencialmente un dogma de fe, lo cual contraviene al estado laico.

Curiosamente y desde el lenguaje conservador aún vigente, un “hijo natural” es aquel concebido fuera del seno de una familia. Cuando el discurso se refiere despectivamente del “hijo natural”, la acepción lingüística (de la RAE para la palabra natural) a la que se recurre es al “instintivo e irracional”, pero cuando se refiere a la “familia natural” se refiere a algo “hecho con verdad y sin artificio”. Me parece que ya es tiempo de dejarse caer en la contradicción y en la conveniencia, o intentar confundir y confundirse. La naturaleza posee propiedades que nos permiten, como sugiere el biólogo y humanista chileno Humberto Maturana, reconocer que el otro es un genuino otro, independientemente de sus propósitos familiares, ideología, fe o preferencias sexuales. El derecho como procuración de justicia debe partir de proteger los derechos que ya están en funcionamiento y necesitan discutirse para ampliarlos, no parar erradicar las inconveniencias vistas por el dogma. El momento del país es muy claro: necesitamos partir desde el conocimiento y no desde la ignorancia y la confusión. Sobre todo si hay quienes tratan de arrebatar los derechos ya obtenidos.

*Biólogo mexicano. Candidato a Doctor en Ecología y Biología Evolutiva por la Universidad de Chile.