Mony de Swaan

Jóvenes protestan en el Senado en contra de la ley telecom.  Foto: Especial

Jóvenes protestan en el Senado en contra de la ley telecom.
Foto: Especial

1. Por obvias razones, soy particularmente sensible a la publicidad en materia de telecomunicaciones. Durante las semanas de Mundial, una campaña ha llamado mi atención por buena, original y hasta valiente. Movistar pegándole con todo a Telcel. Criticando el bloqueo de dispositivos, el “efecto club”, sus prepagos y el cobro “por la preguntita”. Todo cierto, todo criticable. Lo que jamás imaginé es que esa misma campaña se convertiría en la línea discursiva que más de 20 senadores nos recetarían —de manera casi grosera— el pasado 4 de julio durante el “debate” en torno a la Ley de Telecomunicaciones (ah, también de Radiodifusión). La coordinación a coro de mensajes a cargo de senadores de PRI, PVEM y PAN parecía propia de una campaña publicitaria, no la defensa de un texto legal.

2. La Ley no es de Televisa, responden al unísono quienes defienden el texto. Para ello esgrimen una larga lista de beneficios, invariablemente concentrados en tres servicios: telefonía fija, móvil y banda ancha. Algunos, como el PRI en su comunicado, intentan deslizar las dos nuevas cadenas de televisión como prueba de su compromiso en otros mercados. Correcto, sólo que ello deviene del mandato constitucional, no de la ley que aprobaron. Un mandato que se impuso desde la Carta Magna ante nuestra incapacidad histórica, vergonzosa, de hacerlo por decisión administrativa. La Ley no es de Televisa, y entonces cuesta mucho trabajo entender la cobertura de López Dóriga que ofrece cuadro sólo a quienes la defendieron. Casi con desprecio y sorna, López Dóriga nos informa que algunos senadores osaron presentar reservas. La información como propaganda. El lunes siguiente ese espacio noticioso abre sus puertas a los mismos; a los que, incluso votando contra, la defendieron y alabaron en tribuna parlamentaria. Si la Ley no es de Televisa, su comportamiento al menos delata que les viene muy a modo.

3. La Ley, nos han repetido a los necios, es un texto pensado en el consumidor, en nadie más. Y sin embargo, el 3 de julio —mientras se aprobaba en Comisiones Unidas el texto que tanto nos beneficia — a los pocos consumidores presentes en la sala los sacaron a patadas y empellones. La ley es para el consumidor, pero en el Pleno, el Senado prohibió la entrada a la Sala de Sesiones. Más de 20 senadores gritaron a coro los beneficios para el consumidor ausente de la sala; más de 20 senadores gritaron a coro los beneficios, aunque no tuvieran cara o argumento alguno para enfrentar también a las audiencias. Su mensaje era todo para las cámaras. Eran todos de la pantalla.

4. Una diputada es espiada en sus conversaciones telefónicas y comete la imprudencia de hablar de un negocio futuro en el sector que en ese momento legisla. Conflicto de interés, acusan propios y extraños. Carpinteyro se llevó primeras planas, una impresionante cobertura mediática y más de 4,000 mensajes en redes sociales que la convirtieron en trending topic durante dos días. Terminó por excusarse de toda discusión y, por más que la quiero, creo que fue la decisión correcta. Pero lo que sigue a continuación nos enfrenta al cinismo con el que estamos construyendo este país. A pregunta expresa, el Senador Gil Zuarth responde que le parece de lo más normal que 18 de sus colegas legisladores tengan estrechos vínculos con las televisoras. Representan a los distintos sectores de la sociedad, explica. Y yo que creía que los senadores representaban a sus estados. De la evidente sobre-representación, nada proporcional, de dos empresas en la Cámara Baja, mejor ni hablamos. Todo culmina el día de ayer con broche de oro: el Diputado González Luna dictamina el texto de Ley y la vota favorablemente por duplicado, tanto en la Comisión de Telecomunicaciones como en la de Radio y Televisión, que dignamente preside. González Luna fundó —junto con Javier Tejado Dondé y Javier Lozano— el IDET (que invariablemente defiende exactamente la misma posición que la televisora de Chapultepec). A González Luna se le atribuye haber trabajado para la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión y la autoría de la Ley Televisa de 2006. A diferencia de Carpinteyro, González Luna no está pensando en negocios futuros; de acuerdo a la propia ficha curricular que aparece en la página de la Cámara, él ya es accionista de cuatro empresas de telecomunicaciones.

5. No puede dejar de extrañarnos la similitud de formato y procedimiento en ambas cámaras. Por mandato constitucional, el Congreso debió aprobar una ley convergente desde diciembre pasado. En los meses siguientes acudimos —salvo dos días de foros obligados por las protestas— a una negociación de camarillas, siempre a escondidas de la opinión pública. Entre la presentación del dictamen a comisiones unidas de la cámara de origen y su votación en el Pleno de la cámara revisora, transcurrieron cinco días. Más de trescientos artículos que se aprueban fast track, sin cambio alguno entre el dictamen original y la versión que se enviará al Ejecutivo para su publicación. La Cámara de Diputados como comparsa del Senado. Ni una coma modificada. Pero lo más indignante es la cobardía (no encuentro otra palabra) que los lleva a evitar cualquier debate respecto de una ley que afecta a 120 millones de mexicanos. Ni en comisiones, ni en Pleno de ambas cámaras. Toda la estrategia fue diseñada precisamente para no debatir, para no explicar, para no justificar, para no evidenciar. Salvo un punto discutido entre dos panistas (apurados invariablemente por el Presidente de la Mesa) todo queda en aburrido monólogo ante salones semivacíos; ¡las reservas ni siquiera se admitían a discusión! De ese nivel nuestro Congreso.

6. Incluso en los monólogos es posible encontrar argumentos contradictorios, casi mentirosos, a cargo de nuestros legisladores. La preponderancia por sector se defiende argumentando que el órgano regulador, técnico en la materia, ya emitió resoluciones y ello obliga al Congreso a respetar la interpretación por sector. Omiten mencionar que, al aprobar el artículo 131 de ese mismo texto, están echando abajo resoluciones a cargo del mismo órgano, igualmente técnicas, en materia de interconexión emitidas apenas en marzo pasado. El regulador obliga y merece respeto, pero en materia de multiprogramación o concesiones sociales los legisladores terminan dictándole aspectos técnicos que limitan su autonomía, a grado tal de especificar la altura que debe tener una antena de radio. El Congreso dice seguir mejores prácticas internacionales, pero se niega al IFT la facultades de regular la interconexión ex ante, un elemento presente en toda recomendación internacional. El Congreso invita a limitar la concentración en todos los mercados y fomentar competencia en todos los servicios, pero hace como que la Virgen le habla al aprobar el artículo Noveno Transitorio que permitirá mayor concentración en el servicio de televisión de paga. Claro, al regular por sector, ni quien lo note.

7. He sido profundamente respetuoso de las decisiones del IFETEL. He callado opiniones sobre decisiones que no comparto, pues conozco las implicaciones de regular el sector telecomunicaciones de nuestro país. También tengo claro que lo que más necesita el Instituto son aliados, no enemigos, pues esos los tiene por doquier. Pero la ausencia de IFETEL durante siete meses de debate legislativo es imperdonable bajo cualquier óptica. Lastima su autonomía, lastima el marco jurídico que deberá aplicar y lastima al consumidor al que supuestamente está obligado a defender. El Instituto calló en el momento más importante de su historia, después de su conformación. Optó por una opinión formal ambigua, de corte político, dejando pasar aspectos técnicos que le competen, que le son suyos y de los que nadie en este país conoce mejor que sus funcionarios. Nos privó a todos de un debate más rico y de información que era necesaria para construir un marco jurídico propicio; con ello invitó al atropello de muchísimas de las facultades que corresponden a un regulador. El tiempo pasará la factura, ni duda cabe.

8. América Móvil acaba de anunciar la desincorporación y venta de activos hasta dejar de ser agente económico preponderante en el sector de telecomunicaciones. Esperen sentados un anuncio similar por parte de Televisa en televisión abierta. Ellos optarán por la ruta del amparo y, como ha resuelto IFETEL y legislado el Congreso, en su lugar seguramente yo habría hecho lo mismo.