Texto leído por el autor durante la presentación del libro «Ganas de lo contrario de la Muerte».

Miguel Á. Elorza-Vásquez

Presentacion libro ElorzaGanas de lo Contrario de la muerte surgió de una conversación que tuve con Carlos Monsiváis en 2006 en Oaxaca. Él había ido a la Feria del Libro y yo estaba emocionado por una revista que unos amigos organizaban sobre lo que en algunos portales de internet llamaban “la primera insurrección del siglo XXI”; Se trataba de movimiento social en Oaxaca que intentó, sin éxito y bajo mucha violencia del Estado, destituir al gobernador Ulises Ruiz, más o menos cuando todo el país ponía especial atención en el bloqueo de Reforma y la toma de posesión de Felipe Calderón.

Me preguntó por el tema de mi tesis y yo le respondí que me interesaba la relación entre literatura y filosofía y que seguramente trabajaría algo sobre la filosofía del Quijote. Es un tema interesante, me respondió y después, muy a su manera, me dijo la verdad: Ya está muy explorado. Luego tendió el anzuelo: ¿Por qué no haces algo de filosofía y literatura de México, como Rulfo?

Me quedé con esa idea los siguientes dos años de la licenciatura y comencé a voltear hacia los registros que Monsiváis me recomendaba leer (entiéndase había que leerlos porque luego hacía preguntas sobre el texto) y que se alejaban tanto de las lecturas de la facultad.

Me fui nutriendo —o Monsiváis me fue nutriendo, con lecturas y con amigos, como Jenaro— de lo que necesitaba para escribir la tesis: Los presupuestos filosóficos de Juan Rulfo en Pedro Páramo que después se convertiría en la exposición de la religiosidad en Comala que son las ganas de lo contrario de la muerte.

Ganas de lo contrario de la muerte porque para los moradores de Comala la muerte no supone ningún alivio del sufrimiento en la vida, porque antes de condenarse al purgatorio, sus modos de vida ya habían cedido al capricho y la gana personal de Pedro Páramo, convirtiéndose —aún vivos— en ánimas en Pena.

            De esta manera, si por un momento nos detenemos a observar el mundo, parecería que en México actualmente habitamos en el purgatorio que recrea Juan Rulfo. No sólo lo digo por las 150 mil víctimas de la guerra contra el narcotráfico que desató Felipe Calderón y todos los abusos a los derechos humanos por parte del ejército y la Policía Federal que en ese entonces encabezaba García Luna —y a momentos parece que sigue encabezando—, sino también por el mutismo actual frente a los acontecimientos del país, el cual sólo se rompe con la exclamación preferida en México durante un partido de Futbol: Puto.

            Así pues, como en Comala, la vida en México se ha convertido en un continuo acatamiento de las leyes —no las leyes de Dios, tampoco las de la ciencia y mucho menos las del Estado— sino de una cúpula empresarial y política, tan canalla como el propio Pedro Parámo, a la que los mexicanos le hemos concedido el poder de hacer con nuestra vida lo que les venga en gana.

            En Comala, la muerte es la terrible conciencia de que nunca se estuvo vivo, la certeza de que el tiempo que aún queda por “vivir” es en condición fantasmagórica, el mismo mal padecido anterior a la muerte, es decir, la eternización de un mal al que ni siquiera la muerte puede poner fin y, en México, lo observamos hoy en día: un pueblo con una condición de caído, en medio de un ambiente hostil y árido por el cual los mexicanos tenemos que vivir en condición fantasmagórica, habitando los susurros o bien, reasumiendo la obligación con la vida a la fuerza, como lo han mostrado los #yosoy132, los profesores a lo largo y ancho del país o últimamente los médicos con #yosoy17 que, dicho sea de paso, también han puesto de manifiesto el grave problema que sufre la seguridad social en este país y que, durante años, millones de mexicanos —quienes tiene la suerte de tener seguridad social— han soportado en silencio estoico, como en Comala.

            Así pues, en Comala está presente la imposibilidad de comunicación porque las ánimas en pena no pueden comunicarse en medio de tantos susurros. En México ocurría lo mismo, sin embargo, actualmente las redes sociales nos permiten romper el silencio al que, como en Comala, hoy nos condena el dupolio televisivo y la prensa escrita que en la mayoría de los casos se dedica a reproducir los comunicados de prensa redactados en las oficinas de comunicación social de los diferentes gobiernos, ganándose el mote de textoservidores que, como el padre Rentería en Pedro Páramo, empeñan la propia libertad y los principios a cambio de monedas.

            Por lo anterior, la lectura filosófica de Pedro Páramo que propongo en Ganas de lo contrario de la muerte, más allá de la discusión entre literatura y filosofía que abordo en la primera parte del texto, nos conduce a voltear al mundo a partir del Análisis de Comala, donde Juan Rulfo, en primera instancia, nos presenta la historia de un pueblo condenado a la fatalidad que, como Pedro Páramo, se desmorona como si fuera un montón de piedras.

            En este sentido, en el plano filosófico, planteo que la filosofía tiene que salir de la academia y ofrecer al lector de filosofía la pena de perderse —o la dicha de hallarse— en textos transdisciplinares que intenten resolver no sólo los problemas filosóficos de toda la vida, sino además, los problemas de México: polución, inseguridad, migración, pobreza, corrupción ignorancia, violencia, indiferencia ante la pena de los hombres, etc.

            Así pues, si Comala es un mundo devastado, un mundo en el que no hay esperanzas y todo se ha perdido porque sus moradores decidieron quedarse al cobijo —y abandono— de Pedro Páramo, México se encuentra en la misma situación. Afortunadamente, hay personas como Jenaro Villamil que escapan de Comala para hacer escuchar su voz y, con ese sonido, revierten el proceso de comalización de México, justo como también lo hace Jocob Buganza, con sus reflexiones sobre antropología filosófica y su análisis sobre la dignidad del hombre que, en la actualidad, poca queda de ella. Gracias a los dos.

Pero más allá de Comala, si la vida es algo es justamente la condición de posibilidad, la posibilidad de ser lo que se quiera. En Pedro Páramo todo está determinado porque el abandono a sí mismo ocurrió en el principio, sin embargo, si la afirmación de Sartre de que la existencia precede a la esencia es cierta, los mexicanos tenemos la posibilidad de abandonar la indiferencia referida con anterioridad tan presente en Pedro Páramo, y que nos han conducido a presenciar regímenes fascistas y tragedias como la de Acteal, las fosas clandestinas como la que hace poco se encontró en este estado, los feminicidos y los crimines de ocio contra las minorías.

Así pues, el acercamiento filosófico a Pedro Páramo que planteo en Ganas de lo contrario de la muerte sólo está completo en la medida en que lector reconozca que su murmullo es capaz de romper con el silencio, de manera tal que la muerte ya no presente como el terrible reflejo de la conciencia que acusa que nunca se vivió, sino que será un grito —ya no un susurro— que acusará la satisfacción de la vida vivida: ¡Tanta vida para tampoco muerte! Y, en este sentido, dejaremos de ser ánimas en pena que no saben si están vivas o están muertas, para ser el hombre (de Sabines) que lo ve todo abierto, y calla y entra.

Muchas gracias.