Foto: Presidencia

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En un reciente encuentro de finanzas al que acudió la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, ella dijo que México va adelante, tiene un futuro promisorio y estamos dándole ejemplo al mundo de lo que se debe hacer en muchas cuestiones.

La señora francesa –quien fue secretaría de Economía de Nicolás Sarkozy, y acusada de maniobras oscuras–, señaló que las reformas estructurales emprendidas por México están dando solidez y estabilidad a nuestra economía y son ejemplo universal.

Claro, la dama no sabe o se le olvida que las dos más importantes reformas: energética y de telecomunicaciones, no se aprobaron en junio como planteó Enrique Peña Nieto. Y que la fiscal, tan cacareada en la reunión, es rechazada por millones de negocios desde los más pequeños hasta los agrupados en el Consejo Coordinador Empresarial.

Lo que sí escuchó es que según el habitante de Los Pinos se ha democratizado la productividad (sic fraudulento), habrá próximamente un mayor crecimiento (el año pasado fue enano y este no llegará ni al 1.9 por ciento, al decir de agencias internacionales) y que el desarrollo será más incluyente (hoy, según la OCDE, somos donde la polarización es mayor ya que hay decenas de millones de pobres y unos cuantos multimillonarios).

En 1972 el cineasta francés, Jean Luc Godard, en una película, Todo va bien, mostraba cómo los que se benefician de un país dicen que la vida es maravillosa en tanto los que sufren carencias se truenen los dedos a cada instante.

Doña Christine, quien citó en varias ocasiones a Agustín Carstens, llamado míster catarrito porque hundió la economía a menos 8 por ciento en 2009, parece que va en primera clase, en tanto los que vivimos acá, en Mexiquito (Emilio Ebergenyi, dixit), no sabemos qué es para el FMI eso del “futuro promisorio”, el cual nos han prometido hace treinta años los neoliberales y nunca llega.

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