Foto: Quadratín

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Si querían agregarle fuego al territorio michoacano rodeado de gasolina, no podían haber encontrado una fórmula más peligrosa: detener de manera arbitraria al doctor José Manuel Mireles, el viernes 27 de junio, ahora trasladarlo a un penal federal de Sonora y pretender acusarlo de narcomenudista.

La última ocurrencia del comisionado federal en Michoacán, Alfredo Castillo fue afirmar esta mañana que Mireles traía no sólo armas largas de uso exclusivo del ejército sino “4 bolsas de mariguana y cocaína”, así como más de 30 mil pesos.

Que el comisionado en Michoacán se rebaje de nuevo a convertirse en adversario personal de Mireles es explicable dado el temple de este joven abogado que con frecuencia confunde su papel de servidor público con el de Batman o con el director técnico del equipo de futbol de Barcelona.

Pero en Michoacán no se juega una historia de “buenos y malos”, de “estás conmigo o contra mí” sino del desmantelamiento de un Estado para cederle cada vez más espacios al crimen organizado.

La detención de Mireles sólo se justificaría si el fundador de las autodefensas de Tepalcatepec fuera el verdadero problema de inestabilidad, corrupción y violencia en Michoacán.

Por el contrario, detenerlo “en caliente”, con elementos del ejército, mediante trampas, aplicándole “tortura psicológica” –como argumentó hoy su abogada defensora Talía Vázquez– sólo confirma que en Michoacán no se está haciendo justicia sino se pretende articular un nuevo pacto mafioso y faccioso.

La detención de Mireles ya es un escándalo nacional. El ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, de visita en Morelia, se refirió al caso del doctor y afirmó lo evidente: “A Mireles lo detienen por no alinearse al comisionado Castillo”.

El mismo sábado, el Movimiento Nacional de Autodefensas, recién fundado, emitió un comunicado donde acusan a Castillo Cervantes de “traicionar” los intereses populares y el orden constitucional.

“Castillo representa el contubernio entre el crimen organizado y las instituciones secuestradas; el personifica el dictador leguleyo que con papeles en la mano intenta tapar la realidad que sus actos u omisiones generan. Castillo debe entender que la realidad de Michoacán le es muy ajena”, afirmaron las organizaciones en su duro texto.

La repercusión nacional e internacional de la detención de Mireles crece. En lugar de verse como un acto de justicia, se le considera una venganza. En lugar de darle credibilidad a la acción en Michoacán se altera toda la ecuación: ahora no hay observador que señale que hay un doble rasero. Mientras a La Tuta no se le detiene ni se le desmantela, al jefe de las autodefensas se le encarcela.

Los ensayos para silenciar a Mireles –hombre contradictorio, sin duda, pero no un criminal que merezca este tipo de operativos de Estado- le han restado toda credibilidad a la Operación Michoacán: primero utilizan en Televisa una grabación suya editada; luego lo confrontaron con otros autodefensas como Estanislao Beltrán, Papá Pitufo; después filtraron a medios como Milenio TV fotografías de una supuesta ejecución ordenada por Mireles; y ahora lo detienen in fraganti.

Liberar a Mireles ya es una causa nacional e internacional. Comunidades y medios digitales de mexicanos que viven en Estados Unidos ya hicieron eco en las redes sociales y en los medios electrónicos del país vecino de esta arbitrariedad.