Televisa-TV AztecaEra un secreto a voces desde finales del 2010: los ratings o índices de audiencia de las dos principales televisoras mexicanas –Televisa y TV Azteca– estaban a la baja, frente a la pésima calidad de sus contenidos, la crisis de credibilidad de sus noticiarios, la manipulación de ambas empresas en el fútbol mexicano y la migración creciente de jóvenes hacia los medios cibernéticos, en especial, las redes sociales y las series de televisión por Internet.

Sin embargo, las tarifas publicitarias de ambas empresas no disminuyeron. Rompieron en 2011 a uno de sus principales clientes –Grupo Carso, de Carlos Slim- y comenzó una agria disputa con el Instituto Brasileño de Estudios de la Opinión Pública (IBOPE) por el fuerte descenso en el porcentaje de espectadores.

En 2011, las telenovelas de Televisa tuvieron serias dificultades para rebasar los 20 puntos de rating. Lejos estaban los tiempos en que Amor Real tuvo 43.1 puntos en 2004 o la adaptación de la telenovela colombiana La Fea Más Bella obtuvo 43 puntos en 2007. En 2011, Dos Hogares tuvo un rating promedio de 19.7 puntos, a pesar de la inversión para lanzar al estrellato a Anahí, la actual esposa de Manuel Velasco, el gobernador de Chiapas.

Un año después, en 2012, en plena campaña electoral y de las Olimpiadas de Londres, los ratings tuvieron un pésimo desempeño. Según las cifras del IBOPE, en la inauguración de los juegos Televisa tuvo 12 puntos, lejos de sus expectativas de llegar a 20, y TV Azteca apenas alcanzó los 5 puntos. En la clausura olímpica, canal 2 alcanzó apenas 10.8 puntos de rating, mientras que canal 7, de Ricardo Salinas Pliego, tuvo 9 puntos.

La transmisión especial de La Jugada Olímpica pretendió superar las dos cifras de rating. Se quedó en la orilla. El viernes 10 de agosto registró 8.7 puntos, el sábado 11, apenas 10 puntos y el domingo 12 tuvo 9.8 puntos. Es decir, menos de 5 millones de televidentes sintonizaron este programa.

Para octubre de 2013, los índices de IBOPE demostraron que los televidentes de Televisa preferían ver La Rosa de Guadalupe, la emisión vespertina de canal 2 sobre supuestos milagros de la virgen, que Primero Noticias o Noticiero con Joaquín López Dóriga: 18 puntos de rating y 48 de share (porcentaje de televisores encendidos sintonizando el canal), frente a los 11 puntos, en promedio, y 33 de share de López Dóriga.

En TV Azteca, la situación es peor. Las transmisiones de lucha libre y la serie de Los Simpson son más vistas que los noticiarios como Hechos de la Noche, con apenas 5.3 y 5.5 puntos de rating.

El pasado 5 de marzo, en un extenso reportaje publicado en The Wall Street Journal, el periódico especializado confirmó que ambas televisoras se coludieron desde 2012 para ocultar la disminución de los índices de medición de rating e intentaron “lanzar un ataque fulminante contra la combinación Nielsen-IBOPE”.

El reportero David Luhnow citó a funcionarios de Nielsen que en una presentación reciente ante el Consejo de Medición de Audiencias de Estados Unidos, la compañía acusó a Azteca de intentar “socavar y destruir los ratings del mercado mexicano”.

The Wall Street Journal denunció que trabajadores de Banco Azteca, una de las empresas filiales de Salinas Pliego, trataron de corromper “a decenas de miembros del pánel de telespectadores de IBOPE en ocho ciudades mexicanas y les ofrecieron dinero a cambio de audímetros, según declaraciones juradas revisadas”.

Entre 2008 y 2013, citó el periódico, el porcentaje de mexicanos que ven televisión abierta cayó de 84 % a 72 %, según cifras de Nielsen-IBOPE. Las amas de casa entre 25 y 45 años con mayor poder adquisitivo de México “miran TV abierta 68 por ciento del tiempo, frente a 77 por ciento hace cinco años”.

Por supuesto, estas mediciones no le han gustado a ninguna de las dos televisoras, pero el principal y más duro crítico ha sido Ricardo Salinas Pliego, el compulsivo presidente de Grupo Salinas, que calificó como “basura” los índices de audiencia de IBOPE. En junio de 2012, TV Azteca rompió con IBOPE y su ejecutivo Mario San Román acusó a la compañía de “destruir la confianza en el sistema de medición de ratings” ante un supuesto robo de la base de datos del panel de personas que forman parte de la muestra.

El reportaje del Journal fue convenientemente ignorado por los comentaristas y columnistas ligados a ambas televisoras. Silencio sepulcral.

Donde acusaron el golpe fue en el seno de la industria publicitaria. Grandes empresas que han invertido millones de dólares en publicidad por televisión abierta están “revisando” sus resultados y convenios con ambas televisoras. Es el caso, por ejemplo, de Procter And Gamble (P&G), según información proporcionada a Proceso.

Continúa mañana.