por Livia Díaz

Foto: Adam Goodman

Foto: Adam Goodman

La mañana en el llamado Ángel de la Independencia el 22 de febrero en la ciudad de México, no se convirtió en un homenaje póstumo, sino en un foro de denuncia. La ciudadana, desde los familiares de periodistas, la de los periodistas por llamar a la consciencia a sus propios compañeros, al país y al mundo.

Nadie quiere morir.

Los reporteros y reporteras provenían de distintos medios. Los reporteros de México, a menos de que tengan muy buen empleo, tienen más de tres “chambitas”, empleos mal pagados “pero que son una goterita para allegarse recursos.”

En los estados, a falta de empleo se van a medios en los que escriben, graban, editan, para los electrónicos o impresos, pero con poca costumbre de pagar, luego fundan medios en donde además de lo anterior han de comerciar, vender, publicitar, distribuir, entre otras tareas.

Los periodistas crecen, cambian. Su entorno es recíproco. La gente les lleva la nota, les avisa, les exige lealtad a la verdad. Así que profundizan, diversifican e intentan medios tan innovadores y especializados, que los que perduran, son verdaderos sobrevivientes del propio medio –o medios.

Pero además están atrasados. Con desventaja en el uso de las nuevas tecnologías y dinámicas de difusión de la información, por lo que no compiten con los grandes, ni lo pretenden.

Cada uno cumple su función

En la ciudad de México, hace unas tres generaciones, los que ocupaban las redacciones llegaron primero como las “valas” que eran los entrenados. Se dedicaban a aprender y a ir por los mandados. Va… las tortas, va… a los refrescos, va… a los cigarros. Según cuentan los de Excélsior, el Universal, el Uno más Uno, el Nacional, el Día y otros que conocí en la fuente política en el 90, como a Federico Campbell Peña.

La cosa era diferente. Ahora a las redacciones ingresan jóvenes “becados” o aprendices con carrera universitaria. Tienen que saber ofimática e inglés e ir también de corbata a todas partes. Y tienen otra visión de México. Son educados por las viejas valas y son motivados por los decanos a seguir estudiando.

Los mismos decanos lo primero que recomiendan ahora, es tener un negocio porque “de esto no se vive”. Y como se ven las cosas ahora, de esto se muere. Para Campbell Peña, entrevistado al terminar la manifestación del movimiento #PrensaNoDisparen, lo que ocurre ahora, tiene como la única manera de solución, “hacer presión al gobierno de México, la presión internacional, y al gobernador de Veracruz Javier Duarte.”

“O sea que las ong’s en el extranjero sigan con la presión.”

Contó que “esto ya está en Ginebra, en el comité de Derechos Humanos de la ONU, que tiene un apartado a la Libertad de Expresión. Y como cada tres años México pasa examen en Ginebra, ahora más que nunca se va a encaprichar la cuestión a la Libertad de Expresión, a los periodistas asesinados, que Veracruz desgraciadamente encabeza la lista en el país ahora, según cifras de ong’s, para evitar todavía más.”

Piensa que “lo de Gregorio (Jiménez) fue la gota que derramó el vaso.”

El reportero se mostró preocupado. Era un día difícil, estaba apenas comenzando a vivir el duelo de perder a su padre. Pero estaba allí. Con sus compañeros. Con su traje negro y su morral. Con la valenciana del pantalón roída por el paso al caminar por la tierra. Como cualquier reportero, hablando y preguntando y previendo ir a otros asuntos. Por la tarde lo esperaban para una entrevista en la radio.

Luego dijo “yo no sé qué medidas cautelares, los comunicadores en Veracruz deben tener, porque realmente están en un riesgo permanente.”

El riesgo de trabajar y al trabajar, solo se ha contado y documentado en algunas ocasiones. En 1995 cuando se formó la Red Nacional de Periodistas, las condiciones laborales de las fundadoras dejaban mucho qué desear, y ya se hablaba de los riesgos y la falta de seguridad social de las reporteras. Hoy a pesar de que hay muchos portales dedicados y especializados, hay manuales como el de Andrés A. Solís de “Autoprotección para periodistas”, hay capacitación permanente a la mano, vía internet, hay centros de ética y deontología, y otros esfuerzos, ninguno puede detener una acción humana que atenta en contra de otra. El gobierno no parece darse por enterado de la violencia que medra, en la ausencia de justicia.

Para el entrevistado fue bueno que ocurriera la reunión en el lugar en el que suelen agruparse los domingos los que usan bicicletas y pasean libremente a sus mascotas. Contó que llegaron mil personas, y “pese a que Miguel Ángel Mancera, y sus bicicletas, hicieron ruido, fue más fuerte el grito de desesperación de los colegas”.

Los colegas, que “no solo chilangos sino de otros lugares de la república. Entonces se gana. ¡Y qué valientes Ustedes allá!” –concluyó.