Uno de los autobuses incendiados en Parácuaro, Michoacán.  Foto: Miguel Dimayuga

Uno de los autobuses incendiados en Parácuaro, Michoacán.
Foto: Miguel Dimayuga

El deterioro de Michoacán no es de unos meses, ni siquiera de los últimos seis años ante el fracaso evidente de la “guerra” emprendida por Felipe Calderón y que inició en su tierra natal en 2007.

Aquí algunas fechas claves para comprender la situación en Michoacán.

1990-2001: El Cártel de Los Valencia

Armando Valencia Cornelio y Luis Valencia Valencia, primos nacidos en Uruapan, Michoacán, entre 1959 y 1955, controlaron desde fines de los ochenta y toda la década de los noventa la producción de mariguana que exportaban a través de Amado Carrillo Fuentes, jefe del Cártel de Juárez, mejor conocido como El Señor de los Cielos.

Se metieron también al negocio del trasiego de cocaína a través de su contacto colombiano Alejandro Bernal Madrigal, alias Juvenal. (Ver María Idalia Gómez y Darío Fritz, Con la Muerte en el Bolsillo).

2001: La llegada de Los Zetas 

La disputa por el trasiego de cocaína se agudizó entre los cárteles. Los Zetas, entonces brazo armado del Cartel del Golfo, llegaron a Michoacán con la intención de apropiarse de la plaza a sangre y fuego. Los Valencia se aliaron con El Chapo Guzmán. Entre 2002 y 2004 se contabilizaron más de 100 muertos en el enfrentamiento entre Zetas y Valencia.

Los Zetas dominaron la plaza y comenzaron con un nuevo y lucrativo negocio: los laboratorios en tierra caliente para la producción de drogas sintéticas. Su epicentro fue Apatzingán, la ciudad más importante de tierra caliente.

2006: Irrumpe la Familia Michoacana

El 6 de septiembre de 2006, antes de que iniciara el sexenio de Felipe Calderón, en pleno conflicto poselectoral federal, un nuevo grupo irrumpió en un centro nocturno de Uruapan y lanzó a la pista de baile seis cabezas decapitadas. Eran miembros de Los Zetas. Dejaron la siguiente nota:

“La Familia no mata por dinero, no asesina mujeres, ni gente inocente; solo ejecuta a quienes merecen morir. Todos deben saber esto…esto es justicia divina”.

Los matones eran un grupo financiado por productores de la zona que le aprendió a Los Zetas la táctica del terror, pero incorporó el elemento de reclutamiento y adoctrinamiento religioso, al estilo cristero.

Los tres principales líderes de La Familia, identificados por el gobierno fueron: Nazario Moreno González, alias “El Chayo” o “El Más Loco”; Jesús Méndez Vargas, alias “El Chango”; y Servando Gómez Martínez, alias “La Tuta”.

“El Chayo” publicó, incluso un libro-manual titulado Los Pensamientos de La Familia, de lectura obligada para los integrantes de este cartel.

“La Tuta”, ex maestro normalista que participó en movimientos de izquierda radical en Michoacán y Guerrero, le incorporó a La Familia el ingrediente de estrategias de penetración social, al estilo del EPR.

2007-2009: Expansión y fragmentación de La Familia

Durante los festejos del grito de Independencia del 15 de septiembre de 2008, se lanzaron bombas contra la población civil en la plaza de Morelia, Michoacán. El gobernador perredista Leonel Godoy salió librado, pero hubo varios muertos y decenas de heridos.

Fue la demostración de máximo terror de La Familia. El grupo se había expandido ya en tierra caliente. Le arrebató a Los Zetas el control de Apatzingán y expandió su poder en el Estado de México –con Enrique Peña Nieto como gobernador–, en Guerrero, en Jalisco y en Guanajuato.

Todo hace suponer que La Familia hizo un pacto con el cártel de Sinaloa, encabezado por El Chapo Guzmán, para compartir el territorio y el puerto estratégico de Lázaro Cárdenas, Michoacán (ver Historia del Narcotráfico en México, de Guillermo Valdés, 2013).

Desde entonces, llegaron también a zonas conurbadas del Distrito Federal, el gran centro de consumo y poder. En especial, comenzaron a entrar a Ciudad Nezahualcóyotl.

La Familia se apoderó de ayuntamientos enteros. Compró alcaldes, candidatos a diputados y organizó la extorsión directa de cientos de comerciantes.

Prueba del fracaso del gobierno federal para enfrentar el poder expansivo y celular –al estilo Al Qaeda- de La Familia, fue el operativo judicial conocido como “El Michoacanazo” para apresar a los alcaldes involucrados.

2010-2012: Irrumpen Los Templarios

Como sucedió con El Golfo y los Zetas, con el cartel de Sinaloa y los Beltrán Leyva, el cártel de La Familia se fragmentó  y comenzó una disputa por el liderazgo y el control del negocio tras el descabezamiento de sus líderes. Surgió un nuevo grupo, copia de las tácticas y estrategias de penetración política y social de La Familia: Los Caballeros Templarios.

Las elecciones locales del 2011, donde el PRI recuperó el gobierno de la entidad tras dos administraciones del PRD y derrotó a la hermana del ex presidente Felipe Calderón, Luisa María Calderón Hinojosa (PAN), marcó el ascenso y presuntas alianzas de Los Templarios, según han denunciado perredistas y panistas.

Febrero 2013: surgen las autodefensas

Ya iniciado el sexenio de Peña Nieto, en el corazón de tierra caliente, Michoacán, irrumpe un nuevo grupo armado, organizado por comerciantes, productores de limón y aguacate, profesionistas de la zona para “recuperar el control” frente a Los Templarios. El 24 de febrero, en el poblado de La Ruana, municipio de Buenavista y en Tepalcatepec se formaron los primeros grupos civiles.

A diferencia de La Familia, cuando irrumpió en el escenario local, no lanzaron cabezas ni han practicado el terror sino una estrategia de expulsión de Los Templarios. Actualmente se agrupan como Comando Unido de Autodefensas de Michoacán, dicen tener 10 mil hombres armados con rifle, su vocero más visible es el doctor José Manuel Mireles Valverde, y han avanzado en una decena de municipios, cercando a Apatzingán, el corazón de la disputa.

13 de enero, 2014: Operativo Michoacán de Peña Nieto

Inicia un nuevo operativo con despliegue militar, policiaco y político del gobierno federal en Michoacán. Las autodefensas se niegan a desarmar y entregar los municipios tomados hasta que se atrapen a Los Templarios. El gobernador Fausto Vallejo pierde toda capacidad de gobierno.