Lucero TTLa ola de comentarios, burlas, condenas e ironías en torno a Lucero en las redes sociales deja una dura lección para la cantante-actriz y para su casa matriz, Televisa: cualquier branding o “posicionamiento de marca” basado en una falsa imagen puede revertirse en cualquier momento. Y lo peor para la conductora del Teletón es que no supo responder a algo que quizá ni ella se ha dado cuenta: la victoria cultural de los defensores de los derechos de los animales.

Ahí está el comunicado de la alcaldesa de Viña del Mar, Virginia Reginato Bozzo, pidiendo a los organizadores del Festival Internacional de la Canción que “evalúen” la participación de la cantante mexicana porque “se han difundido imágenes tan fuertes como lamentables de matanza de animales con fines deportivos en las cuales aparece vinculada la artista Lucero, acto de suyo condenable y que ha despertado una fuerte reacción en la comunidad nacional e internacional”.

Sus fans han dicho que Lucero es víctima de un “linchamiento” en redes sociales por los hashtag #LuceroAsesina, #TeMatoComoLucero que en unas cuantas horas generaron 104 mil tuits el martes 7 de enero. Eso sin contar con una infinita cantidad de “memes”, la mayoría de un sarcasmo inevitable, que han circulado en Twitter, Youtube y Facebook.

Los más “imparciales” señalan que la cacería deportiva es una actividad permitida y que hay mucho de hipocresía en la condena a la cantante. Grupo Televisa ha mantenido un hermético silencio frente a la nueva prueba de su incapacidad para responder a fenómenos horizontales de comunicación como los generados en redes sociales.

En nada ayudó el pésimo comunicado de Lucero, en contra de las fotos publicadas por la revista TVNotas, la misma que en años anteriores fue vetada de las conferencias de prensa de Televisa Espectáculos por incordiar a sus estrellas.

“Me molesta muchísimo y me parece increíble que hayan robado fotos de mi vida privada para ser publicadas. Lo que más me parece fuera de lugar es que mezclen fotos de diferentes momentos y actividades haciendo creer que todo sucedió en el mismo evento”, afirmó Lucero en su comunicado.

“Han sacado de contexto fotografías de un evento aislado de mis hijos en donde practican tiro al blanco con rifles de postas o diábolos (rifles de aire) en una actividad de verano”, agregó la actriz.

Nada mencionó sobre la cacería. Ninguna disculpa pública o reconsideración a su deporte. Se ofendió por la utilización de su vida privada, algo poco creíble en el caso de una actriz que ha promocionado algunos eventos como su matrimonio con Mijares, que se convirtió en un espectáculo al estilo de la aristocracia Televisa.

El costo para Lucero y Televisa es enorme porque se trata, sin duda, de la principal imagen de lo “políticamente correcto”, de la filantropía telegénica, del guadalupanismo mediático y hasta de promocionales de los gobiernos estatales (ya pocos recuerdan que ella fue una de las primeras en ser la imagen del Estado de México en los primeros meses de Peña Nieto como gobernador).

En otras palabras, se invirtió  mucho en el branding de una figura que ha sido desde Chispita hasta una malvada mujer trifásica.

Lucero sustituyó a finales de los noventa en el branding de Televisa la ausencia de nuevas figuras con el carisma o el rating que tuvieron Verónica Castro y Lucía Méndez, quizá las dos mujeres emblemáticas de la era de Emilio El Tigre Azcárraga.

La gran diferencia es que Lucero no pudo despuntar como una figura con carisma propio, como fue el caso evidente de Verónica Castro, conductora, actriz, cantante y muchas cosas en la historia de Televisa, ahora relegada por la misma compañía que presumió sus éxitos como las telenovelas en China o Rusia. Quizá, por eso mismo, las fotos de su hijo Christian Castro pretendieron desviar la bola de nieve generada por #LuceroAsesina.

El carisma no es asunto sólo de branding o de rating. Es un atributo natural de actores, políticos o personajes que la televisión puede potenciar o anular, dependiendo del caso. En Lucero, la fabricación del carisma se ha topado varias veces con gestos de altanería que contrasta con la imagen de mujer dulce, sofisticada, católica y buena onda, al estilo Televisa.

Fue la novia adolescente de Luis Miguel, se casó con Mijares en la cúspide de la carrera de ambos, se convirtió en la imagen oficial del Teletón, conduce el show de “Las Mañanitas a la Virgen” que cada 12 de diciembre realiza Canal 2, produjeron telenovelas para impulsarla, la compañía Procter & Gamble, uno de los mayores anunciantes de Televisa, la contrató en 2008 para ser imagen de la franquicia Olay y entre 2011 y 2013 Lucero anunció el shampoo Pantene, fue coach sin éxito en la primera emisión del reality musical La Voz México.

En esta larga y fructífera trayectoria, Lucero fue de la mano de Televisa. La misma empresa la protegió frente al escándalo de 2003, cuando su guardaespaldas amenazó con una pistola a varios reporteros de la fuente de espectáculos cuando intentaban entrevistarla. Como en el reciente episodio, la diva respondió mal y de malas. La diferencia es que no habían redes sociales, en ese entonces.

Las audiencias han cambiado. Ni Televisa ni Lucero se han dado cuenta de eso. La verticalidad de la fábrica de sueños y estrellas se topa con la cruda venganza de quienes ya no quieren más una “televisión para jodidos” y utilizan medios deliberativos y convergentes para generar todo tipo de comentarios.

Quizá el branding funcione –como ocurrió con el caso estelar de Enrique Peña Nieto-, pero el carisma, en materia de fenómenos de opinión pública y de espectáculos, es un don natural que ni el Canal de las Estrellas es capaz de fingir.

Después del lamentable episodio de Laura Bozzo y su utilización de la tragedia de Guerrero para autopromoverse, el escándalo de Lucero es para Televisa su segunda derrota en menos de un año en las redes sociales.