Texto publicado originalmente en la edición de Proceso No. 1937

Lorenzo MeyerEl único punto que queda fuera de la reforma energética aprobada por la mayoría del PRI, PAN y Partido Verde en el Congreso “es cómo eliminar la corrupción, la variable fundamental en esta red de intereses. No se dice quién va a vigilar los nuevos contratos y los nuevos órganos reguladores no tienen manera de enfrentar a los tiburones trasnacionales”, afirmó el historiador Lorenzo Meyer.

Crítico de la decisión adoptada, conocedor de los entretelones de la industria petrolera antes y después de la expropiación de 1938, Meyer reflexionó que frente a la decisión adoptada “la alternativa requería una decisión formidable: enfrentar la corrupción y hacer de Pemex una empresa con compromiso y servicio, con un proyecto a largo plazo, con un espíritu de independencia y compromiso, con una idea de futuro de sociedad y de nación”.

-¿Ya no existe ese compromiso?

-Ese compromiso se pierde con la reforma.

Entrevistado por Proceso para hacer un balance sobre la importancia histórica de la decisión adoptada en el Congreso, Meyer consideró que la “verdadera agenda” de quienes impulsaron la reforma energética y la modificación de los artículos 25, 27 y 28 constitucionales no era la lucha anticorrupción en Pemex sino “la apertura a los privados” y, después, la lucha contra la corrupción.

Se le cuestionó que en la iniciativa aprobada se habla de una Comisión Nacional de Hidrocarburos que tendrá autonomía y se regirá por criterios “transparentes”.

“Los comisionados van a ser nombrados por el presidente. Para integrarse a este organismo se necesita ser experto y ser honrado.  ¿Tenemos a la gente que cumpla esos dos compromisos? Eso no se toma en cuenta en los criterios, se da por sentado que serán honrados y con conocimiento.

“No se toma en cuenta que las grandes empresas petroleras multinacionales tienen muchos años de experiencia en el mundo corrompiendo a instituciones débiles. Si aún en las democracias fuertes y consolidadas corrompen, imagínese en la mexicana”, explicó.

Autor del libro Nuestra Tragedia Persistente, la Democracia Autoritaria en México, Meyer coincide con otros analistas y legisladores que hubo “una inteligencia perversa, maquiavélica” detrás de la aprobación de la reforma petrolera.

Así lo analizó:

“Quien llevó la parte más importante del cambio es el PAN, el partido que perdió la presidencia en el 2012. El PRI le permite incorporar sus demandas en la reforma para acabar con lo último que quedaba del cardenismo en la historia priista.

“Me pregunto: ¿así fueron las circunstancias o fue deliberado? El PAN ya pagó los costos políticos. Está fuera del poder. Va a pagar electoralmente porque lleva el bastón de mando en la reforma”.

Incluso, abundó, el PAN “pidió un plato de lentejas a cambio de aprobar esto”. “La reforma política aprobada es algo muy menor y mal hecha. No es lo que ellos pedían”.

Al ser cuestionado sobre quién pudo ser la “mente perversa” que diseñó esto, citó al clásico florentino Nicolás Maquiavelo, autor de El Príncipe:

“Quienes hayan sido leyeron mal a Maquiavelo. Él decía que El Príncipe debía aprender de los malos, pero para fortalecer la autonomía del Estado frente a los otros poderes. Ellos lo han aplicado al revés: hay que ser perversos para debilitar al Estado, no para fortalecerlo”.

El peso histórico del petróleo

Meyer leyó la exposición de motivos del dictamen de reforma energética que fue elaborado por los negociadores del PRI y del PAN. Su primera sorpresa fue darse cuenta que “no hay ni un solo reconocimiento de lo que hicieron en el pasado al enfrentarse a los grandes intereses de entonces”.

“No hay un solo reconocimiento, ni en la del PAN y menos en la del PRI. Ellos dicen que la historia es una carga, que hay que deshacerse de eso. No entienden que la historia es una concepción del mundo.

“Es curioso que en los Estados Unidos, la democracia más liberal del mundo, nunca dejan de hacer referencia a su historia. Aquí no. Para éstos la historia es un distractor, en Estados Unidos es una fuente de inspiración”, comparó.

“Es en ese sentido que no comparto la idea de uno de los cuadros que está en la iniciativa. Es una fotografía de ahora. Se compara a las distintas industrias petroleras mundiales. Nos ponen de ejemplo a  Noruega y nunca dicen que ellos no tuvieron que luchar contra nadie por defender su petróleo. ¡Qué bueno que ellos no tuvieron que luchar! ¡Qué envidia!

“Pero nosotros no. Nosotros en el petróleo tenemos una lucha que condensa toda nuestra lucha contra el imperialismo, aunque suene anticuado”, subrayó el autor de Su Majestad Británica contra la Revolución Mexicana (1900-1950), considerado una de las investigaciones más reveladoras sobre la influencia de Inglaterra en el proceso de expropiación.

“La expropiación petrolera empezó muy temprano, desde 1902. México se convirtió en uno de los primeros en hacer una legislación que era retroactiva y lo plasmó en la Constitución de 1917.

“Le costó muchísimo al país. Cárdenas supo usar una coyuntura favorable para cristalizar lo que decía la Constitución. La política petrolera de arrancarle el dominio a las trasnacionales no se hizo con las masas se hizo con la élite política”, explicó.

-Sin embargo, hubo después de la decisión de expropiar un apoyo inmediato de la sociedad a la decisión adoptada.

-Se invirtió mucho para lograr la expropiación. Fue uno de esos raros momentos en nuestra historia que dirigencia política del país y sociedad civil coinciden en uno de los objetivos.

“En ese momento es cuando el asunto petrolero toma una dimensión mayor y se vincula con nuestra identidad como nación. Ahí se resumió la visión de ganar o perder soberanía”.

Meyer reflexionó que hasta antes de 1938 la sociedad mexicana no sabía qué era el petróleo o cuál era la importancia. Los constitucionalistas de 1917 redactaron el artículo 27 por una necesidad recaudatoria que se fue transformando en patriótica.

“Cárdenas tuvo la visión de hacer identificar la capacidad de manejar nuestra industria petrolera con la capacidad de desarrollar al país”, reflexionó.

-¿Fue un momento de alta autoestima nacional?

-Fue el hallazgo de haber encontrado un objetivo común entre sociedad política y sociedad civil. Las presiones extranjeras vinieron inmediatamente después de la expropiación. Cárdenas hizo una lectura muy anticipada de las fuerzas que venían y optó por aliarse con quienes, en ese momento, no se veían como los triunfadores.

-¿Con la expropiación petrolera también cristaliza el presidencialismo mexicano?

-En parte. En realidad, fue a través del reparto agrario que Cárdenas construye la base social del nuevo régimen.

En realidad, subrayó Meyer, “Cárdenas no necesitaba expropiar el petróleo para su cálculo de poder inmediato. Fue una visión de largo plazo, no de corto plazo, lo que motivó al general a tomar una decisión de ese tamaño”.

-¿Por qué no necesitaba expropiar?

-Porque Cárdenas ya había llegado a un arreglo con los ingleses y se había descubierto la riqueza de Poza Rica. Eso lo relato en Su Majestad Británica.

¿Por qué adoptó esa decisión?

-Porque era un estadista. Porque él estaba consciente de que había que sacar a México de un círculo infernal que venía desde la Colonia. Porque vio al petróleo como una palanca para industrializar al país.

“El se echó un problema encima que un político, como los de ahora, que tienen un cálculo corto, no se hubiera echado.

“Fue el único que supo estar a la altura de los tiempos como estadista. Gracias a esa decisión, el país pudo crecer después a tasas de 6 por ciento anuales, que nunca volvimos a tener”, sentenció el profesor del Colegio de México.

Continúa mañana.