Texto publicado originalmente en la edición de Proceso No. 1937

Diego ValadésLa reforma constitucional aprobada por el Congreso “no es sólo un cambio en la estructura de la propiedad de los hidrocarburos, sino un cambio en la estructura del Estado”, se fortalece el “hiperpresidencialismo”, se genera una “severa mutilación de las facultades del Congreso”, se pierde soberanía ante los tribunales internacionales y el gobierno “se queda sin el instrumento legal necesario para la intervención y la expropiación” en el sector energético.

Con esa contundencia resume Diego Valadés, ex ministro de la Suprema Corte, ex procurador capitalino y general de la República, y ex director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM las consecuencias más graves de los cambios al 25, 27 y 28 constitucionales más los 21 artículos transitorios que se volverán  “la auténtica trampa” de la reforma energética.

“Es una reforma que no necesitábamos. Bastaba con modificar el artículo 10 de la Ley de Asociaciones Público-Privadas donde existía una prohibición de firmar contratos con Pemex. Hubiéramos modificado esto sin necesidad de tocar la Constitución. Era mejor porque la asociación no le da al socio derechos reales sobre la propiedad de los hidrocarburos. En los contratos aprobados sí se los dan”, reflexiona el experto en Derecho Constitucional.

-¿Entonces, sí hay una privatización de los recursos del subsuelo? –se le pregunta.

-Por supuesto que la hay. Después de la extracción, por supuesto que hay privatización. Puede ser por las cuatro modalidades de contratos que proponen: por utilidad compartida, por producción compartida, por licencia o por una combinación de éstas.

“No pueden decir que no privatizan porque eso sería forzar los términos. La situación real es un resultado directo del orden jurídico que aprobaron. Es un cambio radical en los recursos en materia de petróleo, de gas, hidrocarburos y derivados”, abundó.

No hay espacio para el optimismo en la reflexión del doctor Valadés. Entrevistado por Proceso, apenas horas después del largo monólogo legislativo en el Senado donde la oposición planteó objeciones, argumentos y datos para echar abajo esta reforma, el especialista va más allá y observa un “diseño perverso” en la mecánica de esta reforma.

“Mi impresión es que quien planeó esto lo diseñó para que así saliera. Le dijo a Peña Nieto: vamos a aguantarnos el primer año sin presupuesto, con un crecimiento menor al 1 por ciento, van a haber propuestas, pero necesitamos sacar las reformas primero, sobre todo, la energética, para que fluyan las inversiones el próximo año y entonces tengamos un crecimiento de 3 o 4 por ciento”, afirmó.

-¿Quién planeó esto?

-No lo sé. Dicen que el secretario de Hacienda, Luis Videgaray es un hombre muy inteligente. Y algo tiene que ver en todo esto, ¿no?

Valadés, militante priista, ex funcionario en el gobierno de Carlos Salinas, alumno aventajado de Jorge Carpizo, ex rector de la UNAM, hace un símil con lo ocurrido en 1989-1990, tras la caída del Muro de Berlín, que representó el fin de la guerra fría y del bloque soviético.

“Recuerdo que en 1990 muchos festejábamos la caída del Muro de Berlín porque representaba el fin del modelo bipolar. Ahora, los defensores de la reforma energética, adentro y fuera del país, están tan felices como si se hubiera caído el Muro de Berlín mexicano. Eso representaba para ellos el artículo 27 constitucional”, afirmó.

Las consecuencias, sobre todo, serán negativas para la democratización del Estado, para la gobernabilidad y para la pluralidad del país, abundó el autor de El Control del Poder e impulsor de una reforma para incorporarle al régimen político elementos semiparlamentarios.

“Han sacrificado el modelo del tamaño de Estado por su democratización. Lo acabamos de ver en la reforma político-electoral mínima que aprobaron, a toda prisa, antes de la energética. A todos los voceros del ‘Estado pequeño o mínimo’ les preocupa el tamaño sólo desde el terreno económico, no en el terreno de la democratización”.

-¿Se frena cualquier proceso de democratización tras esta reforma?

-La debilidad estructural del Estado mexicano es otro tema y otra consecuencia preocupante de la reforma. El Estado mexicano es un Estado que no encuentra instrumentos para frenar la corrupción hacia adentro. No lo pudo hacer en Pemex durante años. Si no lo pudo hacer con los de casa, mucho menos lo podrá hacer con los poderes extranjeros.

-¿Por qué señala que una de las consecuencias será el hiperpresidencialismo?

-Lo que se va a fortalecer no es el Estado mexicano sino sólo uno de sus poderes, el presidente de la República, quien va a tener el control del nombramiento de los responsables de las nuevas instituciones. Y va a ser debilitado el Congreso, porque con la reforma a Pemex y a la CFE, que pasan a ser empresas públicas del Estado, el Congreso pierde el control nada menos que en relación con uno de los procesos productivos más importantes para la economía del país. Pierde el Poder Judicial porque los asuntos energéticos se irán al arbitraje internacional.

“Vamos a perder, por tanto, niveles de gobernabilidad. Nuestro déficit de gobernablidad se va a ir acentuando. La ingobernabilidad va a ser mayor.