Foto: albertopatishtan.blogspot.mx

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Fueron trece años de luchar no por su libertad solamente, más bien contra un sistema que encarcela, degrada y hasta mata a quienes son indígenas y, además, pobres. Y no obstante que Alberto Patishtán se negaba a recibir el indulto, ya que se sabía inocente, se le otorgó debido a modificaciones en la ley con el objeto que lo pudiera dar Enrique Peña Nieto, quien necesita apoyos sociales debido a  su errática política  general.

La victoria, que lo es a no obstante el apesadumbrado  tiempo,  la comparten Héctor, su hijo que desde los cuatro años apoyó a su padre de mil formas. Su hija, Gabriela, quien ayudó en la defensa que estuvo a cargo de Sandino Rivero. Estos dos últimos insistieron en algo que era obvio: más que una sentencia por el crimen contra siete policías en El Bosque, Chiapas (algo absurdo), fue la venganza del cacique del lugar, Manuel Gómez Ruiz, el que veía como una amenaza al maestro bilingüe que denunciaba sus arbitrariedades y abusos.

En marzo pasado, la SCJN se declaró incompetente para liberar al profesor chiapaneco. Nuevamente la institución que debería ser ejemplo de justicia y ponderación, mostró que sus integrantes no entienden en el país que viven, son ajenos a las penurias de los humildes, siguen inmersos en  un mundo  donde el poder y el dinero privan.

Lo dice bien Amnistía Internacional: el indulto no proporciona verdad, justicia y reparación del daño, menos llama a los culpables a rendir cuentas. Es como hace 45 años en Tlatelolco, las víctimas son los responsables de los actos delictivos y los malhechores continúan  libres y con dinero a manos llenas. ¿Verdad, Luis Echeverría?

Con todo, Héctor, Gabriela, Sandino, Alberto y varios organizaciones sociales lograron la libertad de un inocente, el cual salió con el humor a flor de piel,  dijo: incluso  a  Rambo le cuesta trabajo matar, cómo yo solo iba a liquidar a siete policías.

Jamelendez44@gmail.com

@jamelendez44