expresidentesUno quiere vender mariguana y descarta hablar de su ex esposa acusada de lavar dinero proveniente del narcotráfico; el otro se convierte en comentarista exprés de Fox News y Televisa; el “innombrable” da conferencias internacionales y no pudo evitar que en Londres una mexicana lo abucheara; otro se dedica a cobrar en multinacionales y el más anciano, sobrevive a su propio legado en San Jerónimo.

Esos son los expresidentes mexicanos que, según los datos proporcionados a raíz de una solicitud de acceso a la información, le cuestan al erario mexicano 40 millones de pesos anuales.

El más caro: Felipe Calderón Hinojosa, que cobra mensualmente 812 mil pesos por ingreso mensual y pensión e incluye en su staff a 19 personas a su servicio, incluyendo a su prima hermana María Antonieta Hinojosa que cobra 95 mil pesos mensuales.

El segundo más caro: Vicente Fox, que cobra 471 mil pesos mensuales y le destinan recursos públicos para mantener a 12 de las 20 personas a su servicio que trabajan para el Centro Fox, un negocio privado de la otrora “pareja presidencial”.

Los ex priistas Ernesto Zedillo y Carlos Salinas renunciaron a sus pensiones mensuales, pero no a los recursos para disponer de personal de apoyo y de seguridad que cobran mensualmente con cargo al erario. Salinas recibe 249 mil 18 pesos al mes y Zedillo 77 mil pesos por 5 personas.

El “más barato” es Luis Echeverría que, a sus casi 90 años, le sobrevivió a José López Portillo y a Miguel De la Madrid. Recibe, según la información, una módica suma de 17 mil pesos.

Se trata de los recursos oficiales que públicamente reciben, sin incluir los millonarios negocios abiertos u ocultos que emanaron de su cargo como ex mandatarios.

¿Qué hacemos con ellos? López Obrador, siempre crítico de los despilfarros, ha propuesto eliminar estas pensiones, mientras los panistas y priistas se han hecho a los locos.

A nadie se le ha ocurrido que, al menos a Calderón y a Vicente Fox, se les paguen psicoterapias en lugar de los millonarios recursos a personal “de apoyo” para aminorar los efectos de su compulsión por seguir influyendo en la opinión pública, a costa, incluso, de la prudencia o el pudor.

En las épocas doradas del PRI, una “regla no escrita” del sistema político es que los expresidentes no hablaran ni influyeran públicamente para que sus sucesores sexenales ejercieran su poder sin sombra alguna.

Desde el exilio de Plutarco Elías Calles, en los años treinta, sólo Carlos Salinas vivió una especie de autoexilio forzado a raíz de su guerra imparable con Ernesto Zedillo, su sucesor y alumno. Ambos siguen en guerra de baja intensidad. A Zedillo lo han acusado en una corte de Estados Unidos por presunta responsabilidad en la matanza de Acteal, mientras a Salinas el repudio de la gente común lo acompaña cuando no protagoniza eventos de socialité.