Juan Villoro¿Qué elogio se le puede hacer a un periodista cultural? ¿Que ha retratado a la intelligentsia de su época? ¿Que ha hecho la crónica de cada uno de los grandes acontecimientos nacionales que le han tocado vivir, esos que luego se llamarán históricos? ¿Que no ha dado bandazos políticos y ha mantenido una férrea ética profesional? Acaso, sencillamente hay que agradecerle que haya dejado testimonio de personas y lugares, de ideas y acontecimientos. Su labor, si acaso tiene una, será la de inventar una memoria, una memoria a la vez pública, pues su trabajo se publica, e íntima porque elige, decide que sí y qué no, cuándo y qué momento, y así configura una mirada y con suerte, esa mirada se configura en algo tan preciso que se vuelve adjetivo, ¿será momento de decir que tal entrevista o crónica es villoriana? Tal vez, puesto que Juan Villoro recibe, en esta edición de la Feria Internacional del Libro, el premio Fernando Benítez al Periodismo Cultural, y con este pretexto lo llevamos a reflexionar sobre el periodismo, la cultura y los nuevos medios digitales.

Daniel Rodríguez Barrón: ¿Cómo conoció a Fernando Benítez?
Juan Villoro: Conocí a Fernando Benítez cuando yo tenía unos 18 o 17 años, me acerqué a la redacción del suplemento Sábado que él dirigía. Benítez fue el fundador moderno, digámoslo así, de los suplementos culturales. Había dirigido espacios en El Nacional, en Siempre, y cuando yo escribía mis primeros textos él estaba en Unomásuno que en ese entonces aglutinaba a la masa intelectual de México, y sobre todo, a los sectores de la izquierda. Yo le llevé algunos textos y él los empezó a publicar y luego se le ocurrió una cosa estrafalaria, extravagante, y es que yo escribiera de música, porque yo hacía un programa de rock, El lado oscuro de la luna, y a él le sonó que yo podía escribir de otras cosas y un poco de contrabando yo le empecé a llevar historias que tenían que ver con la realidad de México, pero en donde siempre algún personaje se asociaba con algún ritmo musical, eran como narraciones con una pista sonora de música.

DRB: ¿Qué modificó Benítez en los suplementos culturales?
JV: Una de las cosas que más le interesaban a Benítez era entender la cultura como un espectáculo; no en el sentido de banalizar la cultura sino en el sentido de llamar la atención sobre su importancia, entonces siempre escribía encabezados vistosos, siempre decía «si yo tengo tres textos muy importantes, no me debo reservar ninguno para el siguiente número, ¡toda la carne al asador!». Tenía esta idea de las grandes firmas, de los grandes nombres, que no necesariamente son los que todo el mundo conoce, sino los que se van creando. Él descubrió a José Emilio Pacheco cuando tenía 17 años, a Carlos Monsiváis cuando tenía 18, con el enorme talento que él tenía para suponer que los demás podría hacer cosas muy interesantes, les abrió un espacio, y allí se convirtieron en las firmas que luego marcaron la pauta del periodismo cultural mexicano.

DRB: ¿Existe mayor interés que hace años hacia el periodismo cultural?
JV: El periodismo se ha profesionalizado mucho y yo creo que hoy en día es bastante más sencillo vivir del periodismo sin recurrir a expedientes tan tremendos como el embute, la payola, que fueron muy comunes en otros tiempos y en cierta forma lo son ahora; pero yo creo que el periodismo ha encontrado una forma de expresarse como una profesión digna, mucha gente practicaba el periodismo en sus ratos libres, o de pronto hacía una nota para el periódico para tener una tribuna y hemos visto que existen plataformas mucho más serias para ejercer el oficio; lo cual no quiere decir que estemos en Jauja.

DRB: ¿Qué debe considerarse periodismo cultural?
JV: Yo creo que todo buen periodismo es cultural porque un buen reportaje o una buena crónica es algo que está muy bien escrito y entonces eso ya pertenece a la cultura. Por otra parte, las grandes historias de nuestro tiempo, narran lo que somos, y no solamente tienen que ver con una noticia sino con una percepción del mundo. Y la cultura pasa por la gastronomía, la ideología, la teología, el erotismo y todas las muy distintas formas de la representación y del arte. Entonces yo creo que es imposible decir que un buen periodista no es un periodista cultural, cuando Gabriel García Márquez escribe Relato de un náufrago, o cuando Martín Luis Guzmán escribe crónicas de la revolución mexicana, de una manera indirecta están haciendo periodismo cultural.

DRB: Pero no a todos los escritores les gusta hacer periodismo…
JV: Hay escritores a los que le sienta bien hacer periodismo y les interesa y pueden combinar el trabajo de ficción con el trabajo documental, pero yo creo que eso no es para todos, hay grandísimos poetas que sólo escriben poesía o cuentistas que no han escrito nunca un reportaje, o bien escritores que hicieron sus pininos en el periodismo y lo abandonaron para escribir novela. Hay de todo. En lo personal, yo me considero una persona que necesita las dos aguas. Necesito la crónica y el periodismo y por otra parte necesito la novela, el cuento y el teatro.

DRB: ¿Este auge del periodismo, de la crónica narrativa, por ejemplo, se debe a que sentimos una nostalgia de la realidad, debido a que pasamos tanto tiempo en el mundo digital?
JV: Hay una nostalgia de la realidad en la medida en que vivimos hoy en día filtrados por experiencias complejas, como por ejemplo las redes sociales, nos representamos a nosotros mismos espectralmente en una pantalla, asumimos un alias, muchas veces tenemos un avatar en algún sitio web como por ejemplo Second Life, esta segunda vida que te permite la realidad virtual, todos nosotros tenemos passwords, pins, que nos permiten acceder a otros espacios, y buena parte de nuestra vida sucede en el espacio conjetural a veces imaginario de las pantallas. La crónica, el periodismo, nos permite volver a esa región a veces olvidada de la vida real. Cuando yo era niño estaba de moda preguntarse si había vida en Marte, yo creo que hoy en día la pregunta debe de ser distinta, por eso escribí un libro sobre periodismo que se llama justamente ¿Hay vida en la Tierra?

DRB: ¿El periodismo debiera extender sus fronteras y reportear nuevas cosas?
JV: Yo creo que el periodismo debe encontrar su propia búsqueda de la realidad, uno de los grandes problemas para ejercer el periodismo, es que suele ir a remolque de las noticias más evidentes del día, y en el caso del periodismo cultural suele ir a remolque de la cartelera, los estrenos, la presentación de un libro, las declaraciones de una autoridad respecto a políticas culturales, etcétera. Yo creo que lo que falta y lo que sería más estimulante es el periodismo de investigación, que un reportero o un grupo de reporteros indaguen lo que se está haciendo en la arqueología en México y cómo se está renovando el pasado y hacer una serie de reportajes sobre eso al margen de que eso sea noticia ya o vaya a serlo pronto.

DRB: ¿Qué suplementos le gustan ahora?
JV: Cuando yo empecé a escribir había muchos y mejores espacios de los que hay ahora y eso es bastante dramático. Si nosotros pensamos en las figuras que en ese momento estaban dirigiendo revistas culturales el resultado es asombroso: Octavio Paz dirigía la revista Vuelta; Enrique Florescano, Nexos; Fernando Benítez el Sábado de Unomásuno; Carlos Monsiváis el suplemento de Siempre, Jaime García Terrés la Gaceta del FCE… Yo empecé escribiendo cuando estos titanes del medio cultural normaban el criterio y entonces era más sencillo establecer consensos y lograr un arbitraje cultural. Por ejemplo, si un libro era reseñado favorablemente en tres de estos medios, pues era un libro que ya había marcado una tendencia importante en la cultura mexicana, hoy en día no hay espacios de esta jerarquía, se han diluido muchísimo los suplementos, unos son simulaciones de suplementos en el sentido en que son muy pequeños o sólo se llevan por inercia, entonces el panorama es bastante triste.

DRB: ¿Entonces ahora cómo se valoran los libros o las exposiciones si ya no encuentran eco en los medios?
JV: Un fenómeno contemporáneo es la dispersión del juicio. En todas las experiencias artísticas tenemos nosotros una sobre-oferta, antes en el cuadrante teníamos un número limitado de estaciones y casi todo el mundo escuchaba AM y nada más; en el caso de la televisión, tenías televisión abierta y muy poca gente tenía acceso a televisión por cable o satelital. Lo mismo pasa con la oferta en internet que se ha ampliado a niveles astronómicos, México es un país, en lo que toca a lo periódicos, que tiene muchos, demasiados para fijar un consenso. Cuando yo empecé a leer periódicos, el Excélsior, dirigido por Julio Scherer era el periódico que se leía y había alternativas como El Universal y Novedades y pocas cosas más. Ahora la pulverización de medios es enorme, entonces en general encontramos que hay muchas opciones. Esto es bueno porque trae una democratización del gusto, se amplía la oferta y la capacidad de elegir, es complicado porque es mucho más difícil que se vayan estableciendo estos consensos.