por José Agustín Ortiz Pinchetti

La Jornada.

Foto: NotimexLa transición a la democracia en México aún no termina. En Rusia tomó seis años, en España 18 meses, en Europa oriental fue de terciopelo. Nosotros llevamos 36 años, si partimos de la reforma de Reyes Heroles (1977), 23 desde la creación del IFE (1990) o 17 desde la reforma definitiva de Zedillo (1996). Tan no ha terminado que ahí viene un nuevo cambio al sistema político-electoral. La quinta desde Miguel de la Madrid. Todas han sido respuesta a un fraude electoral o a graves irregularidades. Todas quieren corregir vicios y ser definitivas. Y todas fracasan, a pesar de reorganizar los órganos electorales, instalar sistemas cibernéticos ultramodernos y miles de millones y, sin embargo, la democracia que iba a venir no llega.

Los sondeos demuestran que el IFE está perdiendo confianza desde 2006 y que hoy una mayoría lo repudia. Un informe confidencial publicado esta semana describe desorden, duplicidad, ineficiencia, alto costo y exceso de personal. La gente cree, en firme, que las elecciones son tramposas y que el IFE es una tapadera del fraude. Y ahora tendremos un nuevo instituto que se encargará de todos los comicios. Desaparecerán los institutos electorales y se designarán nuevos funcionarios por cuotas. Hasta el tribunal electoral se transformará. Hay muchas críticas, pero los partidos están resueltos a ir adelante.

Todos sabemos que la solución no está en un nuevo monstruo burocrático, sino en la voluntad política. Mientras sea una oligarquía y/o el presidente quien decide quién será y el sucesor, no habrá reforma electoral efectiva. Recuerden cuando Zedillo sacó las manos de los procesos y dejó fluir: se produjo alternancia en el DF, recomposición en el Congreso (1997) y el PRI salió de Los Pinos (2000). Nadie impugnó y todos creímos que México podía estar en la lista de las democracias. Pero Fox, para darle gusto a la oligarquía, que había pagado su campaña, autorizó y realizó otro fraude con ayuda de la maestra EEG (2006). El año pasado, el PRI pudo comprar la elección, con la ayuda de Calderón y el encubrimiento del IFE y del tribunal electoral, y ahora otra reforma.

Mientras la prensa, la radio, la tv y el dinero estén controlados por los mandones, los trinquetes y cochupos serán cada vez más sofisticados y originales, y las elecciones no serán democráticas. Quienes gobiernan y saquean a México tendrán que comprender alguna vez los riesgos de una democracia simulada. Podemos temer otro fraude en 2018 y otras reformas en 2019 o 20. Bueno, si la acelerada descomposición en que vivimos no provoca otra cosa.

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