Texto publicado originalmente en Revista Esnob.

08012013 Niño Humillado de Tabasco 00Hace un tiempo se publicó en la Revists Esbnob un gran texto: The Rise & Fall del niño genio. En él, con gran acierto y humor, la autora analizaba justamente el encumbramiento y la estrepitosa caída del denominado «niño genio de Michoacán», pero también, lo que los medios de comunicación hacían con este tipo de niños, convirtiéndolos en un producto mediático.

No pude evitar pensar en aquello durante la última semana, después de ver lo ocurrido con Feliciano, el niño tzotzil vendedor de dulces al que un trabajador del ayuntamiento de Villahermosa, Tabasco, humilló de las más inhumana de las formas, obligándolo a tirar todo el contenido de su canasta mientras se robaba un par de cajetillas de cigarros.

El caso reventó el pasado 24 de julio cuando el diputado local del Partido Acción Nacional (PAN) en Tabasco, Francisco Castillo Ramírez, difundió en Twitter el video en cuestión y en el que denunciaba tanto a Juan Diego López Jiménez, el funcionario, como el hecho de que más de 700 mil menores trabajan en México vendiendo dulces y chicles.

Las redes sociales hirvieron, y con justa razón: parte el corazón ver la impotencia del niño ante lo que, como claramente dice el título del video, es un «abuso de autoridad». Feliciano llora mientras avienta desesperado todo lo que trae dentro de la canasta, para después hacerse un ovillo y llevarse las manos a la cabeza

Como ha ocurrido recientemente en casos en los que las redes sociales salen del Internet y las denuncias que ahí se hacen tienen repercusiones en el mundo real, ante la furia de tuiteros e indignados de Facebook, el caso se convirtió en una bola de nieve que comenzó con la postura oficial del Ayuntamiento y el posterior despido del funcionario.

La historia comenzó a adquirir otro cariz cuando se hizo público que la Procuraduría General de Justicia del Estado de Tabasco había girado una orden de presentación contra López Jiménez y contra Carmen Torres Díaz, la otra funcionaria que aparece en el video sin hacer nada ante la humillación de Feliciano. A ambos se les acusó de abuso de autoridad y robo con violencia moral. Torres Díaz fue detenida y posteriormente liberada bajo fianza y López Jiménez se mantiene prófugo. De igual forma, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) inició su propia queja de oficio.

Mientras todo esto ocurría, el gobernador de Tabasco, Arturo Núñez Jiménez, ofreció a Manuel una beca para que pudiera estudiar la primaria. Y justo ahí empieza el rise & fall: por un lado buscaba hacerse justicia, pero por el otro, los medios se sirvieron de los elementos de esta historia para cocinar, poco a poco, la propia.

Gracias a un reporte del especial informativo Atando Cabos nos enteramos que «Manuel» era un niño tzotzil huérfano originario de San Juan Chamula, Chiapas, que se tenía que dedicar a la venta de dulces, cigarros y chicles para poder sobrevivir. Así pues, y a partir de ese momento, todos los medios le pusieron dos nombres al chamaco: «Manuel» o el «niño humillado de Tabasco».

Opiniones e indignaciones se dieron, pero nadie sabía nada de Manuel, ni siquiera el gobernador de Tabasco que quería darle la beca, pues el menor ya se había regresado a Chiapas con su familia, lejos de los funcionarios inhumanos. Pero había que hacer justicia, y más importante aún, había que mostrar al mundo que esta historia debía tener un final feliz.

Así pues, Televisión Azteca y Rocío Sánchez Azuara desplegaron todo su poderío y encontraron a Manuelito, quien resultó llamarse Feliciano y no ser huérfano. De repente, Feliciano estaba sentado en uno de los sillones de Cosas de la Vida junto a su madre y un traductor de tzotzil. Con una dramática música de fondo, Sánchez Azuara entrevistó durante dieciocho minutos al «niño humillado de Tabasco». «¿Qué sentiste cuando estas personas se acercaron a ti y te hicieron que tiraras los dulces?», pregunta la conductora antes de que Feliciano rompa en llanto.

 

«Feliciano quería trabajar para comprar sus útiles escolares, sin embargo, sólo fue humillado», dice el súper que enmarca el recuadro televisivo, para a los pocos segundos ser sustituido por un «No te despegues (…) en unos minutos la familia de Jenni Rivera nos revelará sus más grandes secretos». Sánchez Azuara intercalará la entrevista con juicios y cuestionamientos morales dirigidos al público mientras un «En Exclusiva» la corona. El video que dio origen a todo esto se reproduce una y otra vez en el fondo mientras Feliciano sigue llorando y Sánchez Azuara lo presiona para que hable (en uno de sus momentos más desesperados, le pregunta si aceptaría ser su novio). «Depende de la respuesta es que yo veo si te puedo dar lo que te tengo preparado», insiste la conductora, que posteriormente le regalará útiles escolares, una mochila y una computadora «para que puedas seguir estudiando».

Mientras Sánchez Azuara comprometía al equipo de Cosas de la Vida a ayudar a la comunidad de Feliciano, la primera dama de este país, Angélica Rivera, hizo público que quería regalarle a «el niño humillado de Tabasco» una papelería. A través del Sistema Nacional del DIF se informó que la esposa del presidente Enrique Peña Nieto quería otorgar a la familia de Feliciano un “proyecto productivo consistente en la instalación de una papelería que otorgue el servicio de fotocopiado e impresión”.

Por supuesto, es excelente que Feliciano sea ayudado. Aún si no hubiese sido humillado, resultaría genial que le den a Feliciano y su familia apoyos como estos; sin embargo, pareciera ser que no se está viendo la situación específica de Feliciano, sino del «niño humillado de Tabasco», el constructo mediático. ¿Realmente una papelería con impresiones o copias le ayudará a esta familia y a esta comunidad? ¿O será que sus necesidades son, en realidad, otras?

Y es que «el niño humillado de Tabasco» debe dolernos. No importa si «el niño humillado de Tabasco» es un huérfano llamado Manuel que viajó a Tabasco para vender chicles y sobrevivir; o si es un chico llamado Feliciano que, junto con sus padres, forma parte de una comunidad indígena. Pareciera, incluso, que el asunto no es tanto que ese anónimo «niño humillado de Tabasco» deba dolernos sino, por lo que demuestran emisiones como Cosas de la Vida, nos provoque lástima. Y no para generar una conciencia en la sociedad y así ayudar a una comunidad vulnerable, sino para tener la exclusiva, el rating, los lectores, los seguidores. Para vender, pues. Porque claro, son igual de preocupantes el «niño humillado de Tabasco» que los «más grandes secretos de la familia de Jenni Rivera».

En México tenemos y hemos tenido desde hace décadas una serie de programas que buscan combatir la pobreza y que, al parecer, no han sido muy útiles. Recientemente el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) publicó las cifras de su más reciente estudio, y no son precisamente alentadoras. En México, el número de pobres ha aumentado a 53.5 millones de personas, 500 mil más que en 2010. Si bien, la cifra de gente viviendo en pobreza extrema se redujo, lo cierto es que aún hablamos de millones de personas con carencias.

¿Hará Sánchez Azuara 53.5 millones de emisiones para ayudar a toda esa gente? ¿Necesitan provocarnos lástima esos 53.5 millones de personas para que se haga algo? ¿Tiene que haber 53.5 millones de «niños humillados de Tabasco» para que nos sintamos realmente indignados? El problema es mucho más grave y de fondo, y no se resolverá ni con una infinidad de Cosas de la Vida, ni con tuits, ni con estados de Facebook que demuestren cuán indignados estamos. Sin duda tenemos que alegrarnos por Feliciano Díaz quien pudo encontrar algo de justicia en su caso, pero hay que tener en cuenta que su historia es una entre millones.

El «niño humillado de Tabasco» es un producto mediático que complace al momento, pero que no resuelve un problema grave y que ha aquejado a este país desde su mera formación.