En varios estados la abstención electoral fue muy marcada. La imagen corresponde a una casilla de Culiacán. Foto: Javier Valdez. Fuente: jornada.unam.mx

En varios estados la abstención electoral fue muy marcada. La imagen corresponde a una casilla de Culiacán. Foto: Javier Valdez. Fuente: jornada.unam.mx

En Quintana Roo, el PRI arrasó: ganó en los 10 municipios, incluyendo Benito Juárez (Cancún) que se lo arrebató al PRD e Isla Mujeres, donde gobernaba el PAN, pero sólo votaron 3 de cada 10 de los ciudadanos inscritos en el padrón electoral.

En Baja California, la “joya de la corona”, sólo votaron 4 de los 10 ciudadanos empadronados. La victoria cerrada del candidato de la alianza PAN-PRD, Kiko de la Vega, se ha visto empañada por los “errores algorítmicos” del sistema del PREP. Al PRI no le fue nada mal. Recuperó Tijuana, la ciudad más importante, donde ganó Jorge Astiazarán, apoyado por el verdadero poder tras el trono en la entidad: Jorge Hank Rohn.

En Baja California, el alto índice de abstencionismo plantea un problema de legitimidad grave para el  próximo gobernador: sea Kiko Vega (PAN-PRD) o Fernando Castro Trenti (PRI-PVEM) quien gobierne finalmente, lo hará con apenas el 22 por ciento de los empadronados. Es decir, gobernará no con la mayoría sino con la quinta parte de los ciudadanos en edad para votar.

Un panorama similar de “recuperación” del PRI se dio en Veracruz y en Tamaulipas, donde la abstención también superó el 60 por ciento. Y ni hablar de Hidalgo –donde se renovó el Congreso local-, con índices de abstención superiores al 70 por ciento. El “carro completo” con ausencia de electores.

También en Puebla, donde el gobernador Rafael Moreno Valle hizo todo para tener el control de la alcaldía de la capital, y lograr el “carro completo” en el Congreso local y en la mayoría de los municipios, la abstención se impuso. Sólo 4 de cada 10 ciudadanos salieron a votar.

En Sinaloa, Tlaxcala, Chihuahua, Zacatecas, Oaxaca, Durango y Aguascalientes, el abstencionismo fue escandaloso. En relación con los hechos de violencia y delictivos, en Sinaloa, Durango y Oaxaca sólo salieron a votar el 30 por ciento de los ciudadanos. Y en Aguascalientes, la participación no fue mayor del 35 por ciento. Ahí el PAN está feliz porque retuvo la capital. Lo mismo sucedió en Zacatecas, donde el PRI aventaja en la mayoría de los municipios en medio de la violencia. El PRI recuperó en Chihuahua a la capital y la fronteriza Ciudad Juárez.

En otras palabras, la partidocracia ganó en cada uno de sus bastiones, pero frente a un enorme boquete de indiferencia ciudadana. El “Candigato Morris” en Xalapa, no fue una excentricidad sino el síntoma de una enfermedad mayor: la enorme desconfianza y escepticismo de los electores frente a las propuestas políticas.

Para la élite de la comentocracia (esta clase mediática que domina los micrófonos en radio y televisión), lo importante es que “no se pone en riesgo el Pacto por México” porque al ganar el PAN en Baja California (sobre todo, el grupo maderista confrontado con los calderonistas-corderistas) se espera que no se rompa esta especie de mecanismo de gobernabilidad inventado por el peñismo.

Al PRD le fue pésimo (perdió alcaldías claves, no repuntó ni consiguió avanzar en el norte del país), pero su dirigente nacional Jesús Zambrano podrá “vender” como éxitos lo que, en realidad, son migajas de su alianza con el PAN en Baja California, en Puebla y en Oaxaca. Con eso, el grupo de los Chuchos continuarán tratando de convencer sobre la necesidad de mantenerse en el Pacto por México.

El contraste es brutal: si a nivel nacional quieren promover el “éxito” del Pacto por México después de estas elecciones estatales y municipales, lo que en realidad están diciendo es que el actual sistema de partidos y las opciones que plantean al electorado sólo han generado indiferencia y una abstención escandalosa.

“No se extrañen si aquí ocurre algo similar a Brasil”, afirmó un usuario de Twitter. Y es probable que tenga razón: las urnas no están atrayendo a los ciudadanos.