Texto publicado originalmente en Revista Esnob.

La más reciente campaña de la aerolínea VivaAerobus hace clara referencia a los últimos acontecimientos que le han dado mala fama en redes sociales. Fuente: vivaerobus.com

La más reciente campaña de la aerolínea VivaAerobus hace clara referencia a los últimos acontecimientos que le han dado mala fama en redes sociales. Fuente: vivaerobus.com

El título de este post no es producto de mi creatividad, sino de la de un publicista con bastante descaro, y es que esta frase pertenece a la más reciente campaña de la aerolínea VivaAerobus, que estuvo tres días en el ojo del huracán de las redes sociales por un par de video escándalos que sacaban a la luz tanto el mal servicio de la empresa como la prepotencia –e incluso, violencia– de algunos de sus clientes.

Por muy descarada que sea esta campaña (en la que hacen referencia casi directa a los sucesos de los últimos días), no deja de decir lo que parece ser una verdad: en este país ya no pueden plantearse como paralelos los conceptos de dama y lady, así como de caballero y gentleman. Los significados han cambiado.

Y es que por mucho que estemos viviendo en pleno mirreynato, estamos viviendo también en una era en la que la impunidad, la prepotencia, el clasismo, e incluso, el tráfico de influencias, tienen dos grandes enemigos: las redes sociales y los smartphones.

La capacidad de poder registrar al instante cualquier evento, así como el contar con espacios que nos permitan compartirlos de forma masiva, han puesto en la mira fenómenos que normalmente pasaban desapercibidos o se quedaban en la ilusión del chisme, del rumor.

Una furiosa #LadyBosques sostiene en su mano derecha lo que durante el mirreynato será la mayor arma contra las ladies y los gentlemen: un smartphone. Imagen: Tomada de Youtube.

Una furiosa #LadyBosques sostiene en su mano derecha lo que durante el mirreynato será la mayor arma contra las ladies y los gentlemen: un smartphone. Imagen: Tomada de Youtube.

Hasta hace un tiempo, la niña mimada que mandaba cortar cabezas con tan sólo llamar a su papi, las mujeres de la corte que podían gritarle al asalariado de mierda y recordarle cuál era su lugar en la escala social, el empresario que humillaba al empleado a niveles inhumanos, la mujer que ante a una infracción llamaba al superior para quedar libre, el político que se aprovechaba de su posición para demandar un trato distinto al resto de la humanidad, eran meras historias que alguien nos contaba que había escuchado de alguien que lo había presenciado. Leyendas urbanas que alimentaron al imaginario popular y que, como si se tratase de una investigación científica, hoy podemos comprobar casi como hechos.

El suceso que se podría considerar inauguró la era de las ladies y los gentlemen en nuestro país se dio en agosto de 2011 y viene atado a una linda ironía: una ex reina de belleza poblana y la antigua participante de un reality show decidieron que no era justo que la policía las detuviera por conducir en estado de ebriedad y, en todo un desplante histriónico, se encargaron de recordarle a los oficiales que eran un «pinche puto de mierda», un «pinche asalariado de mierda» y que por gente como ellos «a este puto país nos está cargando la verga». La ironía está, pues, en que una de las ladies fundadoras viniera de un reality llamado Big Brother y, una vez más, ella era víctima de esta realidad orwelliana en el que un gran ojo las observa y las juzga.

El giro interesante en este caso es que nosotros, la prole (como erróneamente lo definiría Pau Peña en Twitter, ya que en realidad la palabra como tal refiere más al linaje), somos ese gran hermano que observa con millones de visiones y conexiones.

Posteriormente vendría Miguel Sacal, el empresario bautizado como #GentlemanDeLasLomas que le propinaría tremenda humillada y golpiza al empleado de un valet parking. «No sabes con quién te metes pendejo, pinche gato, pinches indios», le dijo Sacal al trabajador mientras lo golpeaba.

A la lista se sumarían la #LadyDeBosques, el #GentlemanDeOaxaca, la #LadyProfeco, #LadyDeLaRoma, la #LadyCelaya y, más recientemente, la #LadySenadora. Todos parte de esta nueva aristocracia mexicana y, todos, con bastantes comunes denominadores.

Todos tienen alguna conexión política importante que puede destruir al «asalariado de mierda» o, incluso, son parte de la política, como Luz María Beristain, la Senadora del PRD que en la culminación de su discurso exclamó “¡Soy tu representante en la tribuna más alta del país!», después de que por llegar tarde la aerolínea no parara el vuelo para que la Senadora abordara: “hasta las otras aerolíneas mucho más importantes que ésta tienen un criterio: si viene un gobernador, un senador o un presidente municipal le apartan”.

 

Todos los gentlemen y las ladies parecen contar con una especie de superioridad ontológica que los separa de esos seres inferiores que tan imposible les hacen la existencia. En el fondo de todos estos discursos yacen un claro racismo, un terrible clasismo, e incluso, una preocupante inhumanidad. «¡Pinches gatos! […] ¡Tú me vales madres! ¿Quién eres? […] ¡Tú me vales madres!», berrea una histérica #LadyDeBosques que demuestra que no tiene ningún interés por el otro y, mucho menos (al igual que sus homónimas), por esos seres inferiores que son los empleados, los asalariados, la clase trabajadora, pues.

Aquel discurso es el mismo que el del «pinche asalariado de mierda» de las ladies de Polanco, el «pinche gato, pinches indios» del gentleman de las Lomas, y pese a su intento por verse políticamente correcta, del «¿Dónde estudiaste, preciosa? ¡No parece!», de Beristain.

Otro lamentable común denominador es la violencia que rige a todos estos casos: los gritos salvajes de las ladies tanto de Polanco como la de los Bosques, el ataque verbal pasivo agresivo de Beristain, los golpes del Gentleman de las Lomas o, incluso, de los clientes furiosos víctimas del mal servidio de VivaAerobus.

Un tercer común denominador, todavía más interesante, es que una vez que sale a la luz alguno de estos escándalos, comenzamos a descubrir que no eran hechos aislados sino una conducta constante: Miguel Sacal ya había agredido a un reportero del periódico Reforma en un tono muy similar al que usó con el recepcionista que golpeó, la #LadyDeLaRoma resultó tener un largo historial delictivo y a Beristain le surgieron un par de videos más en los que usaba su cargo como excusa para evitar a la autoridad.

Por último, otra cosa que han tenido en común estas historias es que, gracias a que las redes sociales las viralizaron, fue necesario ejercer castigos ejemplares que demostraran que el sistema no fallaba (en teoría): la #LadiesDePolanco tuvieron que pagar decenas de miles de pesos para no ingresar a la cárcel, cosa que Miguel Sacal no pudo evitar y en febrero de 2012 ingresó al reclusorio oriente para después salir libre con una fianza de 20 mil pesos. Humberto Benítez Treviño fue destituido por orden directa del Presidente tras el escándalo que su hija, Andrea «#LadyProfeco» Benítez, provocó. La #LadyDeLaRoma está actualmente en Santa Martha Acatitla, tras haber atropellado y matado a una mujer; y, por su parte, Luz María Beristain ha sido expuesta tanto en redes sociales como medios de comunicación.

¿Cambiarán en algo estos castigos al problema de fondo? ¿Será que con esta exposición de la prepotencia, el clasismo, la violencia, el influyentismo y los aires de grandeza, haya realmente un cambio? Es difícil saberlo, sobre todo porque éstas son actitudes que tienen años existiendo y, como bien dicen, hierba mala nunca muere. Pero si no desaparecen, al menos todos aquellos que las ejercen se irán con mayor cuidado para no acabar recibiendo un título de estos. Si no es por honestidad al menos será por vergüenza o miedo.

Ya no es lo mismo dama que lady ni caballero que gentleman, pero nunca lo fueron; la diferencia está en que ahora podemos comprobarlo.