por Miguel Á. Elorza-Vásquez.

@melorzav.

Marcha por la periodista Regina Martínez, asesinada en abril de 2012, que se llevó a cabo el pasado domingo 28 de abril en Jalapa, Veracruz. Foto: Noé Noé Zavaleta.

Marcha por la periodista Regina Martínez, asesinada en abril de 2012, que se llevó a cabo el pasado domingo 28 de abril en Jalapa, Veracruz. Foto: Noé Noé Zavaleta.

El pasado domingo 28 de abril, a un año del asesinato en Xalapa, Veracruz, de la periodista Regina Martínez, corresponsal de la Revista Proceso en esa entidad, periodistas, académicos, estudiantes y una sociedad que todavía está en duelo, salieron a las calles de varias ciudades del país  para manifestarse en una jornada nacional en defensa de la libertad de expresión en contra de la impunidad, con la consigna de justicia.

Justicia por el asesinato de Regina Martínez y la aclaración —sin duda alguna, sin telones de humo, sin chivos expiatorios, sin mentiras—,  del crimen que en octubre de 2013, a seis meses del homicidio de la periodista y profesora, la Procuraduría General de Justica (PFJ) del estado de Veracruz pretendió resolver con la exhibición de Jorge Antonio Silva Hernández como presunto asesino.

Aún hay contradicciones en el caso.  Movido por el robo, según la versión oficial,  Silva Hernández no se llevó muchos bienes en el domicilio de Regina Martínez, en la colonia Felipe Carrillo Puerto: una laptop nueva, una impresora, un reproductor de videos, entre otros. Además, el cuerpo de la periodista fue encontrado tirado en el baño de su casa, entre la puerta y la tina del baño, a un costado del inodoro, con una jerga alrededor de su cuello que cubría los moretones del pómulo y del mentón y, por si fuera poco, presentaba la rotura de un maxilar y de dos costillas, signos que bien podrían considerarse como de tortura.

Sin investigar a fondo el trabajo de la periodista que indagó “el dispendio y descomunal endeudamiento que dejó Fidel Herrera al concluir su sexenio, que investigó y publicó la corrupción y la impunidad en Veracruz: la ola violenta de Los Zetas y cómo se adueñaron del territorio ante la omisión cómplice de los gobernadores Herrera y Duartel” (Proceso, 1853) y, además, que cubrió y dio cuenta de los asesinatos de sus colegas en la entidad.

La PGJ pretendió cerrar el caso sin tocar a aquellos tan cercanos a la administración del exgobernador Fidel Herrera Beltrán y del propio Javier Duarte, a pesar de que, según Proceso (1853), varias organizaciones “coincidieron en que la primera línea de investigación que la procuraduría local debe agotar es la relacionada con su trabajo periodístico”.

Como puede verse, sin ir más allá de la superficie la PGJ veracruzana pretendió dar carpetazo a la investigación del crimen del homicidio de Regina Martínez, a pesar de lo que el director general de Proceso, Julio Scherer García, le espetará al gobernador Javier Duarte, el domingo 29 de abril de 2012, un día después del homicidio:

Lo que usted está diciendo y lo que acabamos de escuchar no es más que la superficie. No hay explicación alguna de las aguas profundas en las que ocurrió el asesinato de nuestra reportera. La muerte de Regina Martínez es producto de la descomposición del estado y del país. Queremos saber qué hay debajo de esa superficie. Aunque en suma, señor gobernador, no les creemos.

Scherer se adelantó a los resultados de las investigaciones de la Procuraduría Veracruzana. La juez Beatriz Rivera Hernández, sentenció a “quien no se puede defender”, como reza el comunicado de la revista Proceso del 9 de abril de 2013 puesto que ésta “sin honrar la división de poderes propias de una democracia siguió al pie de la letra, con todas sus inconsistencias, el expediente armado por la Procuraduría General de Justicia (PGJ) para sentenciar a 38 años de prisión a Jorge Antonio Silva Hernández”, de manera tal que el gobierno de Veracruz, encabezado por Javier Duarte, hizo realidad lo que el periodista Jenaro Villamil adelantara el 30 de abril de 2012 en el Réquiem para Regina (y otros muchos):

Llegarán los burócratas del crimen/ a decirnos, tan formales, sus mentiras, a entregarnos con lágrimas de cocodrilo/ condolencias, demagogia, inconsecuencias;/ transformaran tu valentía en número/ en un expediente más/ como si la estadística forense,/ invento de los censores,/fuera lápida para tu pluma,/ simulación tenaz de carnaval veracruzano.

“No les creímos y no les creemos.”

Las manifestaciones en al menos 11 ciudades del país que el domingo 28, aniversario del asesinato de Regina Martínez, comenzaron a las 11 de la mañana reclamando justicia por los periodistas y fotógrafos asesinados, con moños negros, ofrendas en las redacciones y el pase de lista de “los compañeros y compañeras ausentes”, entre otras acciones simbólicas, sólo pueden explicarse por la indignación de la sociedad que ya no cree las verdades que no son ciertas de un gobierno que, cuidado sus intereses y sus esbirros, pretende imponer.

El “no les creemos” de Julio Scherer a Javier Duarte se volvió pretérito y presente y traspasó la redacción de la Revista Proceso para convertirse en grito colectivo, justicia frente a una investigación que no es clara —ya no se diga cierta— porque, como refiere Carlos Moncada en Oficio de Muerte (Grijalbo, 2012) “no hay duda de que la delincuencia organizada, con la probable participación de funcionarios del gobierno local, tramaron y llevaron a cabo el asesinato de Regina Martínez, periodista modelo de rectitud y probado profesionalismo [pues] la hallaron muerta por estrangulación y con diversos golpes en el rostro y en el cuerpo, en su casa de Xalapa, el 28 de abril de 2012”

“No les creímos y no les creemos”  fue la consigna de decenas de periodistas.  En Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, alrededor de la estatua de la Libertad y la efigie de Joaquín Miguel Gutiérrez Canales, héroe del liberalismo chiapaneco, la sociedad civil se reunió para recordar a Regina Martínez y, al mismo tiempo, exigir libertad de expresión pues, como mencionó Gabriela Coutiño, corresponsal de MVS en la entidad, “la libertad de presa es un termómetro de la democracia.”

En Cuernavaca, en el zócalo, periodistas y sociedad civil rindieron un minuto de silencio por los periodistas muertos y exigieron dar certidumbre sobre los crímenes contra el fotoperiodista Daniel Martínez. En  Guadalajara, junto a las Bordadoras de la Paz del Parque Revolución, se realizó un acto simbólico exhibiendo pañuelos con los nombres de los periodistas asesinados y desaparecidos y, en Querétaro, Fresnillo, Oaxaca y Chihuahua se realizaron actos similares.

En la ciudad de México la manifestación comenzó frente a la Secretaría de Gobernación donde Judith Calderón Gómez, presidenta de la Casa de los Derechos de Periodistas (CDP), acompañó a la reportera de la Revista Proceso, Jesusa Cervantes, quien refirió que a un año del homicidio de Regina Martínez, no ha podido tener acceso al expediente para conocer cómo va la investigación.

Jesusa Cervantes mencionó la presunta intención, que ya había denunciado la Revista Proceso, de funcionarios y exfuncionarios del estado de Veracruz de atentar contra la integridad personal de Jorge Carrasco, reportero de esa revista, debido al seguimiento que éste le dio al caso del asesinato de Regina Martínez. Después siguió una marcha que concluyó en la Casa del Gobierno de Veracruz en el D.F.

 

¡Ni un reportero más!

El mismo domingo 28 de abril, la ciudad de Xalapa, Veracruz, se convirtió en el centro de la Jornada Nacional en Defensa de la Libertad de Expresión en contra de la Impunidad.  La manifestación se llevó a cabo en Plaza Lerdo, frente al palacio de gobierno y, al igual que en el resto de las ciudades del país, ésta comenzó a las 11 de la mañana.

Sociedad civil, estudiantes y académicos de la Universidad Veracruzana y miembros de la Red de Periodistas de a Pie que viajaron desde la ciudad de México, clamaron por ¡Justicia! Y gritarón ¡Ni un reportero más!, a la vez que con consignas y un emotivo pase de lista recordaron a la corresponsal de Proceso, en el aniversario de su asesinato, y a Guillermo Luna Varela, Gabriel Huge Córdova fotógrafo de Veracruz News, Esteban Rodríguez, fotógrafo del Diario AZ, Yolanda Ordaz, reportera de Notiver, Miguel López Velasco, Miguel López Solana, también de Notiver, Noel López Olguín de Horizonte y Noticias de Acayucan y Víctor Manuel Báez Chino de Milenio Portal de Veracruz, todos ellos asesinados.

En la manifestación estuvo el escritor mexicano Juan Villoro que se encontraba en aquella ciudad para participar, junto a Sergio Pitol, premio Cervantes, en la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU) organizada por la Universidad Veracruzana. Villoro, al igual que el resto de los manifestantes, marchó alrededor del Palacio de Gobierno de Veracruz. Durante la manifestación, algunos jóvenes realizaron pintas en las escalinatas externas del palacio de gobierno, pero éstas fueron borradas inmediatamente después de que terminó la manifestación por empleados del gobierno del Estado.

En su momento más importante, la marcha-protesta contó con alrededor de 300 personas, cifra que algunos minimizaron pero que toma importancia si se considera que en Veracruz el miedo anda por la calle y se mete a las casas disfrazado de vida cotidiana pues, como lo mencionara Regina Martínez el 27 de septiembre de 2011 a una organización de periodistas, “ahora la situación es completamente represiva con el gobierno de Javier Duarte, […] el clima de terror se siente en todo Veracruz, no sólo en Xalapa o el puerto[…] es el peor clima de terror donde el gobierno y los malosos están actuando de manera conjunto […] Vivo el peor clima de terror, cierro con llave toda la casa, no duermo y salgo a la calle viendo a un lado y a otro para ver si no hay peligro” (Proceso 1853).