Tuits Andy Benitez 01Entre el viernes 26 y el domingo 28 de abril en Twitter, la red social más dinámica, surgió #LadyProfeco, un Trending Topic que escaló hasta las páginas de los periódicos y los medios electrónicos nacionales y norteamericanos. Más de 20 memes delirantes hicieron referencia a una anécdota que se convirtió  en el nuevo ejemplo de la arbitrariedad, el tráfico de influencias y el nepotismo que domina el estilo atlacomulquense de gobernar.

La anécdota parecía un episodio más de una junior con aires de influyente. Andrea Benítez González, hija de Humberto Benítez Treviño, viejo lobo de mar que se forjó en el hankismo, acudió a un restaurante de la colonia Roma. Se molestó porque no le dieron la mesa que hubiera esperado en el Maximo Bistrot. Le advirtió a la dueña que “no sabían con quien se metía” y amenazó con mandar a clausurar el local.

En una reacción exprés, llegaron verificadores de la Procuraduría Federal del Consumidor, la dependencia que encabeza el papá, Benítez Treviño. Pusieron sellos para cerrar el restaurante en un operativo en la tarde del mismo viernes. Los comensales se enojaron. Y subieron en la red el abuso de los empleados de la Dirección General de Verificación y Vigilancia de la Profeco.

Muy pronto, Benítez González fue rebautizada como #LadyProfeco por sus desplantes. Y se convirtió en uno de los personajes más mencionados en las redes sociales, quizá sólo superada por el Niño Verde, el eterno legislador del PVEM que tuvo su dosis de crítica social por pretender darle la vuelta a la sanción administrativa del alcoholímetro, o por la propia hija de Peña Nieto, Paulina, quien popularizó el término “proles” cuando tuvo el desatino de retuitear el mensaje racista de su prometido.

La crisis viralizó al gobierno de Peña Nieto. Trascendió a los masivos e impresos. Y en Estados Unidos tres influyentes periódicos publicaron la historia como una muestra del tráfico de influencias que persiste en el régimen del “nuevo PRI”.

Preocupados por la imagen, las percepciones negativas, pero muy poco eficaces para modificar las conductas derivadas del nepotismo, los imagólogos del gobierno federal hallaron dos “soluciones”: ordenarle al papá de la dama que pidiera disculpas y que la Secretaría de la Función Pública realizara una investigación sobre las arbitrariedades cometidas.

Benítez Treviño, ex procurador general de la República en el peor año de la administración salinista (1994), procurador del Estado de México y mentor de muchas generaciones de abogados y políticos, incluyendo al propio Peña Nieto, utilizó el Twitter para emitir un mensaje que reactivó la crisis:

“Mi sincera disculpa por la inapropiada conducta de mi hija y la sobrerreacción de los verificadores de @Profeco. Privilegio sólo por la ley”.

¿Sobrerreacción? ¿Disculpa? ¿Dónde estaba el titular de la Profeco cuando su hija decidió enviar a sus verificadores para cumplir su amenaza?

La información complementaria reveló que Benítez Treviño llevaba más de diez días ausente de la Profeco, convaleciente de una lesión en la cadera, según explicó el área de Comunicación Social de la dependencia.

Este 30 de abril, quizá para estar a tono con el día del niño, el jefe inmediato del titular de Profeco, el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, afirmó que Benítez Treviño se mantendrá en su cargo, a pesar de que la presidencia de la República ordenó una investigación a la Secretaría de la Función Pública. En otras palabras, atole con el dedo para sortear la virulencia de los mensajes que se generaron en torno al caso.

El episodio de #LadyProfeco se partidizó. El PAN propuso el 30 de abril que Benítez Treviño comparezca ante el Senado para explicar la prepotencia y el “berrinche” de su hija, repitiendo el esquema de lo sucedido con la titular de Sedesol, Rosario Robles, otra figura involucrada en el escándalo de la utilización electoral de la Cruzada Nacional contra el Hambre, a raíz de los videos y audios de Veracruz.

El PRD también ha condenado este episodio como una muestra de impunidad, mientras que los priistas hacen como que capotean la virulencia señalando que es un problema de una hija prepotente y no el síntoma de una enfermedad que atraviesa a toda la clase política.

Uno de los hermanos del diputado federal del PRI, José Rangel Espinosa, fue señalado como uno de los integrantes del grupo de verificadores que cerraron el restaurante. Rangel negó airadamente en entrevistas radiofónicas que su hermano Jesús Rolando Rangel tuviera alguna relación con el operativo en el Maximo Bistrot.

#LadyProfeco no está sólo en el PRI. Ahí está el caso de la hija de Carlos Romero Deschamps, el magnate petrolero, que presumió en Facebook sus niveles de vida poco relacionados con el mundo laboral. También está el caso de una abogada de la administración capitalina que presumió en la misma red social su fascinación por las armas y el mal gusto derivado del art narcó. Y, por si fuera poco, todos recuerdan los desplantes de los hijos de Marta Sahagún en la época que su madre encabezaba la presidencia bicéfala de la República.

La diferencia en este caso fue la rapidez y la contundencia con que reaccionaron los usuarios de las redes sociales. Frente a la arbitrariedad y la impunidad prevalecientes que le apuestan al efecto efímero de los escándalos, el hashtag #LadyProfeco llegó para quedarse.