por Celeste Ramírez
Benditas sean las tímidas lesbianas
que comparten el cuarto de señoras,
Gretas Garbo, Chavelas, Marijuanas
sáficas, vaginitas de Pandora.
J.Sabina.
(Abril, 2005)
Hasta antes del boom noventero que catapultó internacionalmente a la mestiza ardiente de lengua libre, Chavela Vargas, la cantante se desarrolló con cierto estigma. Eran generalizados los comentarios de la pacata y moralina sociedad mexicana en torno a su homosexualidad que nunca escondió tras maquillaje o insulsos vestidos de tul.
Hasta antes de ese insólito éxito, en los sitios oscuros –todos de baja monta- donde la Vargas interpretaba como nadie a José Alfredo Jiménez, acudía la prole y la intelectualidad mexicana tan proclive a la trasnochada bohemia, pero además había una presencia clandestina de políticos en farra, acaudalados hombres de negocios, irredentas divorciadas de la high society y rebeldes niños “popis”, quienes, ya lo decía la Llorona, iban a verla para llorar, para llorar quedito los entuertos del corazón. Porque en voz de la Chamana, la canción de las cuitas, roe, humedece y acurruca la soledad.
Con la canción icónica “Ponme la mano aquí, Macorina”, pocas veces participó en el sesentero programa televisivo Premier Orfeón donde impulsaban el bolero y las rancheras, serie que dio paso al programa juvenil “Premier Orfeón a Go Go”. En aquel tiempo, como hasta ahora, apremiaba lo comercial.
México como cualquier amante apasionado fue ingrato con La Vargas. La creciente industria del entretenimiento la acotó a los tugurios de neón. Lésbica irredenta a la que se le negó sistemáticamente cualquier escenario digno. Y, sin embargo, en 1957 amenizó una de las bodas más esperadas de la época: el matrimonio de Elizabeth Taylor con el productor de cine Mike Todd. “La pachanga fue en Acapulco y duró tres días. La noche principal todos se durmieron con todos y yo amanecí con Ava Gardner“, rememoró Vargas a través de su cuenta oficial de Facebook.
Amiga de políticos, recordaba con cariño al ex presidente Miguel Alemán Valdés, su amigo entrañable. Y a Miguelito quien le regaló una casa en Playa Zapote, Veracruz, donde vivió por dos años.
A principios de los noventa, tuvo que ser un cineasta español de nombre Pedro Almodóvar quien la redescubrió y revindicó convirtiéndose en su mayor difusor en Europa. La Chamana logró escenarios nunca antes pensados. Y participaciones cinematográficas como la más amada de las chicas Almodóvar: Kika (1993), con el performance “Luz de luna”; La flor de mi secreto (1995), con el performance “En el último trago” y Carne trémula (1997) con “Somos”.
Después algunas de sus interpretaciones formaron parte del soundtrack de películas como Frida (2002), La casita blanca. La ciudad oscura (2002), Babel (2006), Rabia (2009) y Salvando al soldado Pérez (2011).
Llegó a México después de un capitulo negro de infancia criada bajo la cobardía familiar. El país que seleccionó la recibió con penurias y desprecio. Se forjó a sí misma convirtiéndose en un mito obligado de la ciudad mexicana. Amante de la cantina y del limón-tequilero. Ella misma señaló al cantante español Joaquín Sabina cuando el cineasta Almodóvar los presentó: “Vivo en el bulevar de los sueños rotos”.
Llevó con orgullo su homosexualidad. Pañuelo anudado al cuello. Amiga de muchas amigas. Nunca hizo de su condición una lucha pero fue estandarte –sin proponérselo- de un movimiento creciente en busca de la dignificación social. Su ataúd en la Plaza Garibaldi fue cubierto con la bandera arcoíris.
Su voz pregonaba el lamento de sus amores silenciosos. “Cantarle a la mujer es mejor que perder el tiempo con los hombres”, dijo en más de una ocasión, la mujer que no conoció varón.
Tuvieron que pasar largas décadas para que la misiva (transformada en leyenda) tuviera lectura popular. Frida Kahlo escribió al poeta Carlos Pellicer:
Carlos:
Hoy conocí a Chavela Vargas. Extraordinaria, lesbiana, es más se me antojó eróticamente.
…No sé si ella sintió lo que yo. Pero creo que es una mujer lo bastante liberal que si me lo pide no dudaría un segundo en desnudarme ante ella. Cuántas veces no se te antoja un acostón y ya.
Ella, repito, es erótica.
Acaso es un regalo que el cielo me envía.
Frida K.”
Fuente: Chavela Vargas. Facebook Oficial.
Mexicana y guadalupana por convicción, Chavela se autoconstruye como una leyenda, donde los excesos fueron piedra angular de la experiencia de vida. Parrandera llorona, luz de luna intensa. “Paloma negra de los excesos”. Qué hechizo tiene la divinidad nahua que curó a la Chamana. Y al final regresó cerca de su querencia: Tepoztlán donde el sol abraza al Chalchilteptl, amigo y confidente de la Vargas. Vibra y consuelo.
Se fue del mundo raro, de las ciudades, la cantante rebelde que careció de un registro de voz de altos vuelos pero amalgamó una identidad tan temperamental como la llama de una vela frente al aliento: El paroxismo.
Chavela y sus susurros indómitos, su boca de mariposa con aleteos firmes. Igual interpretaba la canción popular: las rancheras y los corridos. Con profunda melancolía hizo de los versos de García Lorca dibujadas ausencias.
Ahora, la muerte que es celosa y que es mujer, se la llevó a vivir siempre con ella. Vente aquí, Macorina y la acurrucó.



La verdad a mi siempre se me hizo que cantaba buen culhero , con todo el respeto que me merece la primer mexican-hipster wana be de la historia , sin querelo levanto un movimiento en donde ella era de las pocas originales rodeada de falsos … QEPD