Las consignas, esas hijas en rebeldía de la poesía militante

Escrito por el 13 julio 2012 a las 7:13 pm en Arte y Cultura, Destacadas, Sociedad

Mayo de 1968, París

Cuando un movimiento social logra artícularse de manera pacífica y a gran escala, en él conviven el canto, el verso y la protesta. Un acto tan poderoso como decenas o cientos de miles de personas reunidas para tomar un espacio público, y desde ahí levantar la voz para ser escuchados, en sí mismo es un acto poético; en la primavera de 1968, consignas como “Debajo de los adoquines está la playa” y “Sean realistas, pidan lo imposible” recorrieron el mundo como una metáfora que terminó por ser silenciada, pero no olvidada.

En momentos como el que nuestro país atraviesa, no puede uno evitar desempolvar algunos poemas revolucionarios y militantes, que con el paso del tiempo a veces hemos echado a un lado. Hoy que en nuestro país una nueva generación ha salido a las calles, la generación del #YoSoy132, en su mayor parte libre de las ataduras partidistas, con una esperanza renovada, esa esperanza que en lo que a mí me ha tocado vivir –lamentablemente en el 88 era un niño todavía- había venido decayendo desde 1994, cuando con el surgimiento del movimiento zapatista, nos sentimos los entonces jóvenes parte de la historia y con algo que decir.

Hoy ante las consignas que van desde las frases del “manual básico” de llene el espacio vacío… “si no hay solución habrá revolución”, que hoy se ha transformado en un distintivo “si hay imposición, habrá revolución”, y que llegan hasta las frases con una sonoridad más profunda, como un “hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad: no resignarse”, es difícil no pensar en aquellos versos militantes, esos versos que en la juventud a muchas generaciones han calado profundo. Y entonces recordar cuando uno marchaba por las calles de esta ciudad proyectando al cielo una manta con el poemínimo Che, de Efraín Huerta: “En la calle deben pasar cosas extraordinarias, por ejemplo la Revolución”.

El fenómeno que generó el proceso electoral, el rechazo a la imposición y al candidato del PRI, surgió desde una juventud que -para desencanto de muchos en las esferas del poder- no es pasiva ni indiferente; una generación acostumbrada a utilizar las redes sociales y que de ellas echaron mano para organizarse. Sus consignas son cercanas al Twitter, pero también parientes directas del haiku, el aforimso y el poemínimo.

El Internet ha servido para este movimiento como vehículo de comunicación y depósito de palabras e ideas. A través de las redes sociales han transitado frases y consignas, incluso se creó un banco de consignas, que bajo el dominio www.bancodeconsignas.org ha servido para expresar el descontento, pero también, para desbordar creatividad y talento. Ahí se pueden encontrar, entre muchas otras, pequeñas frases de sonoridad poética como: “A oídos sordos, palabras necias”, “Tomar la calle es tomar la palabra”, “Tienen razón: Queremos dividir al país. En antes y después”, “No más minutos de silencio”, “La palabra: otro daño colateral”.

Y es entonces que uno recuerda aquella vieja discusión sin solución aún – e irresoluble creo yo-, aquella que enfrenta a los que sostienen que el arte y la poesía no deben tener como eje los temas sociales y políticos contra los que piensan, como lo hacía el poeta español Miguel Hernández, “que todo teatro, toda poesía, todo arte, ha de ser, hoy más que nunca, un arma de guerra” (nota previa a Teatro en la guerra, 1937). Y es que en verdad la evidencia es muy confusa al respecto, grandes nombres de la literatura y la poesía han desafiado la concepción purista de mantenerse alejados de las coyunturas, entre ellos tenemos en Hispanoamérica a León Felipe, Antonio Machado, Pablo Neruda, Nicolás Guillén, César Vallejo, Pedro Garfias, entre muchos otros.

En nuestro país está Efraín Huerta, quien siempre tuvo una clara vocación militante; José Carlos Becerra con su poema Vamos a hacer azúcar con vidrios, escrito en 1959 despúes de la huelga ferrocarrilera y Espejo de piedra, en respuesta a la matanza de Tlatelolco apenas a unos días de los sucesos; Jaime Sabines con su poema Tlateloco 1968, también en respuesta a la mascare, en donde donde dice “ciertamente, ya llegó a la historia / este hombre pequeño por todas partes / incapaz de todo menos del rencor” y su poema Diario Oficial, escrito en marzo de 1970.

Están también los versos y la líneas llenas de rabia que una multitud de escritores y poetas latinoamericanos escribieron cuando en octubre de 1967, emboscado y en una muerte que sabe a sacrificio, cayó El Che Guevara en Boliva; está la furia y la impotencia de Nicolás Guillén, de Julio Cortázar, de Mario Benedetti, de Efraín Huerta, de Mirta Aguirre, entre muchos, muchos otros. Incluso podemos pensar en los poetas combatientes como el salvadoreño Roque Dalton y la nicaraguense Gioconda Belli, o los poetas de verso explosivo y que de manera directa barrenan los cimientos mismos de lo establecido; ahí está Olivierio Girondo con sus poemas como cápsulas de dinamita.

Hablo de una evidencia confusa porque, evidentemente, no toda la poesía militante alcanza altos niveles. Sin embargo, el tema es pertinente ante la evidencia contraria. Porque a decir verdad, ¿realmente un artista, y un poeta puede sustraerse de su entorno? La respuesta no es sencilla, pues algunos versos inspirados en lo social son en sí mismos como pequeñas y perfectas perlas de esperanza. ¿Es válido sacrificar en aras de una poesía “pura” versos como los que Vicente Huidobro escribió?:“Hay que saltar del corazón al mundo / Hay que contruir un poco de infinito para el hombre”. La palabra Revolución también fue punto de partida para un verso preciso, y de belleza casi apacible, de León Felipe:

Siempre habrá nieve altanera
que vista el monte de armiño
y agua humilde que trabaje
en la presa del molino.

Y siempre habrá un sol también
—un sol verdugo y amigo—
que trueque en llanto la nieve
y en nube el agua del río.

Algunos de los temas centrales de la poesía, el amor y la esperanza, ¿no son en sí mismos temas fundamentales para nuestras sociedades? ¿No es acaso el amor uno de los máximos actos de rebeldía?

Octavio Paz, en el prólogo de Poesía en movimiento aborda el aspecto de la tradición y la ruptura como motores que mantienen en movimiento a la poesía. Subversión y resistencia al cambio son las fuerzas que impulsan la creación poética. Paz, un defensor del verso preciso y concentrado, tampoco pudo -y me atrevo a decir que tampoco quiso- sustraerse al impulso que subvierte cuando en Piedra de sol escribe: “Amar es combatir, si dos se besan / el mundo cambia, encarnan los deseos, / el pensamiento encarna, brotan alas / en las espaldas del esclavo… amar es combatir, es abrir puertas, / dejar de ser fantasma con un número / a pepetua candena condenado / por un amo sin rostro;/ el mundo cambia / si dos se miran y se reconocen, / amar es desnudarse de los nombres…”

Incluso los Contemporáneos, una importantísima generación de poetas del siglo XX en México, que integraron personajes como  José Gorostiza, Carlos Pellicer, Bernardo Ortiz de Montellano, Enrique González Rojo, Jaime Torres Bodet, Salvado Novo, Jorge Cuesta y Gilberto Owen, no por su lejanía con la militancia dejan de ser rebeldes. En un escenario dominado por el realismo revolucionario, ellos decidieron no aceptar sus limitaciones ni las de las vanguardias de su tiempo. Ellos optan por renovar, por buscar un punto de equilibrio entre el la tradición y la ruputura. Esto, más que una huida ante la coyuntura, también puede interpretarse como una toma de posición frente a la misma coyuntura.

Con estas líneas no busco -ni podría- dar respuesta a este debate. Solamente sirven para tomar como punto de partida los últimos sucesos y voltear nuestra mirada hacia aquellos viejos poemas militantes. Mientras transcurren estos tiempos que vivimos es trascendente reflexionar sobre el impacto que este tipo de activismo y movilización tienen sobre una sociedad en su conjunto, incluida por supuesto la producción cultural. Hoy que los jóvenes, nuevamente, han sido catalizador y han alzado su voz para lanzar consignas -esas hijas en rebeldía de la poesía militante-. En estos días que ellos -ni nosotros- hemos de olvidar, porque han tomado las calles para defender sus derechos, pero también para transitar con sus palabras por nuestras conciencias.

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4 respuestas a Las consignas, esas hijas en rebeldía de la poesía militante

  1. TeresitaNJVL dice:

    Era casi poesía, ayer una Sra. Frente al Hilton gritaba ” Si me escuhas Peña Nieto, te odio, te odio,te odio, te odio”!

  2. TeresitaNJVL dice:

    Era casi poesía, ayer una Sra. Frente al Hilton gritaba, se desgañitaba: ” Si me escuchas Peña Nieto, ¡Te odio, te odio, te odio, te odio!”

  3. Aleida dice:

    “Podrán cortar todas las flores pero nunca detendrán la primavera” Pablo Neruda

  4. Gabriela dice:

    Cómo da vida y presencia la poesía, constata continuamente nuestra existencia.Gracias

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