En un momento de guerra, de dictadura o de represión, el mejor periodismo es una forma de activismo: informar es una forma de agitación. En modo alguno es necesario que el periodista subraye sus intenciones —nada es más irritante en un texto periodístico que convertirse en un panfleto abiertamente doctrinario— sencillamente con presentar las cosas con mayor fidelidad puede llamar, por lo menos, a la indignación. Ciertamente, tampoco, cuando el autor es honesto, se puede evitar tener un punto de vista. El mismísimo George Orwell, héroe de ese periodismo politizado, señaló en el texto “Por qué escribo”, que sus obras siempre tienen un propósito político “y empleo la palabra político en el sentido más amplio posible. Deseo de empujar al mundo en cierta dirección, de alterar la idea que tienen los demás sobre la clase de sociedad que deberían esforzarse por conseguir. Insisto en que ningún libro está libre de matiz político. La opinión de que el arte no debe tener nada que ver con la política ya es en sí misma una actitud política.”
Un ejemplo de cómo un gran artista puede, al escribir un texto periodístico, modificar nuestra conciencia de un conflicto social y político, es el más reciente libro de Fernando del Paso: El va y ven de las Malvinas, una recopilación de sus textos enviados a la revista Proceso durante el conflicto de las Malvinas y mientras el autor trabajaba para la BBC en Londres.
En su prólogo, Fernando del Paso nos habla de cómo los servicios externos de la BBC, donde el propio Del Paso colaboraba tenían una línea editorial, a diferencia de la BBC que era pagada por los propios británicos para garantizar su independencia. Del Paso lo escribe sin ambages: todos aquellos que transmitían en onda corta desde Londres en “húngaro, árabe, francés, ruso, swahili, portugués, rumano” en total 31 lenguas incluyendo el español, “éramos el instrumento de propaganda del Reino Unido”.
Cuando estalló la guerra de las Malvinas o Islas Falkland como la llaman los ingleses, la “independiente” BBC abrió de inmediato un “Servicio Latinoamericano” que se convirtió en la voz oficial en español de la BBC y que desde luego intentaba convencer a Latinoamérica de la terrible infracción que habían cometido los argentinos al invadir las Malvinas, y que se llamó “Radio Atlántico Sur”.
Del Paso vivía bastante bien en Londres, pero ante la imposición de “Radio Atlántico Sur” y el brote de nacionalismo que avivó la invasión a las Malvinas entre los británicos, el autor tuvo que decidirse a analizar la información que vertían no sólo la BBC sino también los diarios ingleses u optar por callar ante los acontecimientos, como muchos otros trabajadores latinoamericanos que vivían en Inglaterra.
Desde luego, Del Paso optó por escribir esos magníficos textos que envió a Proceso entre el 5 de abril de 1982 y el 7 de junio del mismo año, (y de los cuales hablaremos enseguida) y esto le costó que casi de un día para otro, la buena vida que llevaba en Londres y la confianza que sentía al viajar con frecuencia por Francia y Estados Unidos que lo hacía sentir “ciudadano del mundo”, se derrumbara; al término de la guerra de las Malvinas, la xenofobia se recrudeció, y de pronto: “los ingleses me restregaron en la cara mi extranjerismo. Yo era originario de un país y de un continente subdesarrollados, y sólo un empleado al servicio del imperialismo.” Era “un southamerican más. Porque así nos llamaban en Inglaterra a todos los latinoamericanos: sudamericanos. No saben distinguir entre un peruano y un chileno, o un venezolano y un argentino”. Aunque confiesa que “se portaron con nosotros de manera amable, haciendo gala de esa clásica cortesía inglesa —muchas veces hipócrita, pero siempre útil en el trato cotidiano—, pero no había nada qué hacer, éramos unos bichos raros”. Y poco después, Del Paso y su familia tuvieron que abandonar Londres para siempre.
Los textos enviados a Proceso desde Londres son impecables. La idea de que el periodismo envejece y de que la nota de ayer caduca frente a la de hoy o la de mañana, desaparece ante el refinamiento del lenguaje, la observación del detalle, la clara exposición de los hechos, y el lector, crónica, tras crónica se ve inmerso en el conflicto como si estuviera sucediendo ahora mismo. Ni historia ni periodismo: los textos de Del Paso son el recuento vívido del abuso y la soberbia de los gobernantes, llámese lo mismo Margaret Thatcher que Leopoldo Galtieri, y del acoso que una y otra vez mantienen los países del así llamado Primer Mundo contra los del Tercero, pues para ellos no son otra cosa que una bodega que surte víveres y materias primas.
Del Paso hace un relato de la historias de las Islas Malvinas, los habitantes son “1800 malvinos de ciudadanía británica (…) que se dedican a la industria de lana, en las ocasiones importantes usan uniforme de gala con sombrero emplumado, juegan rugby, cricket y algunos, mediante becas, envían a sus hijos a estudiar en colegios británicos de Argentina”. Por su parte, el general Galtieri ha decidido invadir las islas para desviar la atención de su régimen que sufre “una inflación del 150%” y en una sola semana, poco antes del desembarco en las islas, fueron detenidos “más de 2000” ciudadanos que protestaban contra su gobierno.
A pesar del escándalo con que los ingleses recibieron la noticia, Del Paso señala que durante la invasión no hubo víctimas “ni siquiera heridos, presos civiles o mujeres violadas, saqueo o maltrato de ninguna especie”, el mayor escándalo por parte de los ingleses fue que “los argentinos hubieran rebautizado hasta la última calle de Puerto Rivera, ordenado a los malvinos que se pusieran a aprender español y por último haberlos obligado a alinearse a la derecha… es decir, a manejar por el carril derecho y no por el izquierdo”.
Si Galtieri invadió las islas con el único fin de desviar la atención, Margaret Thatcher comprendió de inmediato que la réplica militar le permitiría distraer a los ingleses de su mal manejo económico y de la privatización de empresas estatales. La guerra, como las olimpiadas, siempre han servido a los gobiernos para desarmar toda crítica y alinear a sus ciudadanos en el fervor del nacionalismo.
Todo el mundo sabe cómo terminó el conflicto, pero en medio del mismo, Del Paso hace uso de la crónica periodística para ofrecer su opinión y dice que ese es el momento para “aprovechar el ejemplo de la Doctrina Monroe —América para los americanos— y adaptarla, que no adoptarla, para decirle al mundo: Latinoamérica para los Latinoaméricanos”.
Como hemos señalado, esta serie de textos le costaron a Del Paso su salida de Londres, y por lo que cuenta se ve que fue un proceso largo y difícil: “vivía yo con mi esposa y mis hijos, y no era cuestión de empacar y subirse al siguiente avión”; sin embargo, ello no le impidió escribir y alzar la voz a favor de la verdad, pero sobre todo no le impidió hacer lo que en ciertos casos —tal vez el movimiento 132 sea uno de ellos o el fraude electoral—, que no dependen del tiempo o del lugar, sino de la conciencia social de cada uno, es necesario hacer: tomar partido. Porque finalmente, como escribe el maestro Del Paso con toda claridad: “La neutralidad es una cobardía”.
Fernando del Paso, El va y ven de las Malvinas, Fondo de Cultura Económica, Col. Centzontle, México 2012


