Los cuatro candidatos presidenciales llegaron al segundo debate en condiciones muy distintas al que se celebró el pasado 6 de Mayo.
En el caso de Gabriel Quadri, las expectativas sobre su primera intervención eran nulas. En medio de los embates entre los tres principales contendientes, su oratoria clara le otorgó sus 15 minutos de fama. Capitalizó el evento, pero en el mes que transcurrió desde entonces, regresó a una intención de voto que apenas alcanzará para salvar el registro del partido de Elba Esther Gordillo.
Josefina Vázquez Mota se encuentra más cerca que nunca del desastre. Los golpes de timón que no han producido los efectos deseados han provocado que la candidata recurra, como lo hiciera hace 6 años Felipe Calderón, a una desesperada guerra sucia en contra ya no sólo del candidato del PRI, sino de Andrés Manuel López Obrador. Llegó al debate con el estigma de haber caído a un tercer lugar que se ve agravado con el apoyo del primer presidente panista al candidato del PRI. A su fallida candidatura se suman los desastres en las elecciones locales de Morelos y Jalisco: Ambas son entidades donde en la actualidad gobierna el PAN, en los que hoy las encuestas registran un tercer lugar para ese instituto político en la intención de voto para gobernador. El caso del D.F también es de alarma para la causa panista: Isabel Miranda de Wallace ocupa también un distante tercer lugar, lo que coloca a ese partido en la misma posición que obtuvo en 1997, después de 12 años de fungir como la principal oposición a los gobiernos perredistas.
Enrique Peña Nieto llegó al segundo debate sin el aura de invencibilidad que lo había rodeado durante años. Se encuentra en su peor momento desde que fuera ungido como candidato presidencial el pasado 27 de Noviembre del 2011. Hoy en día se encuentra fuertemente impugnado en las calles por una nueva generación que la televisora que lo impulsa esperaba sumar a su causa. Se confirman las investigaciones periodísticas que desde 2005 se habían publicado en el semanario Proceso, por parte del diario inglés The Guardian, que profundizan con mayor detalle los alcances y la estrategia que implementó Televisa de la mano con el Gobierno del Estado de México, paralela a una negociación con el Gobierno Federal entonces encabezado por Vicente Fox, hoy aliado electoral de Peña Nieto. Se suma el escándalo de Tomás Yarrington, que a su vez vuelve a poner en la mira a otros compañeros de partido de los que el candidato priista ha tenido que deslindarse, como Humberto Moreira y Arturo Montiel. La opinocracia que ayudó a construir su candidatura batalla cada vez más en explicar y darle un sentido medianamente coherente a la inamovilidad de las tendencias electorales que reflejan las encuestas que siguen otorgándole una ventaja de dos dígitos.
Por su parte, Andrés Manuel López Obrador se encuentra en su mejor momento desde el 2006. A diferencia de aquella elección en la que partió como puntero, en la contienda del 2012 ha crecido de forma consistente en las intenciones de voto sumando a sectores sociales que hasta hace poco le temían. El avance del candidato de las izquierdas ha sido paulatino, pero consistente. Ha logrado romper con la percepción de muchos quienes auguraban una candidatura testimonial en esta elección. El embate de sus adversarios desde la publicación de la encuesta de Reforma el pasado 31 de Mayo confirma que se encuentra claramente en la disputa por la Presidencia. Detrás de su avance, tiene como apoyo a un equipo de trabajo con mayor cohesión en comparación a la anterior contienda, así como una organización nacional, Morena, cuyo alcance real se verá reflejado en las urnas el próximo primero de julio, pero que no tiene precedentes en la historia electoral de la izquierda mexicana.
En los próximos días, es previsible que la contienda se recrudecerá a niveles nunca antes vistos en buena medida por la escasez de tiempo; a partir de lo que aconteció en el segundo debate, los candidatos definirán lo que será la plataforma final con la que habrán de enfrentar el veredicto de las urnas.
En el caso de Gabriel Quadri es claro que se trata de un personaje que llegó a la contienda sin nada que perder, cuyo destino será la desaparición de la escena pública no sin antes haber lucrado por sus servicios al PANAL. Su desempeñó en el debate fue similar al del primero, pero en un tono que resultó desafortunado. Desde un inicio buscó provocar a sus adversarios (de manera más insistente a López Obrador) y erigirse como una especie de constructor de acuerdos políticos de gran trascendencia. En la medida en que los otros contendientes lo ignoraron, sus intervenciones pudieron resultar molestas para muchos espectadores que querían escuchar las propuestas de los candidatos que tienen mayor peso electoral. Su estilo arrogante y pendenciero lo aleja en definitiva de aquella percepción de académico respetable que le concedió Vázquez Mota. Después del 10 de Junio, es predecible que el desempeño electoral que finalmente tenga el partido al que representa se deba más a la estructura corporativa del mismo, que a su contribución como candidato.
La candidata del partido en el poder llegó con más vigor que en el primer debate, con una estrategia cuyos resultados habrán de decantarse en los próximos días. Fue quien con mayor decisión buscó confrontar a sus adversarios, pero al hacerlo recordó a la audiencia a un perfil similar al de Felipe Calderón. La descalificación total a sus adversarios es congruente con las estrategias electorales del Partido Acción Nacional desde que llegó al poder. Esa táctica de confrontación le funcionó de maravilla a Vicente Fox en el 2000, polarizó al país en el 2006, y llevó a su partido a un fuerte retroceso en las elecciones intermedias del 2009 que acentuó el declive electoral a nivel nacional del que no se ha recuperado desde entonces. En 2012 es muy remoto que la nueva guerra sucia que emprende sin tapujos le signifique ganancias electores significativas, e incluso podría generar un ambiente de animadversión mayor entre aquellos ciudadanos que se sienten agraviados por el PAN. Al ubicarse como partidaria del continuismo que habla sobre la necesidad de preservar la presunta estabilidad económica, podría generar el rechazo de millones de adultos en edad productiva que se encuentran sin una fuente de ingreso, muy lejanos a poder obtener aquellos créditos para comprar bienes inmuebles de los que presume la candidata del blanquiazul.
El candidato de Compromiso por México, tuvo un desempeño en el mostró de nueva cuenta su habilidad de recitar con precisión frases que parecen diseñadas para un spot de televisión, sin la substancia que se esperaría del gran estadista que pregonan los comunicadores de Televisa. Se le percibió incómodo en varias de sus intervenciones, sin realizar algún pronunciamiento claro o contundente. Es posible que muchos de sus simpatizantes y quizá algunos miembros de su equipo esperaban que se reeditara en esta contienda el escenario de la elección en el Estado de México del 2011: La de un puntero intocable que fuera inmune a las críticas y se manejara en ambientes controlados que le garantizaran mezclarse sólo lo indispensable con sus adversarios. Finalmente, el embate en su contra fue significativamente menor al del primer debate, y al menos durante el mismo, no llegó el knock out que muchos esperaban. De su participación, se desprende que el candidato del PRI prefiere hablar a un auditorio afín, libre de cualquier cuestionamiento. Su apuesta fue la misma que en el debate anterior: Cumplir con el trámite, esperando que los acontecimientos sucedan lo más rápido posible, para lograr materializar aquella victoria que se ha anunciado desde hace años.
Finalmente, el candidato del Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador buscó dirigirse a los indecisos. Muchos esperaban que pasara a la ofensiva como lo hizo en mayo, pero lejos de eso, decidió ignorar los ataques de sus adversarios (a excepción de una vez que respondió a un cuestionamiento de Vázquez Mota). López Obrador buscó proyectarse como un Jefe de Estado responsable, retomó muchas de las ideas y propuestas que ha esbozado durante años al alcance de un público más amplio. Mostró serenidad buscando transmitir confianza en el electorado que presenciará una nueva reedición de la propaganda negra del 2006. En términos periodísticos, lo que más llamó la atención es que el Presidente Calderón se hiciera presente vía Twitter para refutar las cuentas de su proyecto de austeridad republicana.
En las tres semanas que faltan para el día de la elección, las tendencias electorales confirman que una abrumadora mayoría de electores castigarán en las urnas a los gobiernos emanados del PAN. Los ciudadanos rechazarán el primero de julio la promesa blanquiazul de continuar con la misma improvisación que ha provocado resultados funestos. La contienda se concentra en quien encabezará la alternancia; una vez más, es una disputa entre dos candidatos. El 2 de Julio del 2006, el diario La Jornada tituló su encabezado: Hoy, cambio o continuidad. En 2012, se repite la misma disyuntiva.



