A los 91 años de edad, ha fallecido el día de hoy el escritor estadounidense Ray Bradbury. El autor de obras como Crónicas marcianas y Fahrenheit 451, falleció “en paz, anoche, en Los Ángeles, después de una larga enfermedad”, informó la editorial Harper Collins a través de un comunicado.
Buena parte del imaginario colectivo del siglo XX se gestó en la obra de este visionario escritor de ficción científica (la traducción más adecuada del sci-fi) quien, a través de sus más de 27 novelas y 600 relatos, consiguió crear mundos futuros que, de tan parecidos a la realidad, acabaron volviéndose verdaderos. Así pues, Bradbury logró ver en su obra, muchos años antes de que aparecieran, cosas como los cajeros automáticos o las persecuciones transmitidas en vivo por televisión, entre muchas otras cosas.
Además de escritor, Bradbury era también arquitecto, guionista y poeta. “Las bibliotecas me criaron. Yo no creo en los colegios y universidades. Creo que en las bibliotecas porque la mayoría de los estudiantes no tienen dinero. Cuando me gradué de la escuela secundaria, fue durante la Gran Depresión y no teníamos dinero. No pude ir a la universidad, así que fui a la biblioteca tres días a la semana durante 10 años”, solía decir el autor sobre su acercamiento a la literatura y, sobre todo, sobre su amor por los libros, que expresó mejor que nadie a través de la genial Fahrenheit 451, novela que retrata a una sociedad distópica que quema los libros tras creer que estos producen infelicidad y entretiene a sus ciudadanos con televisores gigantes (cualquier parecido con la realidad, no es mera coincidencia).
El originario de Illinois (que sería el escenario, directo o indirecto, de muchas de sus obras) era igual de prolífico como guionista. Fue el encargado de adaptar, entre otras cosas, el clásico Moby Dick para su adaptación al cine, llevada a cabo por el igualmente genial John Houston. Bradbury adaptó incluso 65 de sus relatos para la televisión, en particular, para el programa The Ray Bradbury Theater.
Pese a retratar escenarios muchas veces terribles, Bradbury era, en realidad, una persona bastante optimista: “En años recientes he mirado en el espejo diario y encuentro a una persona feliz viéndome. En ocasiones me pregunto cómo es que soy tan feliz. La respuesta está en que cada día de mi vida he trabajado sólo para mí y por la felicidad que viene con escribir y crear. La imagen en mi espejo no es optimista, sino el resultado de un comportamiento óptimo”, escribió en un ensayo publicado en 2005.
Bradbury solía decir que el mayor problema con la muerte es que es endemoniadamente permanente.
A Bradbury se le acusa y agradece por igual el haber llevado el sci-fi a un terreno mucho más accesible que acabaría por darle el lugar y respeto que merecía en la literatura. Esto se logró principalmente a la accesibilidad de la literatura de Bradbury, pero también, a su capacidad para desarrollar mundos con una claridad tan única como familiar; sin embargo, era común escuchar a Bradbury decir ”Yo no soy un escritor de ciencia ficción”, ya que él consideraba imprecisa a la etiqueta.
De hecho, Bradbury aseguraba que él sólo había ”escrito un solo libro de ciencia ficción [Fahrenheit 451]. Todos los demás son fantasías. Las fantasías son cosas que no pueden suceder, y la ciencia ficción se trata de cosas que pueden suceder”. Curiosamente, muchas de las cosas que Bradbury pensó que no podían suceder, ocurrieron, como la llegada (de alguna manera u otra) del hombre a Marte, las pantallas planas, la tele-vigilancia, la obsesión mediática, la adicción a los medios electrónicos y a la información, la preferencia de los medios electrónicos sobre los impresos, e incluso, el mega flujo de información en pequeñas dosis.
Al respecto, el autor solía decir ”Cuando yo nací en 1920, el auto sólo tenía 20 años de edad. La radio no existía. No había televisión. Yo nací en el momento adecuado para escribir sobre todas estas cosas”.
Escritores como Truman Capote o Jorge Luis Borges reconocieron tempranamente el talento de Bradbury, siendo el primero quien le ayudara a publicar sus primeras novelas y el segundo el encargado de traducirlo al español, de quien escribió en el prólogo de Crónicas Marcianas: ”¿Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima? Toda literatura (me atrevo a contestar) es simbólica; hay unas pocas experiencias fundamentales y es indiferente que un escritor, para transmitirlas, recurra a lo “fantástico” o a lo “real”, a Macbeth o a RaskoInikov, a la invasión de Bélgica en agosto de 1914 o a una invasión de Marte. ¿Qué importa la novela, o novelería, de la science fiction? En este libro de apariencia fantasmagórica, Bradbury ha puesto sus largos domingos vacíos, su tedio americano, su soledad, como los puso Sinclair Lewis en Main Street“.
A lo que cabría agregar lo que Borges escribió en el mismo texto: “¿Qué ha hecho este hombre de Illinois me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me pueblen de terror y de soledad?”, justo eso que se preguntaba Borges es lo que hizo de Bradbury uno de los mejores escritores del siglo XX.
Bradbury solía decir que, una vez, cuando era niño, fue a una feria en su natal Illinois donde se encontró con el mago Mr. Electrico, en 1932. Con 12 años, el mago toco a Bradbury con su espada y proclamó: “Vivirás para siempre”. “Decidí que esa era la mejor idea que había escuchado. Comencé a escribir diario. Nunca paré”.




Bradbury creó una atmósfera que perdura hasta ahora. Excelente reseña.