Historiador y doctor en relaciones internacionales, Lorenzo Meyer (Ciudad de México, 1942) es uno de esos intelectuales de vieja cepa: comprometido con su realidad social y activo impulsor de movimientos civiles que impulsan o vigilan la democracia como el Frente Ciudadano en Defensa del Sufragio Efectivo, creado con el fin de “prevenir cualquier intento de fraude electoral el próximo 1º de julio”. En esta entrevista hace un repaso de los acontecimientos más importantes ocurridos durante las elecciones.
¿Como llamar al grupo #YoSoy132: levantamiento político, irrupción de la sociedad civil?
A mí me gusta más insurgencia democrática, lo tomo de 1988, porque recordará que en esa elección que ya estaba predeterminada, como todas las elecciones, y Carlos Salinas de Gortari, era desde el principio el que tendría que suceder a Miguel de la Madrid; algo sucedió con Cuauhtémoc Cárdenas y Muñoz Ledo; no sabemos si Salinas ganó o no ganó las elecciones, pero surgió una insurgencia electoral por parte del pueblo mexicano, y me da la impresión de que estamos frente a otra, una minoría muy activa, que pone en duda la esencia del régimen mismo, dudan de que haya habido realmente un cambio en el 2000 y ponen sobre la mesa una serie de preguntas y demandas que en realidad están cuestionando el corazón político de México. Es una insurgencia pacífica, inteligente y con un dejo de alegría, pero están poniendo en duda la legitimidad del arreglo político que tenemos ahora.
Más que en el 88, ¿no cree que esa insurgencia civil surgió en 1985 con el terremoto?
Yo le pondría un tanto más atrás, debe ser mi formación como historiador, yo le pondría el 68 y alguien me diría “¡no hay que ir más atrás!”. La marcha de los médicos, y otros me dirían no hay que ir más atrás, Demetrio Vallejo y Valentín Campa, etc… Siempre han habido rebeliones, es una constante de insatisfacciones organizadas con la esencia del control político y el 132 podemos verlo como un eslabón de una cadena histórica que ya tiene algún tiempo.
¿En 1988 la gente salió a la calle?
La gente de a pie salió a la calle, porque el monto de la victoria de Salinas, que nadie la cree, es del 51%, y en aquel 88 cuando la televisión, la misma de ahora, se volcó en favor de Salinas, obligó a una movilización que logró el surgimiento de un neocardenismo. No se la esperaban, fue una sorpresa, y según se desprende de algunos testimonios que, con el paso del tiempo, nos han dado, entre otros Miguel de la Madrid y Barlett, no esperaban ese resultado. Ahora la movilización está un poco más organizada alrededor de los jóvenes. En aquel momento giró alrededor de la figura del hijo del general Lázaro Cárdenas.
¿No los ve un poco dispersos, al pedir un juicio político para Elba Esther Gordillo y Felipe Calderón?
Me parece muy natural, porque es un movimiento sin liderazgo, que decide, como el del 68. Cuando los estudiantes se reunían en las asambleas tenían entonces un muy justificado temor de que si surgía un liderazgo claro el sistema lo podía reprimir o cooptar y entonces modificaron las formas de hacer política y aunque hoy se dice “los dirigentes del 68”, bueno a lo largo del tiempo sí fueron saliendo algunas figuras, pero en realidad era un movimiento sin dirección visible, sus acciones salían de las asambleas y eso está pasando también ahora, se reúnen en las islas o en arquitectura y están conscientes de la conveniencia de no tener un liderazgo muy identificable y eso lleva a la dispersión, pero ¿es dispersión? ¿O son varios aspectos del mismo problema? Son caras de una misma problemática y es la reacción que tienen los estudiantes al descubrir que el sistema político que se creía superado en el 2000, en realidad no se ha ido, no se ha ido en su esencia. Elba Esther, el PRI, las televisoras, uno puede decir que son caras del mismo problema.
Y ahora, tenemos a Vicente Fox apoyando a Peña Nieto…
¿Le sorprende? ¿Desde cuando el PRI y el PAN tienen un acuerdo político? Yo diría que desde 1989, una vez que pasó el conflicto electoral del 88, y vio a la izquierda a la defensiva y contra el sistema autoritario, el PRI se siente amenazado y busca al PAN para tener un apoyo, como buscó también a la Iglesia y a otros poderes que había dejado de lado y que en ese momento retomó. En el 89, Salinas buscó al PAN y es allí donde Fernández de Cevallos obtiene el apodo del Jefe Diego, y se lo dan los priístas, porque era constante la relación entre Salinas y el liderazgo del PAN, y se unen porque tenían un enemigo común: después de todo, el PAN nació en 1939 en contra del gobierno de Lázaro Cárdenas, y en el 89 el neocardenismo volvió, y hoy Andrés Manuel López Obrador señala que una de las figuras que lo inspiran es el general Lázaro Cárdenas, entonces no debe haber sorpresa de que en momentos decisivos, PAN y PRI se unan porque ven en la izquierda al principal adversario. Ya se conocen bien y saben cómo negociar, y se sienten más a gusto uno con el otro, que con un posible tercero.
¿Qué futuro puede vislumbrar para el 132 después de la elección?
Depende de lo que pase con la elección. Supongamos que, a diferencia del 2006 y a diferencia de 1988, las cosas salgan de manera más o menos aceptable, y que quien pierda no deslegitime a quien gane las elecciones. Es posible, casi natural y necesario que esta concentración de emoción y fuerza política se disperse un tanto, porque no es posible mantener una movilización por mucho tiempo. La historia política lo demuestra, las movilizaciones emergen de una cantidad de energía que estaba concentrada, dormida y de pronto aparece, se expresa y no puede mantener el mismo paso, tiene que haber un momento de relajamiento. Es natural. Pero eso no quiere decir necesariamente que viene la desmovilización, pueden venir otras causas, el mundo de los estudiantes, de los universitarios y de los jóvenes en general, que estaba apartado de la política, que no tenía ningún atractivo para ellos, lo están descubriendo este momento. Y están descubriendo de una manera maravillosamente triunfadora: algunas movilizaciones enfrentan la represión, los golpes, la muerte, la cárcel y en esta ocasión, ciertamente algunos golpeados en algunos estados, pero no pero muchos.
El mundo que les viene encima es un mundo que tiene problemas muy importantes a resolver, por ejemplo la economía. Las elecciones van a pasar, pero el mercado se queda y no hay un ajuste entre el número de estudiantes que salen de las universidades incluyendo a los del postgrado y las plazas que se abren, ¿por que? ¿Es inevitable?, ¿es una fuerza más allá del poder humano, o es algo que se puede resolver mediante la política? Allí tienen una área de acción que ni mandada a hacer, pues es de autodefensa, hay muchas cosas en el futuro y ellos ya probaron que tienen capacidad de acción.
Están las televisoras, donde ya han hecho cambios, y qué mejor estímulo para entrar en la política que ganar. Llevan sólo unas semanas y lograron lo que no pudieron ni el IFE ni Gobernación juntos, que fue obligar a transmitir el debate en cadena nacional.
Pienso que, además, pusieron en evidencia la ignorancia de uno de los candidatos: Enrique Peña Nieto…
Vamos a ver, pensemos en un país que tenemos muy cerca, Estados Unidos. Barack Obama es una persona de libros, él mismo ha escrito un par de libros, unas memorias sobre su padre y un manifiesto; a Bill Clinton le gustaba reunirse incluso con escritores que no pertenecían a su lengua materna como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes. Un presidente debe ser un hombre de libros, no un escritor necesariamente. ¿Qué pasa en México? Vicente Fox no conocía el país en el que estaba, la superficie sí la sabía, porque como administrador se Coca Cola debía conocerla. La Coca Cola es como la iglesia y el PRI: están en todos lados; pero sólo conocía esa superficie. Y a la hora de enfrentar los problemas graves no dio el ancho. Con Peña Nieto, lo que resalta es que alguien que aspire a presidente tiene que tener una cultura general y dentro de esa cultura general debe haber un dominio mínimo de la literatura, de la historia, de las grandes novelas que retratan al país. Rulfo, por ejemplo, en Pedro Páramo además de un montón de elementos literarios hay un retrato del mundo de los caciques; en Agustín Yáñez, La tierra prodiga y Las tierras flacas son una lección de política. Conocer a Monsiváis le permite a uno adentrarse en el México del siglo XX en la sociedad urbana de clase media y popular, esa que en la vida de uno no sabría cómo meterse, no hay tiempo, uno no sabe, entonces sus libros le abren áreas de la realidad mexicana que son indispensables para quien quiera dirigir este país. Quien no la tenga, se está proponiendo como líder sin tener los suficientes conocimientos para dirigir un país.


