José Carlos Becerra, poeta de apariciones y de la mirada

Escrito por el 29 mayo 2012 a las 11:27 am en Arte y Cultura

Fuente: tabasco.gob.mx

El 29 de mayo de 1970, el periódico Excélsior publicó una pequeña nota en su tercera página. Bajo el título de “Al volcar su auto, murió en Italia un arquitecto mexicano”, el diario informaba que el 28 de mayo había muerto en aquel país Carlos Becerra Ramos. Con el paso de las horas, se sabrían algunos datos más sobre ese trágico accidente en una carretera cercana a San Vito dei Normanni, en el extremo sur de Italia: el accidente sucedió el 27 de mayo, y la víctima mortal era el poeta José Carlos Becerra, quien se dirigía a Brindisi para embarcarse a Grecia. El poeta mexicano conducía un Volkswagen 1500, que al perder el control cayó en un barranco; en el automóvil se hallaron, además de sus efectos personales, libros de poesía y escritos inéditos del poeta.

José Carlos Becerra nació el 21 de mayo de 1936 en Villahermosa, Tabasco, la tierra en donde nacieron también otro par de enormes poetas mexicanos: José Gorostiza y Carlos Pellicer. Con éste último el joven José Carlos Becerra mantuvo una estrecha relación de amistad y admiración, comparte además la vocación de río de su poesía; un lenguaje selvático que desborda, una atracción hacia la oscuridad como una “necesidad de la luz para ver o iluminar mejor”, para develar las imágenes y las cosas.

En 1961 Becerra realiza su primera publicación formal con Blues, un poema donde ya está presente el proceso amoroso como aparición momentánea, como un hecho fantasmagórico que dura un instante y pone en marcha mecanismos de ausencia y olvido: “Labios sobrecogidos de olvido, / pulsaciones de un oleaje de mar ya retirándose, / ruido de nubes que el otoño piensa. / Hay lápices en forma de tiempo, vasos de agua / donde el anochecer flota en silencio. / Hay la rama de un árbol como un brazo esculpido por algún abandono.”

Sobre el tema de la aparición amorosa y el instante, en 1967 en una entrevista con Federico Campbell (Diorama de la Cultura, suplemento de Excélsior, 5 de noviembre de 1967), José Carlos afirma que “sólo la enajenación amorosa nos ofrece la recuperación total de nosotros mismos”. En aquella ocasión señaló el poeta tabasqueño, “pienso que en la relación amorosa, lo que es el verdadero amor se da en un instante”, en una “aparición reveladora que nos invade y que invadimos, y donde por un momento obtenemos la vida total”. Es así, dijo, que “mis poemas tratan de fijar (relatándolas) el relampagueo de esas apariciones o revelaciones de una mujer”. Es precisamente, lo que podemos encontrar en su poema La mujer del cuadro, donde Becerra escribe: “Extrañamente hermosa eres ahora tu propio fantasma”.

José Carlos Becerra inicia estudios de arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México. Entre 1963 y 1966 es oyente en la Facultad de Filosofía y Letras, en donde participa en el taller literario del maestro Juan José Arreola. En aquel periodo, en 1964, muere su madre y Becerra escribe Oscura palabra, poema que Arreola edita y publica en la revista de su taller, Mester.

En 1966 Becerra Ramos obtiene recocimientos poéticos en su natal Tabasco y en Aguascalientes. Ese mimso año es incluido en la antología Poesía en Movimiento (Siglo XXI Editores) y al año siguiente en Poesía joven de México (Siglo XXI Editores).

Entre sus mayores influencias, el poeta señalaba que “existen deudas vivas y definitivas como Neruda, como Joyce, como Stevenson, como Proust, como Lulio, como Góngora, como Lezama Lima” (Entrevista con Luis Terán, El Gallo Ilustrado, suplemento de El Día, 4 de septiembre de 1969).

Es en 1967 que publica su primer libro, Relación de los hechos, el cual fue muy bien recibido por la crítica y por los escritores. Octavio Paz escribe sobre el libro, en una carta dirigida a Becerra, “usted es un poeta indudable. Lo que digo en el prólogo de Poesía en movimiento no necesita, en lo esencial, rectificación sino ampliación. Dije que ‘su seguridad es pasmosa’. Lo es, pero habría que añadir: intuición, instinto, mirada”. Sin embargo, el Nobel mexicano también lanza en aquella carta una recomendación al joven escritor, “el poeta debe contradecirse a sí mismo, luchar contra sus dones, me gustaría que su escritura fuese más veloz, menos río, más conjunción de realidades simultáneas”.

El poeta cubano José Lezama Lima, sería todavía más entusiasta al respecto del primer libro del poeta tabasqueño. También en una carta, Lezama Lima le dice al autor que después de haber “leído con detenida fruición” Relación de los hechos,  encontró en éste que “aún en sus momentos de desolación, su brazo lo cubre con misteriosa precisión. A veces, causa la impresión de una ciudad en la que se llega en el sueño y después se torna implacable y conocida; otras veces es la ciudad desconocida que vamos reconociendo en una minuciosa fiesta de rencuentros”.

Además de su temprana madurez poética, Becerra fue un hombre preocupado por los temas sociales. Es en 1968 uno de los primeros poetas que levantaron su voz en contra del crimen cometido en Tlatelolco en contra de los estudiantes. A tan sólo un mes de los sucesos, publica en La cultura en México el poema “El espejo de piedra”, en el cual dice a los responsables de la matanza, “y cuando intenten recoger esos fragmentos de ruido para contemplarse, / encontrarán en ellos solamente / a los muertos”.

Al año siguiente, en 1969, José Carlos Becerra obtiene la beca de la Fundación Guggenheim, con lo cual emprende un viaje a Londres y después al continente europeo; el poeta mexicano no habría nunca de volver de aquel viaje. José Carlos, como otro gran poeta de nuestro país, Jaime Sabines, nació y murió en primavera, 6 días después de haber cumplido 34 años.

Quienes conocieron a Becerra, hablan de su enorme talento, pero sobre todo de su calidad humana y su generosidad. José Manuel Torres, escritor y amigo de Becerra, contaba que “él quería serlo todo: pintor, cuentista, arquitecto, torero, poeta, combatiente político, actor teatral, director cinematográfico. Y casi todo le salía bien” (Fin de Semana, suplemento de El Día, 5 de juno de 1970)

En una carta dirigida a Lizandro Chávez Alfaro, Mario Vargas Llosa habla sobre la amistad cercana que mantuvo con José Carlos Becerra durante su estancia en Londres. Ahí señala el escritor peruano que “he estado releyendo ahora Relación de los hechos y me ha impresionado mucho descubrir que yo había marcado, porque es el que más me gustó, el poema titulado ‘La otra orilla’, donde la muerte es cantada como ‘un tierno desastre’…”.

José Emilio Pacheco y Gabriel Zaid rescatan y organizan, inmediatamente después de su muerte, los libros y poemas que Becerra publicó en vida y los que no tuvo tiempo de recoger en un libro. El resultado de este esfuerzo es El otoño recorre las islas. En la Nota sobre la edición de este libro, ellos señalan en sus agradecimientos “¿de quién estar más agradecido que de José Carlos? El don de su amistad, la generosidad que comunica su obra (vasto espacio de la mirada, nobleza trágica y piadosa ante los hechos más sombríos), nos acompañaron y nos acompañarán por siempre”. Acaso sea momento de que nosotros leamos y rescatemos a este gran poeta, en esta hora que nos hace falta esa palabra noble y generosa.

Oscura palabra (fragmento)

 

Mienten las cosas que hablan de ti

tu rostro último me mintió al inclinarme sobre él,

porque no eras tú y yo sólo abrazaba aquello que el infinito

[retiraba

poco a poco, como cae a veces el telón en el teatro,

y algunos espectadores no comprendemos que la función ha ter-

[minado

y es necesario salir a la noche lluviosa.

 

Fuentes: El otoño recorre las islas, Editorial Era, México, DF, 2002. Poesía en movimiento, Siglo XXI Editores, México, DF, 1995.

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