Días de Gracia: Otra sobre la pesadilla nacional

Escrito por el 18 abril 2012 a las 3:29 pm en Entretenimiento

Dice mucho acerca de nuestro país que la mayoría de las películas más destacadas de los últimos años ofrecen un panorama sombrío y nada alentador de la realidad nacional. En la misma línea y con una intensidad similar a la de El Infierno (2010) de Luis Estrada y Miss Bala (2011) de Gerardo Naranjo, este fin de semana pasado llegó a las salas de las principales ciudades del país el filme de Everardo Gout, Días de Gracia.

El manejo de los tiempos recordará a más de un espectador a Amores Perros (2000) de Alejandro González Iñarritu, pero en muchos sentidos también nos evoca a Exotica (1995) de Atom Egoyan, porque al igual que ese memorable filme, en este caso la verdadera esencia de los personajes y de la historia no es revelada sino hasta el último momento.

Sin duda, el filme resultará estremecedor para los cinéfilos por motivos que van más allá de sus méritos propios: al igual que la obra de Naranjo y Estrada que la precedieron, resulta imposible apreciarla fuera de contexto. En un país desbordado por una crisis de inseguridad que azota buena parte del territorio nacional, la película que retrata la corrupción de las autoridades policiacas y el horror que padecen las víctimas del secuestro toca una fibra sensible en el espectador, mucho más profunda que cualquier obra ficticia de terror.

El título del filme hace alusión a los días en los que la atención de la población se encuentra inmersa en el Mundial de Futbol, en los que se argumenta que el crimen organizado baja la guardia. En tres diferentes momentos en los que acontece el mundial en Corea 2002, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010 se cuentan historias paralelas que reflejan días definitivos en la vida de los personajes.

El filme tiene un estilo visual dinámico que en algunos momentos se percibe demasiado saturado, pero que rara vez pierde autenticidad. No es un logro menor, ya que en una historia de esta naturaleza es muy fácil recurrir al melodrama y sensacionalismo, pero buena parte de su impacto reside en un sólido elenco que escapa estereotipos y otorga una motivación tridimensional a sus personajes.

En especial destaca el papel protagónico de Tenoch Huerta que encarna a Lupe Esparza, el agente policiaco cuya ingenuidad le depara un descenso hacia el abismo del peor rostro del sistema. Digno de mencionar también es el difícil rol de Carlos Bardem como el hombre que padece la tragedia del secuestro, y que desde el cautiverio logra establecer ante sus captores la entereza intelectual que le permite sortear la mayor de las adversidades.

Es una obra difícil de seguir, más por la crudeza de la historia que por su compleja estructura narrativa. Está lejos de ser una película perfecta, permanece en algunos momentos la sensación de que la obra pudo haberse beneficiado de un mayor enfoque expositivo, pero al final sus aciertos terminan por eclipsar algunos de sus excesos.

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