El viernes pasado se declaró que el joven Daniel Zamudio de 24 años de edad tenía muerte cerebral y ya no hay manera de que pueda recuperarse. Tres semanas antes fue brutalmente golpeado por un grupo de neonazis en Santiago de Chile quienes lo mutilaron, grabaron esvásticas y lo golpearon hasta dejarlo al borde de la muerte. El caso llama la atención porque no se trata de un solo individuo que perpetró el crimen, sino de un grupo semi-organizado de neo-nazis, algo que no se había notado antes en América Latina.
Chile es uno de los países más conservadores de la región; es uno de los pocos donde no se permite el aborto bajo ninguna circunstancia, donde no estaba permitido el divorcio sino hasta 2004 y donde las élites del conservadurismo tienen un gran poder mayor aún que en el resto de los países de América Latina, incluso durante los gobiernos de centro-izquierda que se mantuvieron en el poder desde la década de los 80 hasta el 2010 cuando Sebastián Piñera se convirtió en presidente. Existen varias organizaciones LGBT que han logrado visibilizar las cuestiones LGBT en medios de comunicación y a través de eventos como las Marchas del Orgullo que llevan más de una década llevándose a cabo en la capital del país pero la lucha contra la derecha ha sido muy dura.
Al mismo tiempo que se daba la noticia de Daniel en Chile, en el país vecino, la provincia de Rosario en Argentina daba una mejor noticia: se celebraba a la primera pareja del mismo sexo extranjera que contraía matrimonio formada por los activistas paraguayos Simón Cazal y Sergio López quienes también ocuparon varios titulares de las noticias en Sudamérica. Nuevamente salían a relucir los contrastes, por un lado la protección legal y por otro el odio social hacia las personas con diversas orientaciones sexuales que en poco o nada se cambia con las reformas de las leyes.
No hay que olvidar que el 17 de mayo, Día Mundial contra la Homofobia se conmemora en honor de un caso similar al de Daniel, el de Matthew Shepard que fue golpeado en Wyoming, Estados Unidos. Cuando lo encontraron en Octubre de 1998 aún estaba vivo sin embargo murió pocas horas después en el hospital. Aunque ha habido otros casos tanto en Estados Unidos, la coyuntura mediática y política permitió que hubiera reacciones por parte de congresistas, autoridades locales y ONGs. En Chile ya está sucediendo algo similar.
Es una pena que tengan que acontecer casos extremos como el cuasi-asesinato de Daniel, el asesinato de Matthew o el asesinato de Agnes Torres en México para que se despierte una mayor conciencia social, en los medios y en los gobiernos. Ojalá no tengan que ocurrir situaciones semejantes en otros países de América Latina para que haya cambios en las leyes, campañas contra la homofobia y monitoreo a los medios pero desgraciadamente en nuestra cultura pareciera que solo aprendemos y cambiamos a punta de periodicazos, tragedias y escándalos.
Descanse en paz Daniel Zamudio y esperemos que no haya más casos como el suyo ni en Chile ni en ningún lado.



