Póster de Los rollos perdidos

Una paradoja sobre la memoria visual de una sociedad es que los materiales fílmicos, depositarios de una buena parte de ella, durante muchos año fueron un material volátil, que ante la menor provocación podían desaparecer consumidos por las llamas. Momentos capturados en el tiempo, pensados para prolongar un instante, que en un instante podían esfumarse. Este 24 de marzo se cumplen 30 años de que la Cineteca Nacional (entonces ubicada en los estudios Churubusco) fuera consumida por las llamas, y con ella, una importante parte de la historia cinematográfica de nuestro país; el sospechoso oficial, los materiales de nitrato que en sus bóvedas guardaba.

Este es uno de los dos aspectos centrales que aborda el documental Los rollos perdidos, que el día 21 de marzo fue estrenada y ha estado proyectándose en diversos lugares, el 24 será el turno de que sea proyectado por la Cineteca Nacional en una de sus sedes alternas; a diferencia de hace 30 años, hoy la Cineteca no se consume por las llamas sino que atraviesa un proceso de renacimiento que mantiene sus puertas cerradas. 

El otro tema que toca este filme es otro episodio que fue capturado en celuloide y que marcó profundamente el destino y el desarrollo de nuestro país: la matanza del 2 de octubre de 1968. Con este episodio comienza Los rollos perdidos, explicando como un equipo de 8 cámaras de 35 milímetros, dirigido por el cineasta Servando González, fue encomendado para filmar lo que en la Plaza de las Tres Culturas sucedió entre las 18 horas del 2 de octubre de aquel año hasta las 3 de la madrugada del día siguiente.

En conferencia de prensa, Gibrán Bazán, director del documental, señala que el proyecto comienza ante “la desmemoria que hay al respecto y que la mayoría de los jóvenes no saben que se quemó la Cineteca Nacional”. Sobre la forma en que ambos temas se articulan señala que después del siniestro “surgieron varias teorías de investigación y la primera fue la de los rollos perdidos de Servando González, tema del cual tenemos razones para pensar que al menos una hora del material que él filmó en Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968, estaba en las bóveda en el momento del incendio”.

Entre los obstáculo que tuvo este filme, realizado en colaboración con Marsash Producciones-Xibalba Films, está el silencio que durante décadas se construyó alrededor de los temas que se abordan. El director destaca que, durante el proceso de investigación para el documental, hubo una “extraña resistencia a hablar y conceder entrevistas acerca de los hechos, que en lo personal atribuyo más a una creencia errónea o inercia de auto censura, de hecho solicitamos más de 70 entrevistas con personas que podían dar un testimonio, y de ellas, menos de la tercera parte accedieron a aparecer en el filme”. Los rollos perdidos, considera Bazán, logró romper esa “inercia de silencio respecto al incendio en la Cineteca”.

El objetivo de esta película, según señala su propio director, no es buscar culpables de lo acontecido, sino recuperar la memoria y presentar diversas versiones de lo sucedido aquel 24 de marzo.

Con la narración de Daniel Giménez Cacho, esta cinta apuesta por la distribución abierta, cualquier institución que lo desee, puede solicitar proyecciones a través del correo electrónico rollosperdidosdocumental@gmail.com. El día 24 de marzo se proyectará Los rollos perdidos en el Cine Lido a las 15:30 horas, ubicado en Tamaulipas 202, colonia Condesa.