Por si existían temores de que la fusión de Televisa con Grupo Iusacell iba a reforzar el monopolio de la línea editorial entre las dos televisoras que dominan el 95 por ciento de la audiencia masiva en México, en los últimos días Hechos de TV Azteca ha confirmado claramente  esta argumentación de los tres comisionados de la Comisión Federal de Competencia que votaron en contra de la megalianza.

Durante toda esta semana, en el segmento informativo nocturno de Canal 13, en emisiones de Proyecto 40 y con sus replicantes en la prensa, Grupo Salinas ha emprendido una campaña contra el Grupo Reforma, editor de los periódicos Reforma, Metro, Muro, entre otros.

“La verdadera cara del Grupo Reforma” es el título de los pseudoreportajes de linchamiento televisivo. TV Azteca repite y enriquece el guión que meses atrás aplicó Televisa para atacar al periódico de Alejandro Junco de la Vega. Se trata de exhibirlo como un periódico de “doble moral” porque vende anuncios de masajes y en el Metro publica fotos sensacionalistas.

El guión es burdo. El alegato es hipócrita. Más proviniendo de una televisora que hace unos días transmitió el video de un niño que se suicidó en Pachuca. Para ellos eso no es sensacionalismo.

El punto no es la crítica a otro medio. Lo grotesco es que le ocultan a las audiencias que se trata de la defensa de intereses corporativos de Grupo Salinas y no de un ejercicio de la crítica, de la libertad de expresión o del derecho a la información.

Lo mismo sucedió hace un año con el ataque sincronizado de Televisa y TV Azteca a Grupo Carso, en especial a Telcel y Telmex. De pronto, el duopolio televisivo “descubrió” que Carlos Slim es monopolista. De pronto, se envolvieron en la bandera de la disminución de las tarifas de telefonía celular, pero Grupo Iusacell por poco se muerde la lengua.

Lo mismo cuando ambas televisoras acusaron al columnista Miguel Angel Granados Chapa de “calumnias” y otros delirios por haber revelado en enero de 2011 que Televisa y TV Azteca negociaban una sociedad en Iusacell. Lo que negaron ruidosamente, lo confirmaron en abril del mismo año.

La misma sincronización se ha dado ahora que Televisa y TV Azteca han emprendido una campaña contra el IFE porque “restringe la libertad de expresión” e impedirá los debates en las campañas presidenciales.

El duopolio repite el guión que sus asesores escribieron durante la “rebelión de los conductores” ante el Senado de la Repúbica, en 2007, ante la aprobación de la reforma electoral que prohibía la compra de tiempo-aire en épocas electorales.

No es la libertad de expresión lo que les preocupa. Nunca les ha preocupado. Es su libertad de ponerle precio y mercantilizar la información ahora que vienen las campañas electorales. De hecho, lo hacen por debajo o por encima del agua. Venden entrevistas, cobran por infomerciales políticos, negocian jugosos contratos de publicidad con los aspirantes dispuestos a caer en la trampa de la extorsión: o pagas o te pego. Les molesta que las fiscalicen. Por eso el IFE ahora se vuelve su enemigo.

Y lo mismo han hecho con los organismos reguladores cuando ven atacados sus intereses: CFC, Cofetel y quienes se sumen.

El verdadero rostro de las pantallas de la “señal con valor” y del “canal de la familia mexicana” se observa con toda su crudeza sin que ninguna autoridad les ponga un alto, un mínimo extrañamiento.

Televisa y TV Azteca detentan concesiones de un bien público. Eso siempre lo olvidan. Sobre todo, cuando asaltan las instalaciones del Cerro del Chiquihuite, cuando emprenden campañas contra posibles competidores de una tercera cadena o cuando la soberbia les hace creer que ésta es una dictadura de pantalla.