En la Basílica de Guadalupe se llevó a cabo una misa para recordar a las víctimas del Royale al cumplirse seis meses del ataque. Foto: José Aguilar. Fuente: http://www.elnorte.com

En las rejas desvencijadas del Casino Royale, decenas de cruces y fotografías se mantienen como testimonio desolador de la peor tragedia ocurrida en Monterrey en los últimos años. Sin insultos ni aspavientos, una manta le recuerda al primer mandatario:

“Sr. Presidente Felipe Calderón:

“Le pedimos que honre su palabra.

“CAIGA quien CAIGA”

“Confiamos en usted”.

El mensaje no puede ser más ofensivo en estos días para los familiares de las víctimas. El alcalde panista de Monterrey, Fernando Larrazábal, aparece como el número uno en la lista de candidatos plurinominales a la Cámara de Diputados. Ni más de 50 muertos ni la estela de corrupción que reveló el atentado al Casino Royale afectaron a este edil, el mismo personaje que salió impune del escándalo de la mala construcción de la Megabiblioteca José Vasconcelos, en el sexenio foxista. Larrazábal, entonces, fue el responsable de los millonarios fondos para esta obra desde el Capfce.

Según informa la prensa regiomontana, alrededor de 60 militantes del blanquiazul buscarán impugnar a Larrazábal ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Para conmemorar los seis meses de esta tragedia, se celebró una ceremonia religiosa en la Basílica de Guadalupe. Samara Pérez, una de las sobrevivientes, reveló que buscan fondos para contratar a la empresa de peritajes que estuvo a cargo de la investigación de la muerte del secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora.

No transcurría medio año de esta tragedia que cimbró a Monterrey cuando ocurrió el domingo pasado la matanza de 44 reos en la cárcel de Apodaca. En medio de la matanza se fugaron 33 presuntos dirigentes del cártel de los Zetas. El gobernador priista Rodrigo Medina apareció un día después, en multicitada conferencia de prensa, para acusar a funcionarios menores, reprocharle al gobierno federal panista la sobrepoblación de las cárceles con reos del fuero federal.

Réplica de la impunidad que permea desde hace dos años y taladra la indignación de los regiomontanos, la dirigencia nacional del PRI asumió el sábado 25 de febrero la defensa a ultranza del gobernador Rodrigo Medina. El emisario fue Ricardo Aguilar Castillo, ex dirigente estatal priista en el Estado de México, mano derecha del aspirante presidencial Enrique Peña Nieto, quien habló a nombre de la dirigencia nacional del tricolor:

“El CEN del PRI, por mi conducto, y todo el priismo nuevoleonés, respalda al gobernador del estado, Rodrigo Medina, y expresa su absoluto apoyo a las decisiones tomadas en el ejercicio de su gobierno”.

Ni una mínima crítica o recomendación se coló en este mensaje que pretende atajar por decreto el descontento generalizado, de empresarios y ciudadanos, contra la autoridad estatal.

Como en las puertas del Casino Royale, los que hablan en Monterrey con mayor fuerza que los medios masivos son los mensajes anónimos del crimen organizado. Revelan con toda su crudeza el pacto de impunidad que rodea al bipartidismo dominante en la otrora zona de mayor riqueza y tranquilidad en el noreste del país.

El viernes 24 de febrero, los emisarios de los Zetas colgaron una manta donde le recuerdan a Rodrigo Medina que recibió 20 millones de dólares de ese grupo delictivo durante su campaña para gobernador del estado. Aseguran que ellos tienen el control de Nuevo León. Y, por tanto, de las autoridades.

En medio de este deterioro, un informe de la Policía Federal afirma que son cuatro los cárteles que se disputan Nuevo León:  Los Zetas, el Cártel del Pacífico, el Cártel de Juárez y el Cártel del Golfo.

¿Cuándo se jodió el espejismo de la ciudad más próspera del país y de la entidad emprendedora?

El desconcierto y la desesperación de los ciudadanos, especialmente de los jóvenes de Monterrey, son tremendos. Quedan las redes sociales, los nuevos medios donde se expresa con toda crudeza lo mismo la crítica de un magnate como Lorenzo Zambrano que las denuncias de twitteros insumisos.

En Nuevo León, han confluído los afluentes de dos corrientes turbias: la fallida guerra calderonista contra el narcotráfico y el quiebre de un modelo bipartidista, en el cual ya no creen ni los militantes ni los ciudadanos de esta entidad.