Antes de comenzar a señalar y a acusar a Twitter por los más recientes cambios que ha realizado en materia de censura, convendría preguntarse: realmente ¿Quién está ejerciendo esta censura? Y más importante aún ¿Por qué?
Para quien no esté enterando de lo que está ocurriendo en el universo de los 140 caracteres le explico: el día de ayer, Twitter anunció que de ahora en adelante bloqueará los mensajes que cualquier “ente autorizado”de cada país considere ofensivo o ilegal. Con un resignado “Los tuits aún deben fluir”, el sitio de microblogging anunció las nuevas medidas en su blog oficial.
En el comunicado, asumen que la libertad de expresión es un derecho universal, sin embargo, “algunos difieren en cuanto a qué es libertad de expresión”. Ponen el ejemplo de que, en países como Francia o Alemania, por razones “históricas o culturales”, no es adecuado permitir el contenido pro Nazi.
“Hasta ahora, la forma que teníamos de controlar estos contenidos era removiéndolos de forma global. A partir de hoy, tenemos la posibilidad de bloquear los contenidos por país”, dice la compañía en su comunicado.
Lo anterior es una especie de arma de doble filo, pues mientras esos contenidos pro Nazis, por ejemplo, no serán visibles en Francia y Alemania, en el resto del mundo lo serán.
Ahora bien, no todo es tan radical. Cuando una situación de este tipo se dé, Twitter informará al usuario que algún “ente autorizado” (que suponemos, sería el gobierno) le ha pedido que bloqueen su tuit y “claramente haremos notar cuando el contenido ha sido retenido”. A lo largo de todo el post, Twitter hace hincapié en el hecho de la transparencia, insistiendo en que siempre informarán a los usuarios de las posibles situaciones que se den.
En el texto original concluían: “Uno de nuestros valores centrales siempre ha sido y será respetar la voz de nuestros usuarios. Trataremos de mantener el contenido siempre arriba como y donde sea, y seremos transparentes con nuestros usuarios cuando esto no se pueda. Los tuits deben seguir fluyendo”.
Cuál habría sido la reacción de la gente que el día de hoy han tenido que hacerle una actualización a ese post respondiendo a una serie de preguntas frecuentes. En realidad, sólo responden a tres preguntas, pero que resultan esenciales ante estas nuevas medidas.
La primera es en torno a la cuestión de la filtración: ¿Bloquearán los tuits antes de que aparezcan? Aquí, Twitter responde de forma bastante inteligente y dice que, dada la cantidad de tuits que se envían a diario (billones) no es “posible ni realista” filtrar el contenido. Con esta media sólo serán “reactivos” ante las autoridades que les soliciten la retención de información, y que incluso esas peticiones, las evaluarán antes de ejecutar cualquier acción. Y de nuevo, insisten en que el usuario será informado y que el contenido del tuit estará disponible al resto del mundo.
Posteriormente ponen dos imágenes de cómo lucirá el contenido que retengan. Y, por último, responden a quizás la cuestión más crítica y la pregunta más importante: ¿Por qué esto? ¿Por qué ahora? De toda la respuesta institucionalizada que da la compañía, hay algo demasiado honesto en ella: “No hay ninguna magia detrás del timing de esta decisión”.
Es un hecho que hoy más que nunca Internet se enfrenta a los mayores intentos de control y censura en su historia. Si bien, Twitter no está respondiendo a un miedo anticipado a SOPA o PIPA, y mucho menos a lo ocurrido con Megaupload, desde hace meses se ha tenido que enfrentar a las cortes estadounidenses y británicas por no querer revelar la información de sus usuarios y por no querer bloquear contenidos.
El lector recordará cómo hace unos meses un juez estadounidense le pidió a Twitter que revelara los Mensajes Directos de tres usuarios que posiblemente estaban relacionados con Wikileaks o cómo, de la misma manera, en el Reino Unido les pidieron bloquear todos los tuits pro talibanes o que mostraran alguna forma de apoyo al terrorismo.
Ante estas dos medidas, la compañía se había negado, apelando como siempre han hecho a la libertad de expresión y a la transparencia.
Si se lee el comunicado, o con las pocas frases que hemos reproducido aquí, es notorio que Twitter está tomando estas medidas más a regañadientes que por gusto propio. La constante insistencia en la transparencia y en informar al usuario demuestran que no están nada cómodos con esto.
Las reacciones de los usuarios han sido muy diversas, pero entre todas ellas, impera un descontento hacia la compañía, llegando incluso a proponer un “apagón” de Twitter. La popular bloguera cubana Yoani Sánchez ha dicho que, en protesta contra estas nuevas medidas, no tuiteará durante todo un día. Probablemente a muchos esto no les afecte, pero cabe recordar que Twitter se ha convertido en una de las principales plataformas por las que esta activista hace públicas las injusticias de su país.
En un artículo bastante acertado publicado en el blog The Next Web, Nancy Messieh concluye: “No es Twitter quien te censura, es tu gobierno”. Y tiene bastante razón: Twitter está haciendo todo lo posible para que sus usuarios no sean censurados, y estas acciones tomarán lugar sólo si el “ente autorizado” solicita este bloqueo. Y de hecho, aún así no resultará tan fácil: si Twitter ha luchado para no bloquear los tuits pro terroristas por miedo a caer en excesos (y eso que el bloqueo de este tipo de tuits está más justificado), si se han negado a dar información de sus usuarios, va a ser muy difícil que Twitter ceda del todo ante la censura.
Messieh dice que es muy fácil criticar a Twitter por tomar estas medidas, y sin embargo, ellos están tratando de justificar todo de la mejor manera posible, a diferencia de espacios como Google o Facebook, que ya ejercen medidas similares o peores, sin avisar de la forma en la que la está haciendo Twitter.
Es un hecho que el control por el Internet es el tema que tiene preocupados a los gobiernos actualmente, pero precisamente por lo mismo, es justo ahora cuando tanto compañías como usuarios tenemos que estar atentos a los cambios y, si no estamos de acuerdo con ellos, demostrarlo. Pero eso sí, demostrarlo siempre a quien deba recibir el mensaje.




El problema es cuando este tipo de políticas llegan a un país como México, en dónde la denuncia a los actos de corrupción de partidos políticos y gobernantes en general se puede ver bloqueado por las mismas autoridades corruptas; ya se dio el caso con el actual Gobernador de Veracruz Javier Duarte y los ciberterroristas del twitter que fueron detenidos y días después liberados por citar uno de tantos ejemplos. Es una línea muy delgada y difícil de manejar en un estado con tintes de totalitarismo.
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