La Noche del Óscar

Escrito por el 26 enero 2012 a las 9:00 pm en Destacadas, Entretenimiento

El Ciudadano Kane, considerada por muchos la mejor película de la historia, es la muestra más clara de que no es necesario ganar un Óscar para trascender en la historia del cine.

¿Alguien a estas alturas en realidad considera como ejemplares de gran cine a las ganadores del Oscar como Mejor Película Gente Ordinaria (1980), Memorias de África (1985) o El Chofer de la Señora Daisy (1989)?

En el recuento de las mejores películas de los últimos años, ¿Se puede tomar en serio cintas de la última década a las premiadas Una Mente Brillante (2001), Chicago (2002) Crash (2004) y ¿Quién quiere ser millonario? (2008).

Existe mayor posibilidad que entre las cintas hollywoodenses que más han trascendido la prueba del tiempo y se encuentren en el recuerdo de las audiencias incluyan a El Ciudadano Kane (1941), Un Tranvía Lllamado Deseo (1951), Dr. Strangelove (1962), ¿Quién teme a Virginia Wolf? (1966), Mi Vida es mi Vida (1970), La Naranja Mecánica (1972) Taxi Driver (1976), Network (1976), Apocalipsis Ahora (1979), Toro Salvaje (1980), Nacido el Cuatro de Julio (1989), Buenos Muchachos (1990), Sueños de Fuga (1994), Tiempos Violentos (1994), Fargo (1996), La Delgada Línea Roja (1998), Secreto en la Montaña (2005), Petróleo Sangriento (2008), que en su tiempo, fueron nominadas pero fracasaron en obtener el máximo galardón.

La lista de incongruencias es de risa: ni los legendarios Stanley Kubrick, Orson Welles, Akira Kurosawa, Robert Altman, Howard Hawks, o Alfred Hitchcock recibieron reconocimiento por alguno de sus trabajos. Al Pacino jamás fue premiado por el personaje que definió su carrera, Michael Corleone, en la serie de El Padrino. Martin Scorsese fue ignorado cuando realizó sus mejores obras, para ser recompensado años más tarde por uno de sus esfuerzos más olvidables. Existen más ejemplos, pero realizar un recuento más extensivo del mismo implicaría conceder la seriedad de la que la misma Academia ha renegado durante décadas.

Si la celebración de los premios de la Academia ha caído desde años en el desprestigio, si resulta irrelevante quien resulte ganador del premio ¿Porqué el evento sigue dando la nota y sigue congregando a millones de espectadores a lo largo del mundo?

Existió una época en que existía la percepción de que ganar un Oscar representaba un estándar mínimo de calidad y lograr una nominación era una distinción. Desde los años 80, el evento ha dejado esa ambición a un lado, y se ha tornado en un frívolo espectáculo en el que la atención se concentra en las estrellas y sus acompañantes, así como en el atuendo que llevan el día de la celebración.

Pero hasta esto último se ha desgastado en los últimos años. En la medida en que los grandes estudios realizan grandes producciones para segmentos de audiencias distintas, ha menguado el poder de las estrellas. Y esto se debe a que durante los últimos años, se han producido pocas nuevas celebridades que sobrevivan más de un lustro.

La Noche del Óscar se convierte para muchos espectadores en la reunión de Navidad con la familia extendida a la que nadie quiere en verdad asistir, pero en la que pesa más la tradición y la inercia.

Por tercera vez consecutiva, la Academia nomina a 10 películas para el premio máximo. Ello permite que se puedan realizar un reconocimiento a más alternativas, pero también produce como consecuencia que la lista en su conjunto resulte irrelevante. La tradición indica que normalmente quedan descartas aquellas que no cuentan con nominación para Mejor Director y de estas últimas, las que tienen el número menor de nominaciones. El caso del Chofer de la Señora Daisy fue una de las excepciones en las que su director no estaba nominado. Bajo esa lógica, la contienda la encabezaría Hugo, The Artist y The Descendants.

Otra regla constante es que si emerge una clara favorita que hace demasiado ruido en los medios, la Academia termina decantándose por la alternativa en apariencia menos probable.

De esta última lista de nominaciones, lo más destacado para la prensa mexicana ha sido la inesperada postulación del actor mexicano Demian Bichir. La mayoría de las candidaturas más destacadas son de filmes que aún no se estrenan en México, pero en esencia no se aprecian grandes sorpresas. Billy Crystal volverá a conducir el evento, y será interesante presenciar si podrá lograr la espontaneidad de sus mejores intervenciones, en un evento que carece de sobresaltos a menos de que algo se salga del guión, como lo fue la memorable protesta de Michael Moore en 2003, contra la guerra en Iraq.

El próximo 26 de Febrero, audiencias de todo el mundo se congregarán para presenciar una vez más, aquella tradición que lleva 84 años de existir, pero que se acerca con cada entrega a la obsolescencia.

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