Javier Corral

Dos decisiones de gran relevancia vinculadas a la radiodifusión y las telecomunicaciones, que centralmente atraviesan el futuro de la competencia económica en ambos sectores y que según el sentido de su resolución comprometerían gravemente las libertades de expresión e información, se procesaron a puerta cerrada en los órganos de autoridad que tienen a su cargo la decisión. Tanto la Comisión Federal de Competencia, como la Comisión Federal de Telecomunicaciones, integradas ambas por cinco comisionados cada una, deliberaron, si es que lo hicieron, en total privacidad; como si los asuntos a su consideración fueran privados y no públicos. Es increíble, pero el país no sabe todavía exactamente lo que pasó en esas sesiones.

 

En el primer caso la Cofeco se reunió en privado para resolver si autorizaba o no la fusión de la empresa Televisa, propiedad de Emilio Azcárraga, con la empresa Iusacell, propiedad de Ricardo Salinas Pliego, concesionario a la vez de Tv Azteca. Se sabe que se llevó la sesión y que el asunto fue resuelto, no se sabe en qué sentido y con qué votación, aunque el periódico El Universal ha especulado con la versión de que fue rechazada.

Como decía mi abuelita Elisa, “Dios lo quiera”.

Esa pretendida fusión ha sido hasta ahora la amenaza más descomunal a la política de competencia del Estado mexicano, contenida en el artículo 28 constitucional que exige para el otorgamiento de concesiones sobre bienes del dominio de la Nación asegurar la eficacia en la prestación de los servicios, garantizar el uso social y evitar fenómenos de concentración. Y sin duda, ha sido el tema más relevante, desde su creación, que ha conocido el pleno de la Cofeco.

Está absolutamente documentada la dominancia que Televisa y TV Azteca ejercen en el mercado de la televisión abierta, y es absurdo suponer que los que se habrían de asociar en el mercado más importante y rentable en ingresos que es la telefonía, iban a mantenerse separados y no coludidos en el manejo televisivo. De hecho, en medio del proceso por el cual solicitaron la fusión, tuvieron el descaro de coludirse para expulsar de sus pantallas la publicidad de Telmex y de Dish, el primero operador dominante en telefonía y el segundo competidor de Sky en la televisión satelital. Si eso hicieron cuando estaba en vías de aprobación la fusión, ¿qué no harían si se les hubiera autorizado?. Bueno, no tenemos certeza de ello, porque todo se ha llevado con extremo sigilo.

En un comunicado emitido por el Presidente de esa Comisión, Eduardo Pérez Motta, se informa que el fallo será dado a conocer a más tardar el 7 de febrero, porque primero hay que notificar a las partes y, antes de ello, engrosar la resolución. Que lapso tan preocupante como peligroso para una decisión de esta naturaleza, y que atraso en materia de transparencia acusa el método. La Suprema Corte de Justicia de la Nación que delibera públicamente los asuntos jurídicos de mayor calado (económicos, políticos, civiles, etc.), discute primero una ponencia, vota, engrosa y luego vuelve a confirmar el sentido del voto de cada uno de los ministros. El contraste con lo ocurrido en Cofeco es del día a la noche.

El segundo caso parece tener relación con el anterior, y es el hecho que me inclina a pensar en la negativa a la fusión Televisa-Iusacell, se trata de la sesión de la Comisión Federal de Telecomunicaciones en la que se aplazó votar la licitación de una tercera cadena nacional de Televisión abierta y varias regionales. Apertura en la que se ha apostado con toda valentía el Presidente de esa comisión, Mony De Swan, pero no así el resto de los comisionados.

Están acreditadas mis diferencias con Mony De Swan en su posición con relación a la licitación 21 y a la política de Televisión Digital Terrestre sobre todo en el tema de la multiprogramación. Pero ello no me impide reconocer que, en consistencia con su planteamiento general, ha sido el único que realmente se ha apostado por liberar el espectro para radiodifusión del largo secuestro en que el duopolio de la Televisión comercial lo ha mantenido durante décadas. De ahí que tanto las televisoras como sus personeros en el Congreso, entre los que se destaca el servilismo de César Augusto Santiago, se lo quieran comer vivo.

Desde siempre he luchado para que en México haya no sólo una tercera cadena, sino que en función de la disponibilidad real de espectro, debiéramos hablar de una cuarta y hasta quinta cadenas nacionales, y varias de carácter regional que redunden no sólo en una mayor competencia, sino reflejen la pluralidad y diversidad de Nación que somos. Anhelo también una red nacional de Televisión de servicio público como en España, Inglaterra o Italia, incluso, como la tiene Estados Unidos.

Pues esa decisión, fundamental para eliminar la hiperconcentración que tiene ese mercado, está nuevamente aplazada; como dice Javier Solorzano, “algo pasa” siempre que se quiere abrir la televisión. Es que en realidad tampoco sabemos con certeza qué pasó en la sesión del pasado 25 de enero, y qué quieren hacer los comisionados. Dos boletines del mismo órgano, ofrecen dos versiones.

El Presidente Mony De Swan, emitió un Comunicado de Prensa No. 03/2012 que señala: “el Pleno de la COFETEL… resolvió aplazar la votación del proyecto y que el mismo no sea integrado en la agenda de futuras sesiones del Pleno hasta considerar que han quedado atendidos elementos que están fuera del ámbito de competencia de la Comisión. No se definió una fecha para que el tema sea analizado nuevamente.”

Y los cuatro comisionados restantes, Ernesto Gil Elorduy, Gonzalo Martínez Pous, Alexis Milo y José Luis Peralta signaron un nuevo comunicado el 26 de enero, un día después, presumiblemente para “aclarar” que no era cierto que habían aplazado “indefinidamente” su decisión, lo que nunca se mencionó en el primer comunicado. Este segundo boletín es de una preocupación enorme; tratando de sacudirse la decisión pusilánime, sólo la confirmaron, porque tuvieron el buen cuidado de no de especificar cuándo volverán a someter el tema a votación, no aclaran los elementos que “están fuera del ámbito de competencia de la Comisión” y no mencionan el tema central que es la licitación de la tercera cadena.

Esta manera de rehuir a la transparencia, no explicando las verdaderas razones por las que no votaron un proyecto que claramente le urge a México, para abonar a la competencia en un sector tan acaparado, es resultado de la presión de las televisoras y como reacción a la eventual resolución de la Cofeco en el asunto de la fusión. No había necesidad de aclarar nada; lo que en realidad sucedió es que los cuatro comisionados se sintieron exhibidos y se sintieron molestos porque tuvieron que salir de su zona de confort en donde llevan dos meses cómodamente sentados, aplazando los temas por una u otra razón, mientras a su Presidente se le viene el mundo encima.

La posibilidad de licitar una tercera cadena de TV tiene dos antecedentes públicos: el compromiso de la COFETEL del 14 de julio de 2010 y las Acciones de Política Regulatoria 2011-12, presentadas el 1 de agosto pasado. Por eso nadie debe llamarse a sorpresa. La primera vez que se subió el Programa a Pleno fue el 5 de octubre y en esa sesión se hicieron comentarios de fondo tanto al mismo, como al estudio de mercado.

Esas observaciones se atendieron durante meses conjuntamente con las oficinas de los comisionados. Paralelamente se lanzó una consulta pública no vinculatoria, pero cuyos resultados son aplastantes: 1,130 personas manifestaron su interés en participar, sólo 451 cuestionarios fueron recibidos, procesados y validados y en éstos se exhibió que gran mayoría de los consultados está en contra de la concentración, a favor de la licitación de más cadenas de televisión y que además creen que es insuficiente la oferta de la tv abierta.

La consulta pública abarcó catorce temas entre los que destacan: suficiencia de oferta de TV abierta; suficiencia de mercado publicitario para nuevas empresas; suficiencia de canales de distribución para contenidos independientes; viabilidad financiera de una cadena de televisión digital; número de cadenas que deberían licitarse; restricciones al número de cadenas que un mismo oferente pudiera obtener; dimensión geográfica; promoción y acceso a productos independientes, como criterio de evaluación y contraprestación en especie.

Del comunicado de los cuatro comisionados se desprende, no lo dicen con claridad, que después de revisar el programa todas estas veces, ahora quisieran primero concluir la licitación de radio en el sureste y, sólo entonces, decidir sobre televisión. En todo caso eso debiera decirse con toda claridad y asumir esa responsabilidad, pero hay un hecho fundamental: la licitación de radio se diseñó como una que fomente cobertura (se licitan estaciones de FM donde no las hay), mientras que la de Televisión sería pro-competencia.

La enorme tragedia es que después de un año de trabajo, la Cofetel no ha ejercido un solo acto de autoridad en televisión (como sería publicar el programa de licitación). Porque ni el estudio de la disponibilidad de espectro, ni el estudio de mercado, ni la consulta, son actos de autoridad. En realidad el “aplazamiento” no es más que la cancelación, otra vez, de la apertura de la Televisión.

Recuerdo cuando en el foro convocado por El Universal para analizar los resultados de la consulta sobre la eventual licitación, el Presidente Mony De Swan mencionó que habían recibido 55 solicitudes de interesados en obtener concesiones, de las cuales 19 eran para operar de manera local, 23 para regional y 13 para cobertura nacional, y ahí mismo adelantó que el proceso recorrería un camino tortuoso pues no descartó amparos para intentar frenar el proceso. Quién iba a decir que sus mismos compañeros comisionados le iban a poner el freno.

El de la tercera cadena de televisión no es un debate sobre comunicados de prensa, y sus “aclaraciones”, sino sobre la transparencia, la necesaria rendición de cuentas y los mecanismos que permitan conocer de mejor manera el funcionamiento interno de la Cofetel, sus procesos y a los comisionados asumir la responsabilidad de sus posiciones.

Es una lástima que el de la competencia en las Telecomunicaciones y en la TV siga siendo el México de la larga espera, el del siguiente sexenio, el que nunca llega; es el México de la menor transparencia, el menos claro o si se quiere el más opaco; es un México siempre a la deriva que concentra como ningún otro tema las mayores contradicciones de todos los avances que presumimos como Estado democrático, el que exhibe la mediocridad –de pies a cabeza– de la clase política; es el México que nos confronta en el interior y nos exhibe en el mundo. Es el México del limbo, siempre entre la vida o la muerte, a veces como lo más probable, a veces como lo imposible. ¡Qué tristeza!