Juan Pablo Proal

5 De Enero De 2012

 

Nacho Pineda, fundador del Foro Alicia. Foto: Alejandro Saldívar

MÉXICO, D.F. (apro).- México no es un país donde abunden los millonarios, aunque la cartelera y los precios de los conciertos masivos que se celebran bien podrían servir para que el presidente de la República incluyera esta indicador en su informe anual como sinónimo del progreso de la nación.

Tal vez sea un lugar común para los pueblos Latinoamericanos, pero desde los más fríos músicos ingleses hasta los líderes eclesiásticos más anticlimáticos cuentan con miles de fanáticos dispuestos a arriesgar toda su estabilidad por tan sólo verlos a la distancia. Esto cobra más fuerza tomando como referencia la obsesión compulsiva de los fanáticos por comprar miles de boletos de un concierto en un par de horas. Para ellos, el dinero jamás es un factor en la ecuación final.

En sólo un año, los monstruos de los monopolios de conciertos pueden traer a Pearl Jam, U2, Peter Gabriel, Yes, Iron Maiden, Jethro Tull, Dream Teather y The Animals, como ocurrió en 2011. Para quien no sea tan fanático del rock, esto sería el equivalente a que el Estadio Azteca fuera escenario en el mismo mes de los duelos: Barcelona VS Real Madrid; Manchester United VS Chelsea, y Milán VS Juventus. Los fanáticos del futbol no dudarían en malbaratar sus pocos bienes por asistir a cada uno de esos encuentros. Y no les remordería la conciencia.

En la década de los setenta, después del Festival de Avándaro, el gobierno prohibió los conciertos de rock; dos décadas más tarde, comenzaron a venir, a cuentagotas, las vacas sagradas británicas. Y hoy las presentaciones masivas son tan ordinarias como la nota roja en las primeras planas.

Estar hasta delante de un concierto grande, digamos, de Roger Waters, fundador de Pink Floyd, cuesta alrededor de 3 mil pesos. Y en unas cuantas horas los boletos se esfuman, como si se tratara de ramos de indulgencias para un asesino converso.

Ignacio Pineda, más conocido como “Nacho Pineda”, fundador del Multiforo Alicia, tiene una hipótesis que puede ayudar a entender lo que está pasando:

“Este modelo del neoliberalismo se va a notar mucho en el espectáculo. No pueden traer cada semana bandas y bandas y bandas como si fuera Estados Unidos y Europa cobrando esos mismos precios. A la larga lo que va a ocurrir es que el grande se comerá al chico, se quedarán los conciertos grandotes, los que la gente le interesa oír, y los proyectos pequeños no aguantaremos”.

Nacho sabe de lo que habla. El viernes 1 de diciembre de 1995 abrió, junto con dos socios, un modesto local en el número 91 de avenida Cuauhtémoc, en la colonia Roma. La intención era crear un espacio para los grupos nuevos que no tenían cabida en las disqueras, la tele y los grandes estadios. A las pocas semanas los números estaban en rojo, sus aliados abandonaron el barco y se quedó solo. Decidió cerrar el lugar, pero desistió cuando le advirtieron que en el contrato se había comprometido a pagar un año de renta. Y así, casi obligado, tuvo que abrir semanalmente las puertas del Multiforo Alicia.

“El Alicia fue un accidente, iba a tronar a los cinco meses de inicio”, confesó Nacho en el libro Alicia en el Espejo, una relatoría del mítico lugar.

Jamás previó que el foro sería la catapulta de bandas que años más tarde serían famosas. Ahí comenzaron a tocar Lost Acapulco, Salón Victoria, San Pascualito Rey, Las Ultrasónicas y Austin Tv, por ejemplo.

En este enero El Alicia festeja oficialmente sus 16 años de inauguración. Y lo hace en medio de la incertidumbre, del mismo misterio que caracteriza el rostro de Nacho Pineda, un hombre con unas facciones que dan la impresión de casi no reflejar sentimiento alguno.

En entrevista, Nacho lo mismo puede decir que vienen muchas sorpresas para el próximo año (aunque no precisa cuáles) y más tarde suelta que el lugar podría cerrar definitivamente.

—    En varias ocasiones has dicho públicamente que El Alicia va a cerrar, ¿esto ocurrirá?

 –    Se tiene que cerrar, tarde o temprano, yo te digo, hay cambios constantemente, debe de haber cambios. Quizá el Alicia no cierre, quizá yo tengo que cerrarlo, alguien tiene que sumir dentro del colectivo, quizá yo ya no. Son 16 años, son muchos años, la gente que trabaja en el colectivo lo puede hacer, creo que sí.

—    Estás planeando retirarte, entonces…

—    No sé, no sabemos, es una pregunta para el I Ching.

En estos 16 años Nacho ha organizado un estimado de tres mil conciertos. Con esa experiencia, sabe que además de la amenaza de los megaconciertos, el público es otro antídoto venenoso para el rock mexicano.

“México no es un país roquero, hay más bandas que público. Al mexicano le gustan otros géneros musicales, no somos realmente roqueros. No hay periódicos, casi no hay revistas y sólo dos estaciones programan rock. Somos un porcentaje mínimo los que asumimos el rock”.

En medio de la conversación, Nacho me reta y me pide que le enliste diez bandas de rock que estén liderando la escena en México. Bandas actuales. Me quedo callado varios segundos y después me interrumpe. “¿Ves?, Siempre hago la misma pregunta. ¡No las hay!”.

Se esfumaron los tiempos en que la Maldita Vecindad, Santa Sabina, Café Tacuva, La Castañeda y Caifanes eran parte habitual de las programaciones de la radio comercial y la tele.

Hoy, compara Nacho, las bandas ya no cobran. Algunas venden boletos de las entradas para sacar su pasaje de regreso a casa.

Por eso es tan importante El Alicia, que, coinciden los fanáticos del rock, superó al proyecto de Rockotitlán, que en los ochenta y principios de los noventa alojó a la escena roquera mexicana.

Pero las cosas son muy distintas al pasado. Hoy decenas de bandas se quedan fuera de la programación del Alicia, un solo lugar no es suficiente para los músicos que quieren tocar en público.

La filosofía del foro permanece idéntica. A todos los músicos se les paga, nadie debe vender boletos. El Alicia no es una empresa, sino un colectivo que se reparte las ganancias entre sí. También aloja presentaciones de libros, de documentales y tiene una disquera que ha grabado alrededor de 60 compactos.

Es, sin dejo de duda, el lugar donde nacen las bandas que más tarde saltarán a la fama. La fábrica de bebés del rock nacional. El espacio donde por 80 pesos entras y por 20 te echas una chela. Donde músicos independientes como José Cruz, Lety Servin, Rafael Catana o Armando Rosas tocan periódicamente. Es, por así decirlo, el Garibaldi de los rockers.

Sólo que el proyecto, se quiera o no, descansa en una sola persona: Nacho Pineda. Y así de frágil es su futuro, absolutamente mortal. Él puede decir que lo dejará en manos del colectivo cuando se vaya, pero él es el motor del foro, y quién sabe si el coche aguante un cambio completo de maquinaria.

Tenga años por delante o cierre en estos meses, lo único concreto es que este enero el Multiforo Alicia cumple 16 años y los festejará con un cartel de lujo. El sábado 14 de enero estarán Los Acapulco y Los Explosivos. Y un día antes, sonido Gallo Negro.

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