El 22 de diciembre de 1976, a los 89 años de edad, murió en su oficina en la colonia Juárez de la ciudad de México uno de los más certeros narradores y cronistas de la Revolución mexicana. Martín Luis Guzmán realizó a través de sus obras un análisis profundo y sin concesiones sobre la Revolución y sus contradicciones. Retrato como pocos la degradación y descomposición de un sistema que se afianzó en el poder al término de la lucha armada, cuyos miembros construyeron una nueva forma de legitimación y de ejercicio del poder. El escritor, nacido en Chihuahua en 1887, logró con su obra desentrañar estos mecanismos de la política mexicana, comprendió la brutalidad del régimen revolucionario que había dejado atrás las reivindicaciones populares y los postulados iniciales de la lucha.
Martín Luis Guzmán conoció desde adentro la lucha revolucionaria; en el ejército villista alcanzó el grado de coronel. Después de un exilio de 1923 a 1937, regresa a México y “ coadyuvó a forjar una tardía unidad de los líderes de las distintas facciones revolucionarias, fundamento de la Revolución institucionalizada y sus actos de ecumenismo revolucionario” (Beatriz Alcubierre Moya y Jaime Ramírez Garrido , “Martín Luis Guzmán: a la sombra de la Revolución”, Revista Nexos, diciembre 2011).
Con un incansable trabajo intelectual, como diplomático, político, funcionario y escritor, Martín Luis Guzmán se consideraba a sí mismo un periodista ante todo. Sus obras literarias incluyen El águila y la serpiente (1926), Filadelfia, paraíso de conspiradores (1938), Memorias de Pancho Villa (1951), Muertes Históricas (1958) y Febrero de 1913 (1963). Su obra más célebre es La sombra del caudillo, escrita en 1929. En ella narra, con personajes ficticios, un suceso real: el asesinato del general Francisco R. Serrano. Este general revolucionario se lanzó por la presidencia de la República en 1927, provocando una disputa con el general Álvaro Obregón, quien pretendía suceder a Plutarco Elías Calles. La decisión de Obregón de buscar un segundo periodo en el cargo, vulneraba el principio de no reelección que fue la bandera del movimiento revolucionario de 1910. Con un reflejo fiel en la realidad, los personajes de la novela retratan de manera descarnada el entramado político y las traiciones al interior de la “familia revolucionaria”.
En 1958, el autor recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Literatura y Lingüística. Paradójicamente, dos años después La sombra del caudillo sería llevada al cine, permaneciendo “enlatada” durante 30 años debido a la censura. El sistema no tenía miedo al restringido círculo de lectores, pero sí a un medio que podía alcanzar un mayor número de personas como lo es el cine; por un lado reconocía la labor de Martín Luis Guzmán y por el otro silenciaba la crítica.
El poeta José Gorostiza, en ocasión del cumpleaños 80 de Martín Luis Guzmán, describió al intelectual como un hombre en el cual “coinciden tres personas: el revolucionario, el escritor y el hombre de acción”.
En 1959 es nombrado por el presidente Adolfo López Mateos como presidente de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg). En su juventud, Martín Luis Guzmán perteneció al Ateneo de la Juventud, parte de esta experiencia la retoma en su puesto vitalicio al frente de la Conaliteg, recuperando además la experiencia de José Vasconcelos al frente de la SEP. Los libros de texto cumplieron con una doble función, por un lado pretendían otorgar la misma posibilidad a todos los niños de acceder a los libros, sin importar clase social ni procedencia geográfica; por el otro, siriveron como un medio para controlar a las escuelas privadas, especialmente las de corte religioso.
Una figura fundamental en la vida de Martín Luis Guzmán fue Pancho Villa, en gran parte el imaginario popular retoma el retrato que de él hiciera el escritor en El águila y la serpiente y Memorias de Pancho Villa. En cierta medida, el veterano villista fue responsable de la reivindicación de la figura del “Centaruo del Norte” y de su entrada oficial al “panteón de héroes revolucionarios”. Un mes antes de morir estuvo presente en el homenaje a Francisco villa con motivo del traslado de sus restos mortales al Monumento a la Revolución, donde finalmente descansaría el caudillo norteño al lado de otros revolucionarios; en el mausoleo Villa comparte con su respetado Francisco I. Madero y con su declarado enemigo Venustiano Carranza.
El escritor chihuahuense tuvo una prolífica carrera en el ámbito público, además de los puestos y reconocimientos que ya hemos mencionado, funada la editorial Ediapsa en 1939; funda y dirige, hasta su muerte, la revisa Tiempo de México; fue secretario de la Universidad Nacional de México y director de la Biblioteca Nacional; representa a México como embajador ante la ONU (1953 a 1958); y senador de la República en 1970. En 1940 es nombrado miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua, y en 1954 es nombrado miembro de número. La Universidad Autónoma del Estado de México lo nombra en 1958 rector honoris causa y, el mismo año, la Universidad de Chuihuahua le concede el doctorado honoris causa. Un año después López Mateos le otorga el Premio Literario Manuel Ávila Camacho.
Como periodista, en 1908, trabajó en la redacción del periódico El Imparcial; fue fundador de diarios como El debate, Ahora y Luz. Durante toda sus vida fue colaborador constante de diversos diarios y revistas.
El aniversario luctuoso número 35 de la muerte de Martín Luis Guzmán, es un pretexto idóneo para acercarse a este autor, que junto con Mariano Azuela, es considerado fundador y pionero de la novela revolucionaria.




Mi respeto y admiración para Martín Luis Guzmán. Quisiera poder adquirir y comprar sus demás libros, tan sólo tengo memorias de Pancho Villa. Gracias un abrazo. Saludos