El jueves 1 de diciembre terminó la serie histórica de Televisa El Encanto del Águila. Un año después de la celebración de los 100 años de la Revolución, se transmitió esta serie que en un principio serviría para conmemorar el centenario.

La “superproducción” tan anunciada por Noticieros Televisa no pasó de ser un repaso monográfico de los personajes que participaron durante este proceso histórico. Situaciones como la pobreza en la representación de las batallas son cuestiones menores frente a diálogos acartonados y que, en términos generales, repiten la caracterización de los personajes afianzada por largos años por el discurso oficial.

Las trascendentales batallas en el Bajío, sobre las que hay distintas versiones sobre el número de combatientes involucrados -pero en las que según la mayoría de las fuentes participaron más de 20 mil efectivos entre ambos bandos-, aparecen en pantalla como simples escaramuzas; la puesta en escena no logra dar la sensación de los miles de elementos que lucharon en esta batalla que definiría el rumbo de la Revolución.

Las “libertades creativas” tomadas por los realizadores de la serie aportan muy poco en términos narrativos y para fines dramáticos. El efecto de estas “libertades” fue el de provocar aún más confusión sobre los hechos que se narran. Durante largos años, esta confusión alrededor de varios sucesos de la Revolución fueron reforzados en el imaginario popular con fines políticos.

Entre estas “libertades”, en el serial de Televisa, podemos encontrar algunas que probablemente responden a fines de “resignificación” histórica, como el hecho de que en la imagen presentada del general Plutarco Elías Calles se le resta toda referencia a su participación militar y se refuerza su carácter de maestro. Otras modificaciones a la historia parecen buscar dotar a los personajes con rasgos más humanos, como el caso de la huída del presidente Venustiano Carranza hacia la sierra de Puebla. El líder constitucionalista pide -en la serie de Televisa- que los  cadetes del Colegio Militar no lo acompañen en su huida, con el fin de no exponerlos a una muerte innecesaria; la verdadera historia es que a Carranza lo acompañaron efectivos del Colegio hasta que es asesinado en Tlaxcalaltongo.

Otras libertades parecieran simplemente omisiones en la investigación histórica; durante la primera toma de Ciudad Juárez en 1911, Pascual Orozco y Pacho Villa son llamados “generales”, en aquel entonces el verdadero grado que ostentaban ambos militares era coronel y mayor, respectivamente.

Contadas son las libertades creativas en esta serie de Televisa que resultan afortunadas, la más significativa es tal vez el diálogo de un personaje de ficción con el general Villa luego de la derrota en el Bajío. Ante las cuantiosas bajas, Francisco Villa pide a un niño que hace de corneta de ordenes que toque retirada, el niño llamado “Chencho” responde “no me la sé mi general, nunca la hemos tocado”, en referencia a la hasta entonces imbatibilidad de la División del Norte.

El día 21 de noviembre, mientras por Canal 2 de Televisa se transmitía el capítulo de El Encanto del Águila sobre el asesinato de Francisco I. Madero, el canal de televisión restringida History Channel presentó un documental que resulta interesante por la perspectiva en  abordar el mismo tema. Bajo la conducción del historiador Pedro Salmerón, el programa especial Magnicidios narra la muerte de 6 personajes fundamentales en el movimiento armado de 1910, entre ellos Villa, Zapata y Pascual Orozco. El programa, elaborado en una variante de documental expositivo (la voz del narrador interpreta y ordena los hechos), inicia con el asesinato de Madero. Mediante narración y apariciones a cuadro, Pedro Salmerón explica las circunstancias y el momento político en que se dieron estas muertes, con lo que se genera una mayor reflexión sobre los elementos en juego y los poderes fácticos involucrados en estos eventos; efecto que en la serie de Televisa se ve diluido por una representación dramatizada de los hechos que recrea las últimas horas del “mártir de la democracia”.

La decisión de transmitir esta serie a ocho meses del proceso electoral de 2012 y el discurso final con el que cierra la serie dejan abierta la puerta a la suspicacia. El episodio final narra la manera en que el presidente Calles maneja la crisis que provoca el asesinato del presidente electo Álvaro Obregón, reelecto para un segundo periodo presencial. “El vacío de poder”, dice un texto en la pantalla, que deja la muerte de Obregón hizo a Calles declarar “el fin de la era de los caudillos y el principio de la era de las instituciones” y “calles logró reunir en un mismo partido a los políticos revolucionarios”, la estabilidad política “permitió reconstruir el país”, continúa el texto.

Efectivamente dentro de esta argumentación existen elementos verdaderos, la fundación del Partido Nacional Revolucionario da paso a un periodo de mayor estabilidad y consolidación del Estado postrevolucionario. Sin embargo, en esta apreciación se omite por completo hablar del periodo del Maximato, cuando Calles desde las sombras del poder continuó manejando los hilos de la política nacional.

Como sucediera hace 23 años en la telenovela histórica Senda de Gloria, la participación de Lázaro Cárdenas es reducida al mínimo en la representación histórica. El general Cárdenas aparece en El Encanto del Águila señalando al presidente Calles que con la reelección de Obregón, “al día de hoy Madero está más vivo que nunca”.

El último texto que aparece en pantalla para dar cierre a los trece capítulos de la serie señala “Los anhelos de justicia social que inspiraron al movimiento revolucionario siguen vigentes hasta nuestros días”; una frase que nos recuerda las mejores épocas del discurso priista, ¿pura casualidad o reedición de un discurso del pasado?