Existe entre los marinos estadounidenses una especie de tradición alrededor de los besos. Siempre que están a punto de volver de una misión, los marineros realizan un sorteo para ver quién será el primero o la primera en bajar a besar a su pareja. Los números del sorteo suelen costar un dólar y la recaudado se dona a alguna causa benéfica.
Posiblemente la imagen que mejor retrate esta tradición de marinos y besos, fue la que realizó Alfred Eisenstaedt en Nueva York en 1945, cuando, en la efervescencia del fin de la II Guerra Mundial, un marino decidió besar a una enfermera que pasaba a su lado.
El pasado miércoles, se publicó una foto igual de histórica para la tradición de marinos y besos: Marissa Gaetta, tras 80 días en altamar, desembarcó para besar a su novia: Citlalic Snell. La primera, suboficial de segunda clase de 22 años lleva tres años en pareja con la segunda, suboficial de tercera clase de 23.
Ambas fotografías representan un momento esencial, no sólo para el ejército estadounidense, sino para la historia de ese país. Y es que ambas imágenes retratan, de alguna manera, la celebración por el fin de una era injusta.
En el caso de la primera fotografía, se trata del fin de la II Guerra Mundial y, por cierto, los protagonistas de la imagen no se conocían ni eran pareja, como el mito en torno a la escena ha hecho creer por años. La segunda se da poco más de un año después de que el gobierno de Barack Obama se deshiciera de la homófoba política Don’t ask, don’t tell (no preguntes, no digas), que prohibía a los miembros del ejército revelar su orientación sexual, ya que hasta el 20 de septiembre de 2010, los miembros del colectivo LGBT no podían pertenecer al ejército.
Gracias al Don’t ask, don’t tell el ejército estadounidense había perdido a 14 mil efectivos.
El íntimo momento entre Gaetta y Snell, además de ser recibido con aplausos y gritos de alegría por parte de sus compañeros, según relata la agencia Reuters, representa el primer beso oficial entre lesbianas en la historia de las Fuerzas Armadas norteamericanas.
Un beso que no sólo reafirma una tradición, sino que demuestra la evolución de la misma.



