Foto: Alfredo Estrella/AFP/Getty Images. Fuente: bloomberg.com

Tal como estaba previsto en el guión escrito con paciencia y mucho dinero desde la gubernatura del Estado de México, del 2005 a la fecha, Enrique Peña Nieto se convertirá este 27 de noviembre en el precandidato único y adelantado a la presidencia de la República del PRI.

No hay encuesta que se le imponga. No hay precandidato que quiera enfrentar a esa maquinaria mediática-política construida. No hay estructura clientelar que no esté dispuesta a arroparse en el cobijo del representante más joven de la dinastía de Atlacomulco que, “ahora sí”, piensa coronar su largo anhelo de tener la presidencia de la República.

Sin embargo, el camino está más empedrado de lo que imagina. La renuncia del senador Manlio Fabio Beltrones, el único contendiente real que se atrevió a impulsar un proyecto alterno, lo deja más descobijado y vulnerable que antes. El destape y la cargada de la CNOP, dirigida por el infaltable Emilio Gamboa Patrón, también revela que en el PRI los halagos pueden resultar cadenas. Y el papel de prefecto partidista que está jugando el presidente nacional priista, Humberto Moreira, también lo arropa tanto que hasta puede asfixiarlo.

Los dilemas de Peña Nieto en esta nueva etapa no son pocos:

1.-En primer lugar, no necesita vencer sino convencer al interior del PRI que la arrogancia de su equipo no generará fracturas. Por lo pronto, el convenio firmado con el PVEM y con el Panal ha generado una serie de protestas en Sinalo, Chiapas y, sobre todo, en el Distrito Federal que pueden generarle problemas internos muy severos. Si Peña Nieto no logra convencer al priismo capitalino y operar una reconciliación entre los grupos en disputa, el proyecto de victoria electoral en el 2012 puede desbarrancar. Si Peña Nieto no logra sacar al PRI de la tercera posición electoral en el Distrito Federal difícilmente tendrá la “mayoría absoluta” esperada para su “gobierno eficaz”.

2.-Paradójicamente, está más unido que nunca a López Obrador por una circunstancia clara: ninguno de los dos puede hacer precampaña en los medios masivos de comunicación, a menos que elijan el camino de la simulación y de construir “patiños” a modo que harán no sólo el ridículo sino generarán una desconfianza.

Un paso en falso de cualquiera de los dos (el más popular y el más conocido, según las encuestas hasta ahora levantadas) puede llevar a desbarrancar su candidatura. Peña Nieto tendrá que sobrevivir estos tres meses demostrando que es mucho más que un producto de la pantalla o del guión mercadológico.

3.-Peña Nieto necesita demostrar que es un hombre de programático y no sólo pragmático. Su libro recién presentado, México, la Gran Esperanza, en realidad es un compendio de promesas y proyectos rimbombantes, más cercanos a la cultura empresarial que al programa priista.

El punto más delicado es su compromiso para abrir Pemex a la inversión privada. Pemex no sólo es una empresa paraestatal. Es al mismo tiempo un símbolo y un emblema del proyecto nacionalista revolucionario que durante décadas defendió el PRI… hasta que llegó el salinismo. ¿Va a profundizar la labor pendiente del salinismo económico? ¿Por qué no tiene ningún compromiso para eliminar la corrupción en la empresa que ha sido prácticamente saqueada por las últimas administraciones?

4.-El punto débil de Peña Nieto es la ausencia de compromiso en contra de la corrupción. No lo puede haber en tanto su trayectoria política esté vinculada a Arturo Montiel, al gran saqueo al erario que han sido los gobiernos en el Estado de México y a las irregularidades cometidas por gobiernos como el de Coahuila para endeudar a tres generaciones de la entidad.

¿Qué va a hacer Peña Nieto frente a esta corrupción consustancial al Grupo Atlacomulco? ¿Cómo va a competir electoralmente con otros recursos que no sean las carretadas de dinero que utiliza para comprar espacios en medios electrónicos, columnistas en medios impresos, consultores, mercadólogos, publicistas y actores a su servicio?

El gran dilema de Peña Nieto es entender que tiene que ganar la presidencia de la República y no comprar el país con cuentas de vidrio.