Todo estaba listo para que Noticieros Televisa lograse lo que el todopoderoso dedazo presidencial no había podido consolidar de manera contundente desde 1982: la unidad absoluta del Partido Revolucionario Institucional en torno a su candidato presidencial.

En 1982 Miguel de la Madrid fue designado candidato sin problema alguno por José López Portillo, y de esa manera se iniciaba el cambio de rumbo (expresión que utilizaría De La Madrid como título de sus memorias) del sistema económico y del propio partido. A pesar de que se trató de un año donde aconteció una crisis económica grave, y López Portillo terminó con un enorme rechazo popular a su mandato, la cohesión al interior del partido se mantuvo intacta.

La historia fue muy distinta en 1988, cuando se produjo la primera escisión mortal del partido oficial con la candidatura de Cuauhtemoc Cárdenas. Rumbo al proceso electoral de 1994, Manuel Camacho Solís manifestó públicamente su inconformidad por no haber sido designado candidato presidencial,  pero el escenario se complicó aún más con el alzamiento del EZLN, la ejecución de Luis Donaldo Colosio, y la improvisada designación del gris candidato Ernesto Zedillo. A pesar de la anticlimática victoria del candidato del PRI en las elecciones celebradas en ese año, era evidente que existía una profunda fractura interna. En el 2000 la lucha entre las facciones fue más clara al celebrarse las primeras elecciones internas entre 4 precandidatos del Revolucionario Institucional; la confrontación entre ellos provocó un desgaste que muchos atribuyen como una de las variables de mayor peso en la derrota de Francisco Labastida. Qué decir del 2006, en donde cada prácticamente cada semana se anunciaba un nuevo desprendimiento de un militante del PRI para sumarse a los aventajados candidatos del PRD y del PAN.

Pero en pleno 2011, en la era de las tablets, redes sociales y smartphones; las tradiciones del besamanos, la cargada y la unción del candidato presidencial (el mero preciso como diría Cantinflas) estaban proyectadas para hacer su triunfal regreso en torno a Enrique Peña Nieto, el hombre que según las encuestas sería electo por mayoría absoluta si las elecciones se celebraran el día de hoy. Nada unifica más a los políticos que la perspectiva real de poder. Un ejemplo ello es la actitud de los Chuchos frente a López Obrador antes y después del 2006.

En apariencia algo falló en la operación política del equipo de Peña Nieto, ya que la forma en que se produjo la declinación de Manlio Fabio Beltrones, exhibe en con claridad una falta de proyecto consistente para el país.

La astucia política de Beltrones hacía prever desde antes que un enfrentamiento frontal estaba descartado de antemano con quien tiene altas probabilidades de ser el próximo Presidente de la República. No obstante que su declinación le pavimenta el terreno a Peña Nieto, ha dejado en claro que tiene un proyecto propio por el que no dejará de trabajar, y ese no es el mismo que el del futuro candidato de su partido.

Con la ventaja que le otorgan los sondeos, y el apoyo de poderes fácticos que desde hace tiempo se han dado a la tarea de construir su virtual candidatura Presidencial; Peña Nieto no tenía mayores riesgos de perder una contienda interna. Pero de haberse realizado, habría tenido que contrastar su proyecto de nación con un correligionario suyo.

La alianza con los desprestigiados partidos Verde y el PANAL; indigna a muchos militantes priistas porque es un asunto tanto de formas como de fondo; cuando se llega con tal ventaja a una elección no habría razón para negociar las posiciones que se les otorgaron, ya que es de sobra conocido que se trata de partidos que carecen de apoyo ciudadano real. Es una alianza pragmática que parte de un mero cálculo electoral que no ofrece siquiera explicaciones del porqué el PRI establece acuerdos con un partido que operó a favor del PAN en 2006 y en muchas de las elecciones estatales celebradas en el actual sexenio. Por otra parte, no es menor el rechazo de militantes que en corto desprecian a un candidato que es producto de la televisora que alguna fungió como «soldado» del PRI.

A pesar de todo lo anterior, una vez que Beltrones está fuera del panorama, en los próximas días Enrique Peña Nieto seguirá teniendo muestras de adhesión y de unidad priista en torno a su candidatura, con un tono que a más de uno le parecerá retro y le provocará un deja vú similar al de la actualización de un viejo éxito de un cantante veterano.

Aún con todo el poder de los grandes medios masivos de comunicación a su favor, Peña Nieto tendrá eventualmente que convencer al electorado de su propuesta política y poder con ello lograr un contraste eficaz con el de sus adversarios. Por lo pronto, ha presentado su libro México la gran esperanza en el que es evidente que su gobierno sería el mismo del PRI tecnócrata de los 80’s y 90’s: liberalización de la economía de la mano de un estado eficaz. Los voceros de dicho proyecto elogian desde ahora que el candidato del PRI esté “dispuesto a entrarle a temas que son tabú como Pemex y el IVA”.

Es el mismo discurso de los últimos 30 años: la alusión a las reformas que el país necesita, la vía única de crecer mediante la superación de los dogmas nacionalistas que nos tienen rezagados.  En la visión de quienes enarbolan el proyecto del liberalismo social, la esencia del problema de la resistencia al cambio necesario queda sintetizado en el título de uno de los libros de un prominente ex Presidente de la República: México, un paso difícil a la modernidad.

Además de sus publicaciones, el futuro candidato del PRI deberá de convencer que puede encabezar los destinos al país mediante la revisión su trayectoria política, resultados concretos en la entidad donde gobernó, y el equipo con el que pretende gobernar al país. Hasta la fecha, las televisoras y el PRI han blindado a Peña Nieto de la confrontación de ideas; y de prevalecer en esa estrategia es previsible que terminará triunfando en la elección presidencial.

Mucho dependerá de como se decante la estrategia de Andrés Manuel López Obrador, quien apuesta a polarizar la elección entre un proyecto de izquierda social que enarbola y el neoliberalismo restaurador de Enrique Peña Nieto. El PAN seguirá haciendo alusión al autoritarismo del PRI, porque comparte en esencia el mismo proyecto económico, pero carece de autoridad moral para hablar de democracia después de 11 años de gobierno que destacaron una intolerancia que fue muchas veces mayor a la del priato.

Enrique Peña Nieto es hoy el seguro candidato del PRI, después de años de ser el candidato de Televisa. Contará con todas las fortalezas de un partido que tiene una legendaria experiencia en procesos electorales, cuadros experimentados, la concentración de la mayoría de las gubernaturas, con mayoría en varios congresos locales, así como una enorme presencia en la Cámara de Diputados y en el Senado. A esta formidable fuerza institucional se suma el apoyo de algunos de los grupos empresariales más poderosos del país, la operación electoral del grupo de Elba Esther Gordillo, y gran parte de la opinocracia en la prensa nacional y en los medios audiovisuales.

De la misma manera, contará con los negativos del otrora partido oficial; pesa la memoria histórica en el imaginario colectivo de varias décadas en el poder y de su inherente autoritarismo y corrupción.

Rodeado de un equipo que está conformado por muchos de los cuadros que llevaron al país a la bancarrota en 1994, con un discurso ambiguo e inconsciente, con las divisiones tradicionales en su partido que pueden ahondarse en los próximos meses, nada garantiza que la telenovela que protagoniza el virtual candidato del PRI culmine en los Pinos.