El día de ayer murió en la ciudad de México el poeta y escritor Tomás Segovia debido al cáncer. Nacido en Valencia, España, en mayo de 1927, el autor fue marcado en su infancia por la Guerra Civil española, convirtiéndose en un niño del exilio republicano. Antes de llegar con su familia en 1940 a la Ciudad de México, Segovia fue refugiado en París y Casablanca. En México estudió el bachillerato y estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Más tarde se vinculó con el Colegio de México, en donde fue profesor; también ejerció el profesorado en las universidades de Maryland, Princeton y en el Intitut Français d’ Amérique Latine y en la Alliance Française.

El también ensayista, narrador y traductor, recibió en octubre pasado en la ciudad de Aguascalientes el Premio Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval. Entre los reconocimientos que el poeta recibió se encuentra los premios Xavier Villaurrutia, el Alfonso X de Traducción, Octavio Paz de Poesía y Ensayo, de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo y el Internacional de Poesía Federico García Lorca.

Segovia se instaló en Madrid en 1985 y se encontraba en México con motivo del homenaje recibido en Aguascalientes. Su obra incluye, en poesía, La luz provisional, El sol y su eco, Anagnórisis, Figura y secuencias, Cantata a solas, Casa del nómada, Fiel imagen y Sonetos Votivos. Entre sus ensayos destacan Contracorrientes, Poética y profética y Alegatorio. En teatro, el autor valenciano incursionó con Zamora bajo los astros y en la narrativa con los libros Trizadero, Personajes mirando una nube y Otro invierno. A su muerte deja un libro inédito que tentativamente llevará el título de Rastreos.

Este año publicó el poemario Estuario y un libro recopilatorio de dos años de entradas en su blog.

A los 84 años de edad se marcha el poeta que escribió:  Algo debe morir cuando algo nace; / debe ser sofocado, y su sustancia / chupada para ser riego o lactancia / en que otro ser su urgencia satisface.