Segunda parte de la entrevista realizada a Frédéric Martel. Consulta la primera parte aquí.

Indignados mainstream

Ahora bien, ¿qué relación guardan estos productos de consumo estadounidenses (música, cine, libros) con ideas como libertad o democracia?

Es una pregunta excelente pero muy compleja. Escribí tres libros al respecto y mi doctorado que tiene unas 350 páginas, con esto quiero decirte que hay que considerar muchos aspectos para hacer un resumen. Primero que nada, hay una idea muy original de producción de la cultura mainstream, es un sistema complejo, por ejemplo: la industria de la música, sus sellos de discos están vinculados por un lado con los bancos, y tienen un capital importante que se puede utilizar, y un sistema de mercadotecnia que es extremadamente poderoso dentro y fuera de los Estados Unidos. O el cine, sólo Estados Unidos puede lanzar una película en 120 países del mundo en un mismo día, y tiene un sistema de producción con grandes estudios, y miles de pequeños negocios musicales y cinematográficos en Miami, Nashville, Los Ángeles, Hollywood. Esto por una parte, porque el papel del gobierno es también muy influyente a través de subsidios, protección y regulación por parte del congreso, reducción de impuestos, etcétera.

Y después está el sector no lucrativo, generalmente universidades que son centrales para el sistema, no se puede tener Hollywood sin la universidad de California, porque también hay que ver como este sector se comunica a través de la contracultura. Y agregaría por último sector: la diversidad cultural. Una de las razones por la que los Estados Unidos es tan poderosa es que cuando ves una película, o lees un libro en los Estados Unidos, sabes que se lanzó a todo el mundo en pequeña escala porque hay 44 millones de latinos en los Estados Unidos; 38 millones de negros y 14 millones de asiáticos. La diversidad cultural influye mucho en las historias y muchos otros aspectos de calidad de la cultura americana.

Es decir, la cultura mainstream tiene algo para todos, ¿quieres música latina? La tienes. ¿Cine donde se habla de problemas de los emigrados asiáticos? Lo tienes. Entonces, también tienes otros productos como la democracia o la libertad que vienen a veces en el mismo empaque y se distrubuyen con la misma fuerza que un disco o una película.

Entonces, ¿los indignados en España, Europa y Latioamérica se van a convertir en parte de la cultura mainstream?

¡Wow!, grita Martel, vuelve a reirse a carcajadas y voltea a ver a los que se encuentran con nosotros en la mesa como para ver si en ellos la pregunta tiene el mismo efecto. Me hace una seña de que espere, se recarga contra el respaldo de su silla y puedo ver cómo está buscando con la vista, con la mente, las palabras para explicarse. Después de un momento vuelve al juego, me mira fijamente y contesta.

Estuve en Puerta del Sol, en Madrid, cuando estaba comenzando todo esto. Me parece interesante y me encanta, pero a la vez —y quizás no les guste lo que voy a decir— diría que la contracultura, la singularidad, las diferencias, por lo menos en Estados Unidos, siempre se convierten en cultura mainstream. Porque el sistema es tan poderoso que tiene cabida para absorber y digerir incluso la más radical de las críticas. Te pongo un ejemplo: Pixar era el estudio de cine más innovador y ahora ya pertenece a Disney. Falta ver qué es lo que hacen los indignados, pero aunque estoy muy en favor de este movimiento creo que muchos de los análisis que se han hecho por escritores de izquierda como Chomsky o Michael Moore tienen que actualizarse, debido a los cambios tan importantes de la industria mainstream en los últimos 20 años.

La industria de la cultura mainstream está empezando a crear nuevos negocios. Antes, facturaba sólo por productos culturales, y ahora se gana dinero principalmente por servicios y formatos. Incluso la gente que es dueño de los medios de producción, no puede decidir qué contenidos se producen. Sony en Colombia, por ejemplo, no hacen películas japonesas ni colombianas, sino estadounidenses. Francia es el número uno en el mundo en el diseño de videojuegos, pero todos son juegos estadounidenses; muchas películas que se hacen en Hong Kong, Arabia Saudita, o incluso en Praga tienen financiamiento estadounidense. Así que debemos analizar estos fenómemos desde una nueva perspectiva, porque Internet está afectando todo este análisis. Si lees mi libro te puedes dar cuenta que yo no juzgo, no digo “la cultura mainstream es buena o es mala” porque trato de evitar el punto de vista tradicional que es muy sesgado por la élite de la izquierda y que dice claramente que es cultura pupular, mala. Mi trabajo como investigador y periodista es, en su máxima calidad, abrir y establecer el debate.

Déjame ver si puedo plantearte el problema desde otro ángulo, eres un estudioso del 68, ¿verdad?

Mi primer libro fue acerca de 1968 que fue el año en que nací. Principalmente he escrito de la cultura gay, que surgió de la cultura de los 60, y creo que muchas de las cosas que nos están afectando hoy en día, tienen una raíz en el 68.

Entonces, ¿qué diferencia encuentras entre los indignados y el movimiento del 68?

La primera diferencia y la principal es que cuando inició el 68 no había nada antes que eso, no existía un referente, y por eso es un movimiento que en Francia lo llaman el Año Cero. Y eso ya no es posible para los indignados, porque tienen muchos referentes.

Y sin embargo, a pesar de los referentes, ellos no tienen a Mao, a Castro o al Che. Los indignados no tienen una figura, ¿la necesitarían para sobresalir?

Justo eso pasó con los chicos en Puerta del Sol, me encantan sus frases, sus slogans, las palabras y la forma en que se organizan, pero para mí todo era un chiste porque cuando llegaba como periodista y les preguntaba a quién puedo entrevistar, me contestaban “a todos, esto es una democracia”. Así no van a poder crear un nuevo gobierno. Puede no gustarte, pero debo decir que no tienen tanto poder, ni España. Desde luego, me gusta más ese tipo de gente, toda mi vida me ha parecido interesante, y prefiero estar ahí que en el Starbucks de Santa Fe aquí en México, pero quizás los indignados terminen siendo buenos padres de familia o abogados en Wall Street, y es muy probable que los asimile la cultura del mainstream.

Frédéric Martel, Cultura Mainstream. Cómo nacen los fenómenos de masas, Taurus, México 2011.