20-N: El regreso de la derechona

Escrito por el 15 noviembre 2011 a las 7:00 pm en Destacadas, Sociedad

Debate-España-Rubalcaba-Rajoy. Foto: AFP/Fuente: http://mexico.cnn.com/

A reserva de que en los próximos días exista un acontecimiento político de enorme magnitud que sacuda la consciencia colectiva de los españoles, todo parece indicar que el Partido Popular ganará la mayoría en las elecciones del próximo Domingo 20 de Noviembre.

El relevo de poder en España se producirá a escasos días en los que se han generado las renuncias de los Primeros Ministros de Grecia e Italia, como consecuencia de la crisis económica que se vive en esos países de la Unión Europea.

El actual Jefe del Ejecutivo español, José Luis Rodríguez Zapatero decidió no presentarse una vez más como candidato el 2 de Abril del presente año, después de la histórica derrota que sufrió su partido en las elecciones municipales en mayo 22. Más adelante en julio, la prolongada crisis económica y social, así como las presiones de los mercados internacionales orillaron a su gobierno a adelantar las elecciones que estaban programadas para marzo del 2012.

El candidato del partido de Zapatero, el Partido Socialista Obrero Español, Alfredo Pérez Rubalcaba, es un político veterano que participó en el gobierno de Felipe González a finales de los años 80, y posteriormente fue un prominente miembro del gobierno de Rodríguez Zapatero donde fungió como Ministro del Interior.

Por parte del PP, se presenta por tercera ocasión el opositor Mariano Rajoy. Favorito para suceder a José María Aznar en 2004, encabezó los sondeos hasta unos días de la elección: los atentados terroristas del 11 de marzo de ese año en Madrid y el manejo turbio de la información sobre ese suceso por parte del gobierno de Aznar provocaron un cambio en las intenciones de voto que dieron una inesperada victoria a los socialistas.

Hombre adusto y de poco carisma, Rajoy fue un opositor visceral a lo largo de toda la gestión de Zapatero. Su rijosidad extrema y falta de capacidad para conectar con electores potenciales lejanos a las posturas tradicionales de derecha fueron algunas de las razones por las que perdió de nueva cuenta en 2008.

En la medida en que la percepción de la gestión de Zapatero ha caído de manera sostenida en la opinión pública española, Rajoy no sólo ha recibido una nueva oportunidad de triunfo sino que tiene serias posibilidades de lograr el mejor resultado electoral para su partido en toda su historia.

Seguro de su victoria, el candidato del PP no ha tenido que convencer o explicar propuestas concretas de gobierno a lo largo de su campaña, le ha bastado no equivocarse para que las intenciones de voto se mantengan a su favor.

Para encontrar explicaciones de la debacle del partido de izquierda más importante de España, al que intelectuales como Enrique Krauze y Hector Aguilar Camín señalaban de manera insistente como un ejemplo a seguir para la izquierda mexicana, resulta más preciso encontrarlas en sus propios errores que en los aciertos que pudo haber tenido el PP.

En 1996 la primera derrota de los socialistas desde que llegaron al poder en 1982 se debió al desgaste en el ejercicio del poder del entonces Presidente Felipe González, además de una serie de escándalos de corrupción difundidos con gran vigor por la prensa opositora que involucraban a personajes clave de su gobierno.

La diferencia es que en 2011 la derrota es producto de una crisis económica que se ha trasladado al terreno político e institucional: se cuestiona no sólo el bi-partidismo de las dos fuerzas que concentran el 90% de la representación parlamentaria, sino la efectividad del entramado institucional que se formó a raíz de la transición española.

En el caso hipotético de un observador que no conociera la política interna de España y se limitara a escuchar las demandas y planteamientos de aquellos que participan en el movimiento de los indignados, posiblemente tendría la impresión de que el gobierno de Zapatero es uno de derecha.

Al margen de aciertos como la ampliación de libertades (como es el caso del matrimonio entre personas del mismo sexo) y la promoción de reformas que tienen como propósito lograr la equidad de género, es incontrovertible que existió por parte de su gobierno una pésima gestión de la economía. Se adoptaron medidas de austeridad que afectaron principalmente a la población más vulnerable, y en la actualidad existen alrededor de 5 millones de españoles desempleados.

El fracaso de José Luis Rodríguez Zapatero es similar al de Barack Obama. Ningún discurso social demócrata funciona cuando se es incapaz de proporcionar las oportunidades mínimas de desarrollo que la población merece.

Si alguna oportunidad tenía Alfredo Pérez Rubalcaba de mejorar sus números, fue el debate celebrado el pasado 7 de Noviembre entre los dos principales candidatos. A juzgar por las encuestas publicadas en los diarios El Mundo y el País, la mayoría de los encuestados percibió a Rajoy como triunfador de la polémica.

El debate mostró a un Pérez Rubalcaba propósito pero nervioso. En contraparte, Mariano Rajoy fue ambiguo en su proyecto de gobierno, pero mostró un talante menos agresivo que de costumbre, sin duda por la seguridad que le brindan los sondeos.

Ante la contundencia de la crisis que atraviesa su país, Rubalcaba no tuvo otra alternativa que tomar una actitud sensata y admitir la situación, así como apelar a la defensa de las libertades y de protección social que han sido obra de los gobiernos socialistas. Pero en más de una intervención admitió de manera implícita su probable derrota.

La falta de contundencia en los planteamientos de Rajoy puede llevar a concluir a muchos que adoptará medidas que son sello característico de los gobiernos neoliberales: reducir el gasto social y educativo, así como rescatar con dinero público a los banqueros y gestores de la crisis. Adicional a esto, un gobierno conservador con mayoría en el parlamento pone en riesgo algunas de las libertades obtenidas en los últimos años.

Una muestra de lo anterior es que en una pregunta directa de Rubalcaba sobre los matrimonios entre personas del mismo género, Rajoy no se atrevió a manifestar una oposición abierta, pero tampoco se mostró partidario de esta conquista de la sociedad española.

En su última intervención, Pérez Rubalcaba se despidió sin demagogia y falsas promesas, apeló a sus convicciones y al mejor legado de su partido. Rajoy se despidió con un discurso conciliador en el que claramente se proyecta como el próximo Presidente de Gobierno.

Lo más peligroso para la democracia española es que el nuevo gobierno de Rajoy sea de continuidad a las mismas políticas macroeconómicas que han llevado a ese país al desastre.

El sentido común indica que Rajoy tendría que ser pragmático y gobernar con políticas distintas a las que ha manejado su partido, pero a lo largo de su carrera política ha dado una muestra inequívoca de claras convicciones ideológicas que parecen inamovibles.

Por su parte, el PSOE tendrá que decidir si Rubalcaba encabezará a la oposición, ya que los resultados electorales que se perfilan podrían ser los peores desde 1977, u ordenar una transición del partido que necesariamente tendrá que enfrentar una dura y prolongada autocrítica.

Las encuestas también pronostican que Izquierda Unida y los partidos locales crecerán en esta elección y sus perspectivas podrían mejorar en los próximos años. La izquierda social que se ha gestado a raíz del 15-M tendrá que plantearse con seriedad cómo encauzará sus legítimas protestas y cómo será su actuación en un escenario de debilidad de la izquierda tradicional frente a un gobierno de derecha que podría contar con la mayoría de representación institucional.

La situación actual en España, Grecia, Italia, Estados Unidos y en otros países del primer mundo pone en entredicho un modelo político y económico fallido, en el que se gobierna en beneficio de los intereses de las grandes corporaciones, instituciones financieras, y donde los organismos internacionales determinan de manera unilateral las políticas públicas por encima de los gobiernos de las naciones.

Lo que viene no será el final de la historia, como se afirmó después de la caída del Muro de Berlín, pero si podría ser la constitución de algo nuevo.

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